
Madrid - Publicado el - Actualizado
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La foto que me ha llamado la atención la he visto hoy en la Vanguardia. La imagen está tomada por la tarde, con las sombras ya largas. Retrata una caravana de circo. En el vagón de madera hay pintada una escena con colores vivos para dar alegría. Hay pintada una pista y una artista rubia con un vestido rosa. En el puente de la caravana, sentada sobre unas columnillas de blanco y oro está sentada una acróbata de verdad, morena muy guapa. Ha volado por los trapecios la acróbata y ahora está sentada con sus bonitas piernas cruzadas cubiertas solo por medias de red, está con su traje elegante para las piruetas en las alturas. Tiene la melena desplegada la acróbata y se lleva un brazo a la cabeza con una nostalgia profunda. La melancolía de la cara en la cara se acentúa por la luz que se despide y por las sombras. Está la acróbata con su traje de lentejuelas, con los labios y los ojos pintados, preparada como una princesa para un reino sin fiesta. No hay música, no hay aplausos, no hay público. El sol que se despide apaga las lentejuelas siempre algo postizas y la acróbata, así nostálgica, no de gloria, sino de un querer, está más guapa que nunca. Nostálgica de un querer.



