Juan León Herrero, médico en el Congo: "Los niños mueren de hambre. Una madre lleva al niño en brazos 24 horas y cuando llega al hospital dura unas horas"
El también sacerdote ha pasado por los micrófonos de 'La Linterna' para relatar la cruda realidad de un país devastado por la miseria, y cada vez más olvidado por Occidente como consecuencia de otras guerras mediáticas

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Mientras la atención mundial se centra en conflictos como los de Ucrania o Palestina, otras guerras, más silenciosas pero igual de devastadoras, continúan su curso. Este es el caso de la República Democrática del Congo, un país sumido en una crisis humanitaria que el sacerdote y médico Juan León Herrero ha documentado durante más de treinta años. En su paso por 'La Linterna', Herrero, que comenzó su labor en los campos de refugiados tras el genocidio de Ruanda en 1994, ha descrito una situación que, lejos de mejorar, se ha agravado.
El Congo, un país donde el 77% de la población es pobre: "Un congoleño va al médico cuando está muriéndose"
La República Democrática del Congo se enfrenta a una tormenta perfecta. Según las estadísticas oficiales, el 77% de la población es pobre, aunque la percepción de quienes trabajan sobre el terreno es que la cifra es aún mayor. Solo el 17% tiene acceso a electricidad y se estima que un único sueldo debe mantener a una media de 25 personas. A esta pobreza extrema se suma una bomba demográfica sin precedentes, con una media de ocho a diez hijos por mujer, y una crisis sanitaria donde la tasa de mortalidad materno-infantil es altísima.
En este contexto, la salud se convierte en un lujo inalcanzable para la mayoría. Juan León Herrero ha explicado la terrible realidad que se vive en los centros médicos. "Un congoleño va al médico cuando está muriéndose, cuando no tiene otro recurso", ha afirmado. La gente llega a los hospitales en situaciones límite, como ha presenciado recientemente en Bukavu, en la región del Kivu. "He vuelto a ver niños muriéndose de hambre. La madre llevando al niño en brazos 24 horas de camino, para que cuando llega al hospital, la madre ya está también desnutrida, y el niño dure unas horas y se muera", ha lamentado.
"Hemos ido a peor en el Congo"
La sensación del doctor Herrero es clara y desoladora: "Hemos ido a peor". Según su testimonio, el recrudecimiento de la violencia ha destruido las frágiles estructuras que apenas sostenían a la población. "Hasta hace un año, la situación entraba dentro de los parámetros normales del Congo. Niños que no están bien alimentados, que tienes que recuperar... pero ahora a eso le añades una situación de guerra larvada, de ocupación de la región, con lo cual todas las estructuras, de ser frágiles, han pasado a romperse", ha detallado.
El negocio sangriento del coltán
En el este del país, especialmente en la zona de los Kivus, la violencia no responde a una guerra convencional con bandos definidos, sino a los intereses de innumerables grupos armados y saqueadores que luchan por el control de las minas de oro, diamantes y, sobre todo, coltán. En este conflicto intervienen actores internacionales como Uganda, Ruanda, China y Rusia. La paradoja es que, mientras existen explotaciones mineras legales que generan riqueza para el Estado, en la región del Kivu "es más rentable que haya guerra y sacarlo clandestinamente".
Herrero ha señalado directamente la responsabilidad de la sociedad occidental en esta tragedia. "Los beneficiarios de la extracción de los minerales de esta forma ilegal somos nosotros, porque así nuestro móvil nos cuesta la mitad de lo que nos costaría", ha sentenciado. En su opinión, esta dinámica nos convierte en "cómplices" al demandar productos cada vez más baratos sin cuestionar su origen. "Estoy convencido de que, aunque nos costara el doble, todos pagaríamos muy a gusto si supiéramos que con eso estamos contribuyendo a que haya un mundo más justo", ha reflexionado.
Esta realidad, según el sacerdote, explica fenómenos como la inmigración. Ante la falta absoluta de alternativas, migrar se convierte en la única salida. Por ello, ha insistido en que la solución no pasa por "poner barreras", sino por abordar el origen de los problemas con "una actuación limpia y justa".
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