Sandra Ramos, misionera en Sierra Leona: "La electricidad se limita a tres horas diarias"
La religiosa, con ocho años de experiencia en el país africano, denuncia la "violencia estructural" que sufre una población rica en recursos pero sin acceso a lo básico

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Madrid - Publicado el - Actualizado
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Nueve de cada diez españoles creen que donde hay hambre y pobreza, tarde o temprano también habrá violencia. Esta es una de las conclusiones de la última encuesta de Manos Unidas en su nueva campaña contra el hambre. Su presidenta, Cecilia Pilar, asegura que "conflictos y la violencia estructural no solo se retroalimentan, sino que forman un círculo perverso" que destruye economías y hunde la capacidad productiva de los pueblos.

Actualmente, alrededor de 670 millones de personas padecen hambre en el mundo, más del 8 % de la población mundial. La mayoría de ellas reside en territorios afectados por alguno de los 59 conflictos armados activos, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial. Son guerras en su mayoría olvidadas, fuera de los focos mediáticos y de los intereses públicos.
Una vida para 'sobrevivir' en Sierra Leona
Uno de los escenarios que mejor representa este drama es Sierra Leona, uno de los países más pobres de África. Cerca del 75 % de su población vive bajo el umbral de la pobreza. Allí se encuentra desde hace ocho años la hermana Sandra Ramos, misionera de las Clarisas, quien ha comprobado de primera mano cómo el hambre y la guerra "puede ser tanto causa como efecto".
La mayoría de las familias viven de una agricultura muy condicionada por "las lluvias, herramientas muy rudimentarias y también el cambio climático", lo que agrava una desnutrición crónica ya instalada en buena parte de la población. La situación ha llevado a la misionera a afirmar que para ellos "la alimentación es solo sobrevivir, no vivir, sino es simplemente consumir algo que me quite el hambre".

Las condiciones de vida son extremadamente duras. En las zonas rurales, relata la hermana, "tiene que ir la gente al pozo a coger agua", ya que solo un 11 % de la población tiene acceso a agua potable. La electricidad se limita a tres horas diarias, de ocho de la tarde a once de la noche. "Todo esto hace que al final lo que consiguen producir sea muy poco", lamenta.
La "injusticia" como raíz del problema
Para la misionera española, la situación responde a una "violencia estructural" contra la dignidad de las personas. "El hambre es fruto de la injusticia", sentencia. Por ello, se ha unido a la campaña de Manos Unidas para reclamar una solución que vaya a la raíz del problema.
La receta, afirma, es clara: "para atacar el hambre o para terminar con el hambre, hay que promover la justicia". Según explica, la sanidad, la educación y la justicia son las únicas "herramientas que realmente podrían darnos una sociedad en paz y una paz duradera".
La paradoja de un país rico
Aunque han pasado 24 años desde el final de la guerra civil, que dejó más de 75.000 fallecidos, la misionera asegura que "las heridas siguen abiertas" mientras no haya oportunidades. Lo más paradójico, denuncia, es que Sierra Leona "es un país con grandes recursos naturales", como minerales o madera.

Sin embargo, estos recursos "se van fuera". La hermana Ramos critica que la explotación de la riqueza del país no solo tiene un "beneficio muy mínimo" para la población local, sino que a menudo causa un grave impacto ecológico. "Los desechos se revierten sobre el campo, y entonces la gente ya no puede sembrar, o el agua se estropea", concluye.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



