"En mi primer alquiler pagaba menos de 150 euros en un piso de 76 metros. Era en 1996, una casa de tres estudiantes de 18 años en el barrio del Eixample de Barcelona"

La periodista Llusia Ramis relata a Pilar García Muñiz su odisea con el alquiler tras más de 10 mudanzas en 30 años

Un cartel de 'Se Alquila'
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La Tarde


Beatriz Calvo

Madrid - Publicado el

3 min lectura2:58 min escucha

'Un metro cuadrado' es el título del libro de la periodista y escritora Llusia Ramis, una joven que ha decidido narrar su experiencia personal con el alquiler en España, una odisea marcada por más de diez mudanzas en treinta años

Su vivencia nace de la necesidad de entender la crisis de la vivienda y su impacto en la identidad y el sentimiento de pertenencia. Ramis, que llegó a Barcelona desde Mallorca hace tres décadas, ha explicado a Pilar García Muñiz en 'La Tarde' cómo la inestabilidad de los contratos y la subida de precios la han llevado a una vida de provisionalidad constante.

Su primer piso de estudiante: 433 euros en 1996

El primer alquiler de Ramis fue en 1996, cuando ella tan solo tenía 18 años. Se trataba de un piso de 76 metros cuadrados en el barrio de L'Eixample de Barcelona que compartía con otros dos estudiantes. 

Pagaban 72.000 pesetas de la época, unos 433 euros actuales. La escritora lo describe como un lugar con un "pasillo infinito", "baldosas desdentadas" y una cocina antigua, resumiendo que "todo estaba asqueroso", según cuenta en su libro.

A pesar de las malas condiciones, aquella experiencia mezclaba la "aventura de empezar algo nuevo" con un choque de realidad. El miedo a generar problemas les impedía quejarse al propietario. "No nos quejábamos de nada porque nos daba miedo que pudieran pensar que íbamos a dar problemas y que te echaran a medio curso", ha confesado Ramis. 

Los nombres de las calles del Eixample de Barcelona no son fruto del azar, sino que responden a un relato histórico y una lógica urbanística que el historiador y periodista César Alcalá ha desgranado en el programa “Herrera en COPE Cataluña”.

Los nombres de las calles del Eixample de Barcelona no son fruto del azar, sino que responden a un relato histórico y una lógica urbanística que el historiador y periodista César Alcalá ha desgranado en el programa “Herrera en COPE Cataluña”.

La inexperiencia les llevó a una práctica que ha calificado como "muy mal hecha": irse antes de finalizar el contrato y dejar las llaves en el buzón, acumulando deudas. De hecho, ha revelado que uno de sus compañeros de entonces tuvo que pagar, años más tarde, una deuda de 28.000 pesetas por los suministros que dejaron sin abonar.

No nos quejábamos de nada porque nos daba miedo que pensaran que íbamos a dar problemas y nos echaran a medio curso"

Llusia Ramis

Periodista y escritora

Un mercado del alquiler inasumible

30 años después, la situación actual del mercado es radicalmente distinta. A día de hoy, un piso de características similares en la misma zona de Barcelona cuesta hoy entre 1.380 y 1.480 euros al mes. La opción más económica en el barrio es una habitación de 30 metros cuadrados por 700 euros

Para encontrar un alquiler similar al de Ramis en 1996, habría que mudarse a localidades como Villaluenga de la Vega (Palencia), Ayer (Asturias) o Vega de Espinadera (León), en la España vaciada.

Ramis ha señalado que en aquel momento no se sentían afortunados, sino que "era lo normal". "Yo ahora pienso que mis padres no podrían permitirse enviarme a estudiar a Barcelona", ha reflexionado.

En su investigación para el libro, al volver a sus antiguas casas, constató que "la gentrificación no tiene piedad y llega a todas partes" y que, aunque los pisos seguían siendo modestos, sus precios se habían disparado.

Me agobia menos estar endeudada durante tanto tiempo que la incertidumbre del alquiler"

Llusia Ramis

Periodista y escritora

La 'provisionalidad constante' del inquilino

La escritora ha explicado cómo sus sueldos "no subían a la misma velocidad que esos alquileres", lo que la obligó a aceptar más trabajos como periodista freelance y a meter en casa a compañeros de piso, incluyendo parejas de forma precipitada, para poder pagar las facturas. 

Un cartel que anuncia que se alquila una vivienda

Europa Press

Un cartel que anuncia que se alquila una vivienda

El impacto psicológico de esta inestabilidad la llevó a una situación límite. "Me voy a acercar a los 40, luego no me van a dar la hipoteca, y yo no puedo seguir así", pensó con 37 años mientras compartía piso. 

Ante el temor de tener que volver a Mallorca a casa de sus padres, y "contra su voluntad", decidió comprar un pequeño apartamento de 47 metros cuadrados sin ascensor. "Lo curioso es que me agobia menos estar endeudada durante tanto tiempo por un piso que ni siquiera es el piso de mi vida que la incertidumbre del alquiler", ha sentenciado.

Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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