

"Qué fácil es dar lecciones sobre Venezuela desde la progresía cuando pasas la Nochevieja en un hotel cinco estrellas o vives en un chaletazo en Galapagar y vas de pobre"
Ángel Expósito expresa su indignación al ver cómo un número de personas desde la Izquierda en España quiere dar lecciones sobre Venezuela
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El día para el mundo entero sigue siendo Venezuela. Venezuela y lo que te rondaré, porque esto no ha hecho más que empezar, claramente. Podemos hacer análisis simplistas, tirando de tweet, análisis absolutamente cortoplacistas, como si esto se resolviera en un pispás... La cosa es muchísimo más profunda, y el propio Donald Trump lo sabe, más allá de la caricatura del propio personaje, que es lo que parece en muchas ocasiones.
Como te digo, el día va entre Venezuela y el día de Reyes. Son las cosas de la vida. Ponte tú en una casa llena de juguetes, de papeles, de envolver, o alguien que le hayan enviado lo más mínimo, pero que sea para él el universo entero. Ponte a hablar de alta política, de geoestrategia... en fin, es lo que hay.
Si Pedro Sánchez se cree que la clave de esta historia es el petróleo, pues allá él. Pero claro, yo me pregunto qué sensación de insalubridad tendrán los miles y miles de presos políticos en el Helicoide o en otras prisiones de Venezuela y qué poquito nos hemos acordado de ellos todos estos últimos 25 años. Bueno, Venezuela por un lado y los Reyes por otro. Se confirma un año más que los Reyes Magos existen.
En fin, sobre Venezuela y el nuevo orden mundial, que sin duda ha cambiado el mapa en las últimas 72 horas, tres puntos.
Uno: ¿Te imaginas que el ataque de Estados Unidos contra Maduro hubiera sido como fue en Afganistán, en Irak o en Libia? Aquello hubiera desembocado en una guerra civil, con la población civil armada y el ejército echado a la calle. La operación ha sido quirúrgica, no es comparable lo que ha ocurrido en Caracas con Irak o Libia, como ha dicho Pedro Sánchez. Lo contrario hubiera sido una guerra civil en un país el doble de grande que España.
Dos: es muy complicado pedir paciencia en la era de las redes sociales y del inmediatismo.
Tres: las reacciones desde España. Qué fácil es dar lecciones desde la progresía cuando pasas la Nochevieja en un hotel cinco estrellas o vives en un chaletazo en Somosaguas o en Galapagar.
Mira, esta misma mañana una venezolana me contaba cómo viven sus familiares en Caracas. Me contaba cómo apenas hablan por teléfono porque las milicias —esa panda de macarras armados partidarios de Diosdado Cabello o de Vladimir Padrino— interceptan a cualquier sospechoso por la calle, le trincan el móvil para ver sus mensajes y, en función de eso, te detienen. Eso está pasando ahora mismo en las principales ciudades de Venezuela. De esa gente machacada y perseguida no se acuerda nadie. En fin, y mi postdata de vuelta a casa, 6 de enero, la Pascua militar.
El año 2025 nos deja una sensación creciente de amenaza que llega al corazón de Europa. Es importante dar continuidad a un esfuerzo compartido donde nuestra industria de defensa adquiera un papel fundamental para garantizar una disuasión creíble... o sea, más dinero.
Por cierto, el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, ausente por primera vez de la Pascua militar del 6 de enero en el Palacio Real; por primera vez en la democracia. Tenía reunión en París. Búscalo, busca la foto de la comparecencia de Sánchez en París. Busca la imagen, ponte el vídeo y obsérvale la cara, los huesos, la mirada. Es imposible que no te llame la atención cómo se le está quedando el careto a Pedro Sánchez.



