Olena, ucraniana residente en Kiev, sobre los cuatro años de guerra que vive el país: "Hacer planes para el futuro es muy difícil, ya que no sabes si vas a dormir esta noche o no"
La vida en Kiev se adapta a la amenaza constante de los bombardeos mientras la población lucha por mantener la normalidad en un conflicto que no cesa

Madrid - Publicado el - Actualizado
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Este 24 de febrero se cumplen cuatro años desde que las sirenas antiaéreas rompieron la madrugada en Kiev, dando inicio a la invasión a gran escala de Rusia. Lo que el Kremlin denominó una operación militar especial se ha convertido en una larga guerra de desgaste que, cuatro años después, no tiene un final a la vista. "No podíamos imaginar en el año 2022 que la guerra duraría tanto, pero desgraciadamente es así y no tiene pinta de terminar", explica Olena, profesora de español en la Universidad Lingüística de Kiev, resumiendo un sentir generalizado en el país.
Una vida sin planes de futuro
En la capital ucraniana, la vida continúa marcada por la incertidumbre. Para sus habitantes, acostumbrarse ha sido la única opción. "Viviendo tanto tiempo en estas condiciones, tú tienes que acostumbrarte, porque la vida sigue", señala Olena. Sin embargo, esta normalidad es frágil. Hacer planes para el futuro es muy difícil, admite, ya que "no sabes si vas a dormir esta noche o no".
El ser humano es una criatura que puede acostumbrarse, seguimos la vida como podemos"
Este invierno ha sido especialmente duro. Los ataques rusos contra infraestructuras energéticas han provocado cortes de calefacción y electricidad con temperaturas de hasta 20 grados bajo cero. Esta situación ha obligado a la universidad de Olena a volver a las clases online, ya que "los estudiantes no podían vivir en sus residencias" y el propio edificio universitario sufría problemas de suministro.
El eco constante de las alarmas
El sonido de las alarmas es una constante, pero los ciudadanos han aprendido a diferenciar el nivel de amenaza. "Si son drones ya no da tanto miedo, pero si son misiles balísticos, la gente prefiere esconderse en los refugios", comenta Olena. Esta convivencia con el peligro se extiende a las familias con seres queridos en combate. Olena tiene un hijo en el frente, con quien habla de vez en cuando, aunque es consciente de que "no puede contar todo" por seguridad y para no preocuparles.

Guerra en Ucrania
La esperanza de una paz cercana es prácticamente inexistente. Respecto a las recientes negociaciones impulsadas por Donald Trump, Olena se muestra escéptica: "Es una farsa, es un espectáculo para un espectador solo, para no enfadar a Trump". La percepción general es que el presidente ruso no se detendrá. "¿Cómo podemos ver la paz si Putin no tiene ganas de terminar la guerra? Su objetivo es que desaparezca nuestro país", sentencia.
¿Cómo podemos ver la paz si Putin no tiene ganas de terminar la guerra?"
Cuatro años de destrucción y exilio
El conflicto ha dejado una huella imborrable. La ONU ha verificado más de 15.000 civiles muertos y 41.000 heridos. La invasión provocó la mayor crisis de refugiados en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, con más de 6 millones de personas fuera del país. Imágenes como las de la masacre de Bucha en abril de 2022 revelaron al mundo la brutalidad de la guerra. A día de hoy, Rusia controla aproximadamente el 18% del territorio ucraniano, incluyendo Crimea.
Pese a todo, el espíritu de resistencia persiste. Olena no se ha planteado abandonar Ucrania de forma definitiva, solo sale "para respirar un poco el aire sin alarmas y para cargar las baterías". Su determinación refleja la de muchos ucranianos que, cuatro años después del inicio de la invasión, siguen luchando por su supervivencia y la de su país en un conflicto que ha cambiado el equilibrio de seguridad en Europa y cuyo final sigue sin escribirse.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



