La Foto: "Ha sacado la mantilla del joyero y limpiado los zarzillos heredados de su madre”
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Madrid - Publicado el - Actualizado
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La foto que me ha llamado la atención la he visto hoy trasteando en internet. Es de Inge Morath, una austriaca que estuvo por España a mitad de los años 50 y que retrata con sobriedad pero quizás por eso con gran fuerza. En blanco y negro, la imagen de la que me he quedado prendado tiene una composición soberbia. Casi todo la foto la ocupa una calle despoblada de una gran ciudad, con coches antiguos, árboles desnudos esperando la primavera, y detrás edificios con cierta prestancia, tejados y un cielo frío salpicado por nubes sin afán de protagonismo. En el lado izquierdo de la foto, un balcón muy estrecho, de los de antes, un balcón de forja. Y en el balcón una mujer joven con vestida de mantilla. Las manos de la mujer cruzadas sostienen un bolso pequeño. Gasta unos pendientes muy largos, cascadas de platas. Y hay en sus manos, en la mirada que dirige curiosa hacia algo que no vemos mucha espera. Hay en la elegancia del vestido negro, en el escote francés, en los zapatos de tacón, en lo clásico de la chaqueta, hay sobre todo en las manos y en la mirada de la mantilla la espera de algo que hace merecer sus mejores galas. Ha cepillado y planchado con esmero la mantilla su mejor traje, llevaba colgado ese traje horas quizás días fuera del armario para que no se le arrugara, ha sacado la mantilla del joyero y limpiado los zarzillos heredados de su madre y se he peinado con primor. Se ha trajeado y arreglado con lo mejor que tenía para dejar claro que a ella no le da igual lo que va a pasar. No quiere estar distraída, espera con desvelo lo que pueda suceder. Porque las gracias que se reciben, cuanto más grandes, cuanto más necesarias no se merecen pero una tiene que poner todo lo que esté de su parte.



