Donde la Iglesia sangra, el Evangelio brilla
En la décima Noche de los Testigos celebrada ayer, la Catedral de la Almudena de Madrid volvió a convertirse en un santuario donde la fe herida se hizo luz. Los testimonios que pudimos escuchar nos mostraron que el Evangelio conserva intacta su fuerza allí donde más se la intenta apagar. Mario Alcudia reflexiona sobre cómo el martirio no es un capítulo del pasado, sino una realidad urgente que interpela a la Iglesia y a la sociedad

DONDE LA IGLESIA SANGRA, EL EVANGELIO BRILLA |FIRMA MARIO ALCUDIA
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La Catedral de Almudena de Madrid acogía anoche la décima Noche de los Testigos, un encuentro que cada año se convierte en un aldabonazo a conciencia de la Iglesia y del mundo. Una vez más escuchamos impresionantes relatos, historias asombrosas de fidelidad a la fe. En un mundo herido por el odio, comprobamos que la luz incomoda a quienes prefieren las tinieblas. Testimonios de cristianos perseguidos que, con su sola existencia, nos recuerdan que el Evangelio sigue siendo, en muchos lugares, una forma de martirio cotidiano.
Este año los testimonios procedían de Mozambique y de La India, donde seguir a Cristo significa vivir entre amenazas, ataques e incluso la muerte. No estamos hablando de historias lejanas, sino de hermanos nuestros que en pleno 2026, tienen que esconder su fe para sobrevivir.
Son semillas de una Iglesia que sigue creyendo que el amor es más fuerte que el odio. Combaten el mal con una sobreabundancia de bien. No aplican la lógica del ojo por ojo, sino la de los primeros cristianos, capaces de amar hasta el extremo.
Esta celebración llamaba una vez más nuestra atención para no olvidarles y hacer lo que mejor podemos hacer por ellos: rezar; pedirle al Señor que los sostenga, que les consuele, que les fortalezca como testigos suyos.
Un llamamiento a la civilización del encuentro frente a la incivilidad del conflicto; a fomentar el diálogo, el respeto, la reconciliación. Porque solo la fe vivida con autenticidad puede abrir caminos de paz.



