Vivir como cristianos en medio del conflicto
Escucha la Firma de José Luis Restán del martes 28 de abril

Escucha la Firma de José Luis Restán del martes 28 de abril
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No es una Carta pastoral entre tantas. Esta ha sido escrita con “fatiga y sufrimiento”, pero, sobre todo, con la certeza de que Dios no abandona a los hombres en medio de las circunstancias, a veces terribles, de la historia. Se titula “Regresaron a Jerusalén con gran alegría”, y con ella, el Patriarca latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, plantea cómo pueden situarse los cristianos dentro de un conflicto (político, militar, espiritual) que durará todavía muchos años. A partir de los atentados de Hamás del 7 de octubre de 2023 y de la guerra en Gaza, las relaciones han sido envenenadas por el odio y la desconfianza. La percepción del propio dolor se ha vuelto absoluta, y cuando el otro es solo el enemigo, todo es lícito contra él.
En ese gran caos, palabras como convivencia, diálogo y justicia pierden valor. El cardenal identifica el horizonte de referencia para buscar el camino con “el sueño de Dios llamado Jerusalén”. Jerusalén, afirma, no es solo una cuestión de fronteras políticas o acuerdos técnicos: su identidad principal es ser el lugar de la revelación de Dios. Ignorar esta dimensión llevará al fracaso de cualquier convivencia.
El Patriarca pide a las familias cristianas educar en la fe y en la reconciliación, contar el pasado a los hijos con dolor y verdad, pero sin transmitir sentimientos de odio y venganza. Habla también de las escuelas, “uno de los dones más grandes de las Iglesias a esta Tierra”, de los hospitales y las obras sociales, “lugares donde la acogida, el diálogo y la curación ya son una realidad vivida”. Y a todos los fieles les pide “la osadía de perdonar, no para justificar el mal, sino para romper la cadena del odio”, y el rechazo de la violencia, que incluso en el lenguaje “debe ser total y visible, porque nunca es una opción evangélica”.
Todo esto, reconoce, es imposible sin la fuerza de Jesús resucitado, pero con Él podemos “volver a nuestra Jerusalén cotidiana con una alegría que no es ingenua, sino que sabe que la vida derrota a la muerte, que el amor desarma el odio”.



