"Señora Montero: el andaluz no necesita algo tan aberrante como una ley de lenguas andaluzas, que no existen. Si alguien tiene dudas del valor del español andaluz, lo que tiene que hacer es estudiar y leer"

Cristina aborda la polémica generada por María Jesús Montero y sus declaraciones sobre una supuesta “ley de lenguas andaluzas”. La ministra relaciona el andalucismo con la defensa de privilegios frente a otros territorios. Sin embargo, Cristina recuerda que el andaluz no es una lengua distinta, sino una forma rica y evolucionada del castellano, con siglos de historia y grandes figuras culturales que lo han hablado.

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¡¡¡Muy buenos días, España!!! Domingo, 22 de febrero, te saluda todo el equipo de Fin de Semana de Cope. Cristina López Schlichting te da la bienvenida en nombre del grupo de amigos que sábados y domingos te acompaña de diez a dos. Hace muy buen tiempo: cielos despejados, con algunas nubes altas y una subida generalizada de las temperaturas. Las máximas estarán entre los 15 °C en La Coruña, por ejemplo, los 20 °C en Barcelona y Madrid, 21 °C en Valencia, 23 °C en Sevilla y 22 °C en Badajoz: francamente primaverales. Jorge Olcina nos dejaba el pronóstico para la semana que entra.

Cuatro años hará el martes del comienzo de la guerra de Ucrania. Es muy difícil saber el número exacto de muertos, pero un informe del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales sostiene que la cifra se acerca a los dos millones de personas, sumando ambos bandos. Es imposible calcular el sufrimiento, y da vértigo pensar en lo que Europa ha perdido en términos de vidas jóvenes, de talento, impulsos, ilusiones y futuro. Qué empobrecimiento. Qué fracaso. Qué dolor.

El pasado fin de semana tuvieron lugar las últimas reuniones oficiales en Abu Dabi, con mediación de Estados Unidos, pero las conversaciones aún no arrojan grandes esperanzas y parecen atascadas en torno al futuro del territorio de Donbás, que Rusia exige para empezar a pactar. No queríamos olvidarnos de que nuestro continente está en guerra de nuevo en este comienzo de programa.

Y como en junio habrá elecciones en Andalucía, siguen las visitas de la ministra María Jesús Montero durante los fines de semana a su tierra. Sus perspectivas de voto son bajísimas, un 20 %, porque defender allí la financiación especial de Cataluña tiene lo suyo.

“Ser andalucista no significa ir en contra de otros que quieren avanzar en el autogobierno” - ha dicho. Pues mire, depende. Si esos otros son necesarios para mantener al Gobierno de su jefe en Madrid y se les paga con privilegios, ser andalucista sí significa denunciarlo. Montero pidió ayer en Jaén la gestión de los trenes de Cercanías, mejor formación profesional y la derogación de la LUPA, la ley universitaria andaluza. Sin embargo, su discurso ha quedado opacado por la reivindicación de una ley de lenguas andaluzas.

Decía el gran Fernando Lázaro Carreter, filólogo y director de la Real Academia, que el andaluz es una rama evolucionada y rica del castellano. Se caracteriza por una capacidad de síntesis extraordinaria y una enorme eficacia para expresar conceptos de forma plástica. Técnicamente, incorpora al habla características propias, diferentes según las zonas, como el seseo, ceceo, aspiración y eliminación de consonantes finales. Ninguno de estos rasgos es un error: son expresiones locales de la única lengua española, que, por ejemplo, tiene entonaciones peculiares en el gallego o el vasco, o una acentuación de las eles o de las sílabas bilabiales en el catalán.

Nuestro país cuenta, además de con la fuerza internacional imbatible del castellano, con varias lenguas más que enriquecen nuestro patrimonio: el gallego, el catalán y el vasco. Pero el andaluz no es una de ellas ni un dialecto; es castellano culto, tan digno como el de Zamora. Es más: es el castellano que hablaron el más grande pintor español, el sevillano Diego Velázquez; el que seguramente es el mejor músico de nuestro país, el gaditano Manuel de Falla; los hermanos Quintero, de Utrera; los hermanos Machado, de Sevilla; el granadino Federico García Lorca; o el onubense Juan Ramón Jiménez. En el parlamento habló en andaluz, y menudo andaluz, el presidente de la república Nicolás Salmerón, almeriense de Alhama la Seca. Andaluces son y han sido oradores como nuestro Carlos Herrera.

Señora Montero: el andaluz no necesita algo tan aberrante como una ley de lenguas andaluzas, que no existen, porque existe un único español, peninsular y americano. Si alguien tiene dudas del valor del español andaluz, lo que tiene que hacer es estudiar y leer. Y eso sí: repasar a Salmerón, que jamás diría “trabajar del final del día hasta la noche” o “situación individual de cada uno”, porque la situación individual es siempre de cada uno.

Que no piense la señora ministra que nos mueve a hilaridad por ser andaluza. Lo que pasa es que no habla bien, ni en San Sebastián ni en Sevilla. La hemos escuchado decir “fuerzas y cuerpos” de seguridad del Estado, por mor del lenguaje inclusivo, o “producideras y producideros”. Incluso, en su precipitación, dijo que la pandemia de COVID “no entendía de virus”.

Exponerse mucho, como hacen los políticos, entraña errores, claro que sí, y exige humildad. No crea la señora ministra que los andaluces hablan como ella. Ni atribuya a sus vecinos sus fallos. No es el andaluz lo que le sobra, sino su deficiente expresión.

Seguiremos aprendiendo de las vueltas de Lorca, las condensaciones del cante jondo y los discursos de Salmerón. Y líbrenos Dios bendito de una ley de lenguas andaluzas.

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