
Madrid - Publicado el - Actualizado
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La foto que me ha llamado la atención la he visto hoy publicada en ABC. En la Fundación Bancaja de Valencia han inaugurado una exposición dedicada al escultor y pintor Antonio López y a su mujer María Moreno. En la imagen, el artista viste un mono azul celeste, podría ser de mecánico. Lleva caladas en la nariz unas gafas de vista cansada de las antiguas, gafas en prosa. Y tiene la boca un poco abierta como si estuviera sonriendo. Sujeta con sus brazos un bebe de piedra, un bebe grande al que le inserta uno brazo. La operación no es sencilla y el maestro está concentrado. Detrás de la escultura, la fotografía que lo inspira, una foto en blanco y negro de Antonio López cuando tenía seis meses: desnudo, sentado sobre un cojín, con los brazos ligeramente levantados, y con unas manos anónimas que le sujetan en la cintura y lo mantienen sentado. La foto que me ha llamado la atención hoy es la foto de Antonio López esculpiendo un autorretrato que se inspira en una foto de cuando tenía 6 meses. Hace falta mucho trabajo para hacer una cosa así, hace falta esculpir en los años para reconocerse en el niño que fuimos, para que el niño que fuimos reaparezca en un tiempo crecido, consciente, vivido, luchado, engañado y amado, hace falta mucho trabajo para cincelar en la piedra del escepticismo, del resquemor, la confianza madura, la entrega del niño de la foto, que se deja dulcemente, sosegadamente, sostener en la cintura por unas manos que lo mantienen sentado.



