En 'La Tarde'
Condenados a aprender a leer
El juez Emilio Calatayud condena a dos menores a aprender a leer y escribir

Condenados a aprender a leer
Madrid - Publicado el - Actualizado
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“¿Por qué os llevasteis al jilguero? ¿Es que sois animalistas?” Los chicos se miraron el uno al otro. No sabían qué contestar al juez. Nunca habían oído la palabra animalista.
Dos chicos de 16 y 17 años sentados en el Juzgado de Granada. Su delito: robar cinco gallos y un jilguero. Los gallos, los vendieron. El jilguero se lo llevaron “porque les dio pena verlo enjaulado”.
El magistrado les dio a leer el artículo 155 del código civil: Los hijos deben obedecer a sus padres mientras permanezcan bajo su potestad, y respetarles siempre. Además, deben contribuir equitativamente, según sus posibilidades, al levantamiento de las cargas de la familia mientras convivan con ella.
Los chicos a duras penas balbuceaban las palabras. Y no lograban entender el significado detrás de ellas. El juez se dio cuenta de que apenas sabían leer. Su sentencia fue firme: condenados a aprender a leer y escribir.
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El juez era Emilio Calatayud. Y en ‘La Tarde’ ha explicado las razones de su decisión: “Estos chicos son víctimas del sistema, de los padres…y de que no se cumple eso de que la enseñanza es obligatoria.”
En muchos casos son los propios padres los que incentivan a los hijos a abandonar los estudios, bien porque los necesitan para trabajar con ellos en el campo, bien porque no creen en su futuro académico: “Los chavales reaccionan mejor a este tipo de sentencias que los padres. A los padres que fomentan que sus hijos no vayan a la escuela les quitaría las ayudas.”
El juez Calatayud lleva casi 30 años dictando este tipo de sentencias. La primera vez fue en 1989: “Esto me lo enseñó un ‘choricillo’ mío: Se dedicaba a robar reproductores de vídeo en el Continente. Un día me dice: ‘Don Emilio, ¿por qué no me condena a aprender a leer y escribir?’. Le dije, ‘en cuanto aprendas sales a la calle’. No tardó ni un mes en aprender.”
Está convencido de que con un poco de educación y esfuerzo, la mayoría de estos chicos se pueden enmendar: “El 80 por ciento de estos chavales salen para delante con un pequeño empujón. Lo que nos permite esta ley es ayudarles a madurar. Cometen delitos, pero no son delincuentes.”

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