Una checa deja su trabajo en Barcelona para ser autónoma en un pueblo de Cuenca: "Mi oficina es el monte"
La emprendedora Sarka Voriskova cuenta en 'Poniendo las Calles' cómo cambió la ciudad por Arandilla del Arroyo para crear su marca de infusiones ecológicas

Carlos Moreno 'El Pulpo' conoce la historia de Sarka Voriskova en Arandilla del Arroyo
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La historia de Sarka Voriskova es un ejemplo inspirador de cómo la España Vaciada puede florecer con nuevas ideas y proyectos de vida. Esta emprendedora de origen checo ha encontrado en Arandilla del Arroyo, un pequeño pueblo de Cuenca de apenas 14 habitantes, el lugar ideal para desarrollar su pasión por las plantas medicinales. Tal y como ha contado en el programa 'Poniendo las Calles', con Carlos Moreno 'El Pulpo', su decisión de abandonar su trabajo en una oficina de Barcelona para convertirse en autónoma en el medio rural no solo le ha traído paz, sino también una oportunidad de negocio sostenible. Su caso se suma a la lucha de la España rural por revitalizarse, como la de otro pueblo que se ha convertido en referente de la trufa.
De la República Checa a la Alcarria conquense
Sarka Voriskova lleva más de una década en España, pero su llegada a Arandilla del Arroyo se produjo hace dos años y medio. “Me gustaba estudiar fuera, y ahí descubrí que me encanta el medioambiente”, explica sobre sus inicios. Su carrera la llevó hasta una ecoaldea en Almería, donde conoció a su marido, un informático de Barcelona con raíces en este mismo pueblo de Cuenca. Tras vivir en varios sitios, decidieron asentarse en el lugar de sus ancestros, una aventura que cada vez más gente emprende, como demuestra la historia de la pareja que cambió Benidorm por una aldea gallega para huir de los alquileres.

Sarka Voriskova durante un paseo botánico
Fue en la tranquilidad del campo donde vio la oportunidad de cambiar de vida. “Dejé mi trabajo que tenía en Barcelona, ya, aquí pensando ¿qué voy a hacer, no? Porque, bueno, trabajaba en oficina, no me ha gustado mucho”, confiesa. Así nació su proyecto Botánica Guadiela, una marca de infusiones y especias elaboradas con plantas medicinales de recolección silvestre. “La recolecto yo por esta zona, que es la España vacía, es muy limpio aquí, muy bonito. Y además hay una riqueza de plantas medicinales que no he visto en otro sitio”, afirma orgullosa.
Mi oficina es el monte, o sea, que no puedo pedir más"
El saber de la naturaleza y sus gentes
El proceso es totalmente artesanal y sostenible. Sarka sigue un estricto calendario de recolección para saber qué planta y qué parte recolectar en cada época del año. Su máxima es el respeto por el entorno, aplicando la “regla del 30 por ciento”: nunca recoge más de esa cantidad en una misma zona para garantizar que la flora se regenere. “Lo más importante para mí en esta empresa es la sostenibilidad”, subraya. Una vez recolectadas a mano, las plantas se llevan a un secadero aireado y, tras secarse en mallas, se mezclan según sus recetas para crear infusiones digestivas, relajantes o para el resfriado.

Sarka Voriskova durante un paseo botánico
Este conocimiento no solo proviene de los libros, sino también de la sabiduría popular. Sarka relata el encuentro con un anciano de más de 90 años que le habló de un remedio de su niñez: “Cuando era pequeño, también cogimos la raíz de traidor, y estamos haciendo una pomada para las heridas que era inmejorable”. Tras investigar, descubrió que se refería a la Alcania tintorea, una planta con raíz cicatrizante que crece en la zona y que ahora quiere incorporar a nuevos ungüentos y tinturas.
Cuando era pequeño, también cogimos la raíz de traidor, y estamos haciendo una pomada para las heridas que era inmejorable"
Una nueva vida contra la despoblación
La llegada de la familia de Sarka ha sido un soplo de aire fresco para un pueblo donde “el último niño nació hace 40 años”. Son conscientes de su papel en la repoblación: “No te voy a decir que no, porque hemos venido como familia a un pueblo, donde había momentos que aquí no vivió nadie en absoluto”. Lejos de verlo como una dificultad, Sarka lo considera una “buena opción para muchas familias” gracias a la red de apoyo de los vecinos y las ayudas de los grupos de desarrollo rural.
Aunque el cambio de la ciudad al campo ha sido un “alivio” para huir del estrés, el ruido y la contaminación, también implica adaptarse a la falta de servicios. “No hay tienda, no hay bar. En el pueblo cada uno está en su casa”, admite. Un desafío común en miles de localidades, como reflejan los datos sobre los 3.000 pueblos que viven sin cajeros automáticos en España. Sin embargo, para ella, la balanza es claramente positiva. “Aquí estamos mucho mejor. Mira, mi oficina es el monte, o sea, que no puedo pedir más”, concluye.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



