Corazón purificado, mirada nueva: el camino de la fe madura
En la nueva nota doctrinal, ‘Cor ad cor loquitur’ los obispos han tratado de escuchar el latido profundo de la fe y, al mismo tiempo, señalar con serenidad algunos riesgos que amenazan hoy la vida espiritual. Mario Alcudia reflexiona sobre este texto en el que se nos recuerda que el encuentro con Dios es siempre un diálogo de corazón a corazón, advirtiendo al tiempo del peligro de reducir la fe a un simple impacto emocional. En un tiempo de renacer religioso, especialmente entre los jóvenes, esta reflexión llega como una invitación a integrar afectos, razón y voluntad para vivir una fe más plena, más verdadera y más enraizada en Cristo

CORAZÓN PURIFICADO, MIRADA NUEVA: EL CAMINO DE LA FE MADURA |FIRMA MARIO ALCUDIA
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La nota doctrinal de la Conferencia Episcopal Española, aprobada por su Comisión Permanente y publicada esta semana con el título “el corazón habla al corazón”, lema cardenalicio de san John Henry Newman, surge en un momento en el que la experiencia religiosa está renaciendo entre muchos jóvenes.
En este texto se ofrece un discernimiento sereno y profundamente necesario sobre un tema que atraviesa buena parte de la vida espiritual actual: el papel de las emociones en el acto de fe.
Un documento que parte de una constatación esperanzadora: existe un renacer de la fe, especialmente entre la generación Z. Jóvenes nativos digitales que, cansados de la superficialidad, buscan un encuentro personal vivo y transformador con Cristo. Y lo encuentran, muchas veces, en iniciativas de primer anuncio. La Iglesia, como dice abiertamente la nota, valora, agradece y reconoce la creatividad evangelizadora de estos movimientos y asociaciones que son un tesoro pastoral.
Pero, junto a esta realidad se señala con claridad un riesgo: el reduccionismo emotivista, esa tentación de convertir la fe en una sucesión de impactos sensibles, en un consumo de experiencias intensas o en la búsqueda constante de sensaciones espirituales agradables.
Otra de las aportaciones más valiosas de este documento es recordar que la fe implica a toda la persona; esto es inteligencia, voluntad y afectividad. No excluye las emociones —sería deshumanizarla—, pero tampoco las absolutiza. El corazón tiene un papel precioso en el encuentro con Dios, siempre que permanezca en diálogo con la verdad del Evangelio.
Además la nota ofrece criterios concretos de discernimiento; que la oración mantenga siempre su identidad trinitaria o que no se confunda el bienestar emocional con la acción del Espíritu.
No se trata, pues, de “apagar” las emociones, sino de purificarlas, integrarlas y ordenarlas. De evitar una fe que se agote en lo sentimental y, por el contrario, abrazar una espiritualidad madura donde la afectividad se vuelve camino de encuentro real con Cristo.



