

"No es fácil que EE.UU. sancione a España, pero dentro de la negociación conjunta con la UE, puede establecer sanciones para algunos productos"
El director de 'Herrera en COPE' analiza la guerra que se ha desatado entre Estados Unidos y España
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Bueno, pues damas y caballeros, preparen ustedes las palomitas porque esta mañana a las 9 hay un reality titulado El niño en el bautizo. Pedro Sánchez lleva mucho tiempo buscando convertirse en el líder global del mundo anti-Trump y parece que lo está consiguiendo.
¿Y por qué quiere hacer eso Pedro Sánchez? ¿Por qué llega el momentazo que llevaba esperando desde hace tanto tiempo? Pues porque quiere movilizar el voto de la izquierda. Es un problema electoral, de interés electoral cortoplacista suyo.
Y si eso significa que España tiene que pagar la factura del enfrentamiento con Donald Trump, eso le da exactamente igual, porque es una jugada electoralista. Después del episodio de la prohibición del uso de las bases de Morón y Rota, ayer conocimos la respuesta de Trump sin que nadie le preguntara.
No hacía falta que Alandete le preguntara. Acuérdense de los mamarrachos que decían que Trump criticaba a España porque Alandete le preguntaba. No, Alandete no le preguntó nada, pero él nos amenazó con un embargo comercial.
O sea, ya tiene su show televisivo preparado. Pedro Sánchez ya lo tiene. Está encantado. Por fin Trump se ha fijado en él y le ha contestado. A las 9 de la mañana en Moncloa para explicarle a los árboles del jardín —porque periodistas no va a haber— cuál es su respuesta.
Hará un canto a la soberanía nacional, a la no injerencia de los poderosos. Todos sus grupis mediáticos, todos los pelotas que tiene alrededor, más o menos ya lo adelantaron ayer: patriotismo frente a Trump, aferrarse a la presencia de nuestras tropas en misiones internacionales, que nosotros cumplimos nuestros compromisos.
Si es que es fácil. Ahora ha conseguido, oiga, un milagro diplomático este sujeto. ¿Cuál es el milagro diplomático que ha conseguido Sánchez? Pues primero que te hace la ola Hamás, los islamistas partidarios de la yihad.
Te dan las gracias los ayatolás, los que matan o dejan tuertas a mujeres mientras cuelgan a los homosexuales en las grúas. Y consigues enemistarte con la Casa Blanca, que sigue siendo el referente del mundo libre y quien te garantiza la seguridad con paraguas antimisiles.
El que suministra el 44 % del gas que necesita España, el que representa el 15 % de la inversión extranjera en España, el país que más invierte en España. Y tú haciéndote el chulito.
La operación está tan clara que incluso fatiga explicarla. Con esta estupidez, este individuo cohesiona a sus bases y se enfrenta al peor supervillano global, mucho peor que Netanyahu, peor que los tecno-oligarcas: el gran Satán, que es Trump.
Y Sánchez aparece como el único en el mundo que hace ostentación de desafiarle, el sastrecillo valiente. Pero la política internacional no es un cuento de niños. Para Sánchez es solo un instrumento de ambiciones nacionales.
Él puede estar encantado de proyectarse como la némesis de Trump, pero ¿qué va a pasar con los exportadores españoles a Estados Unidos? ¿Qué va a pasar con las empresas de servicios que operan allí?
¿Qué va a pasar con la cooperación en materia de inteligencia o en materia de seguridad? Se está frotando las manos Marruecos, ya el próximo niño bonito de la administración Trump.
Vamos a ver. No es fácil para Estados Unidos sancionar comercialmente a España porque somos parte de la Unión Europea y las negociaciones son conjuntas. Pero dentro de esa negociación conjunta, Estados Unidos puede establecer condiciones mucho más duras para determinados productos.
Por ejemplo, el jamón ibérico, el aceite o el vino. Tres sectores que supongo que estarán encantados con los jueguecitos de este tío.
Probablemente la amenaza de embargo acabe siendo una fanfarronada más de Trump. Pero cuidado: la postura americana y el hartazgo de ese gobierno no es una fanfarronada.
Trump está estudiando otras medidas que sí puede aplicar sin problemas. Por ejemplo, la retirada de visados o ponerte más difícil conseguir el famoso ESTA para viajar a Nueva York.
Ya veremos qué pasa en el futuro inmediato, veremos las consecuencias. Es posible que en tres o cuatro semanas diga Trump que ya ha conseguido sus objetivos y acabe esta puñetera guerra.
Pero también sería un error centrarse solo en Trump, porque junto a él estaba el canciller alemán Merz, que recordó la falta de compromiso de Sánchez con el incremento del gasto militar.
Romper el consenso de la posición europea sobre Israel, negarse a asumir el compromiso de gasto de la OTAN, rechazar la iniciativa francoalemana de disuasión, boicotear la cumbre italobelga sobre competitividad…
Una regularización extraordinaria de migrantes que va directamente en contra de las políticas europeas, empeñarse en dar la turra a los europeos con el lío del catalán y ahora este intento de arrastrar a la Unión Europea a la bronca con Estados Unidos.
Sánchez no es un problema para Trump, es un problema para Europa. Y no digamos para España, porque todas estas estupideces las vamos a pagar los demás, usted y yo.
Por eso Merz no hizo el menor esfuerzo por defenderle ayer y por eso nadie cuenta con él en las grandes decisiones.



