
Madrid - Publicado el - Actualizado
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La foto que me ha llamado la atención la he visto hoy en la Vanguardia y esta tomada en el Louvre. El Louvre es un museo muy elegante del París elegante. Dicen que París es la ciudad del amor, será, pero más parece la ciudad de los emperadores, de los señores del poder. En esa ciudad de emperadores, junto al río, hay una pirámide de cristal, por la que se entra el elegante museo, que en una escalera tiene a la señora de Samotracia, que poderío el de esa señora alada, y en un sótano tiene este museo a señora muy atractiva, sin delgadeces, con unas curvas divinas y un obligo encantador, la señora Venus de Milo. En ese museo muy elegante hay también otra señora muy celebre, la de la foto: se agolpaban multitudes venidas de todo el mundo para verla. La señora Mona Lisa. La foto muestra una sala inmensa, vacía, con laberintos de cinta para conducir a los visitantes que no hay. Al final, lejana, distante, está la señora Mona Lisa, sola. La señora Mona Lisa con sus quinientos años siempre fue algo distante. Por más que mires su sonrisa contenida, sus manos cruzadas, su cuello redondo, su frente despejada no sabe uno qué siente, qué padece, qué alegrías chiquitas o grandes se le pasan por el ánima. No sabe uno si la señora Mona Lisa está enamorada, rebelde o doliente. La señora Mona Lisa está sola. Pero también lo estaba antes, cuando venían multitudes a verla: la miraban pero no la veían, la miraban unos segundos pero no se entretenían en saber si estaba enamorada, rebelde o doliente. Acostumbrados los visitantes a mirar sin ver, ya estaba la señora Mona Lisa muy sola.



