La unidad, fruto del Espíritu: un camino de esperanza compartida

Esta semana hemos celebrado la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, un tiempo que nos invita a pedir el don de la unidad querida por Jesús. Mario Alcudia reflexiona hoy sobre esta llamada a vivir, como dice el lema, “un solo espíritu y una sola esperanza”. Un octavario de oración para avivar en nosotros el deseo sincero de caminar juntos, dejándonos conducir por el Espíritu que hace nuevas todas las cosas

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2026
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LA UNIDAD, FRUTO DEL ESPÍRITU: UN CAMINO DE ESPERANZA COMPARTIDA | FIRMA MARIO ALCUDIA

Redacción Religión

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Este domingo, fiesta de la Conversión de San Pablo, se clausura la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Cada año en torno a este fecha la Iglesia nos invita a detenernos, a mirar más allá de nuestros propios límites y a unirnos en una plegaria que brota directamente del corazón de Cristo: “Que todos sean uno”. Este Octavario que tantas generaciones han vivido como una llamada a la reconciliación se convierte en un tiempo de gracia, escucha y mutuo conocimiento. No es una iniciativa más: es un anhelo de Jesús mismo, una de sus últimas peticiones antes de entregar su vida.   

Este año el lema elegido para la Jornada ha sido “Un solo espíritu, Una sola esperanza” de la Carta a los Efesios. San Pablo escribía estas palabras desde la cárcel, en un momento en el que su propia vida estaba marcada por la incertidumbre. En medio de la prueba, hablaba de la unidad como algo esencial, innegociable y urgente

La división entre los cristianos —lo reconocía ya el propio san Juan Pablo II en su Encíclica “Ut unum sint”- es un escándalo, aunque bien sabemos que a este camino ecuménico no debemos poner fechas porque la unidad no es producto de la diplomacia sino fruto del Espíritu Santo.

Esta Semana de Oración, por tanto, no es solo un gesto simbólico ni una cita del calendario litúrgico. Es un examen de conciencia para cada uno de nosotros. Porque la unidad empieza en lo cotidiano. Ser artesanos de comunión supone renunciar al prejuicio, escuchar con respeto y reconocer sinceramente la acción de Dios en los demás. Quizá la tarea sea larga, quizá las diferencias sigan siendo profundas pero como bien nos recuerda el lema de este año, un solo espíritu nos mueve y una sola esperanza nos sostiene. Y esa esperanza no defrauda, porque está arraigada en Cristo, que no se cansa de llamarnos a la unidad.

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