La esperanza no defrauda: balance de un Jubileo fecundo para la Iglesia

Concluimos el Jubileo de la Esperanza que comenzó el Papa Francisco y va a clausurar el Papa León XIV, una invitación a renovar la fe, sanar heridas y compartir la esperanza en un mundo herido. Mario Alcudia reflexiona sobre la gracia para la vida de la Iglesia que ha significado este Año Santo en el que se ha puesto de manifiesto que la esperanza cristiana no es optimismo vacío, sino la fuerza que nace del encuentro con Cristo vivo. Ahora, la Iglesia mira al futuro con ilusión; en 2033 celebraremos el Jubileo de la Redención, conmemorando los dos mil años de la Pascua del Señor

El Papa León XIV durante el Jubileo de los jóvenes
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LA ESPERANZA NO DEFRAUDA: BALANCE DE UN JUBILEO FECUNDO PARA LA IGLESIA | FIRMA MARIO ALCUDIA

Redacción Religión

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El próximo martes, en la solemnidad de la Epifanía, el Papa León XIV clausurará el Jubileo de la Esperanza. Con este gesto simbólico, se cerrará la Puerta Santa en Roma, pero no la gracia que hemos recibido durante todo este año. Porque el Jubileo más allá de un acontecimiento es un tiempo de renovación interior, un regalo que nos invita a volver a lo esencial: la certeza de que Cristo vive, camina con nosotros y que su amor es capaz de transformar nuestra historia. 

En un mundo marcado por la incertidumbre, por heridas sociales y personales, la Iglesia nos ha recordado que la esperanza cristiana no defrauda. Y esto no es optimismo ingenuo sino la fuerza y convicción que nace del encuentro con el Señor, que nos sostiene en medio de las pruebas y nos impulsa a abrir caminos.

El Papa León XIV, en sus mensajes a lo largo de todos estos meses, nos ha recordado que la esperanza es un don que se comparte. No podemos guardarla para nosotros; estamos llamados a ser sus testigos en medio de un mundo herido. Porque la esperanza cristiana no se limita a la esfera personal: se traduce en gestos concretos de misericordia, en compromiso con los más vulnerables, en solidaridad que rompe barreras.

Ahora, al cerrar la Puerta Santa, no termina el Jubileo sino que comienza el verdadero desafío. Mantener encendida la llama de la esperanza en nuestra vida diaria, en nuestras decisiones, en nuestra manera de relacionarnos.

Haciendo balance de este Año Santo podemos afirmar que ha devuelto a la Iglesia la alegría de caminar unida y la convicción de que la esperanza no defrauda. Y con ese mismo optimismo miramos ya también hacia el próximo Jubileo, Extraordinario, el de la Redención en 2033 para conmemorar los dos mil años de la Pascua de Cristo. Si este Jubileo nos ha enseñado a esperar, el siguiente nos invitará a contemplar el Amor que redime y transforma.

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