Diego Garrocho, filósofo: "Los antiguos pensaban que hay algo que aprender del dolor y la tragedia, pero cuando la desgracia es tan fortuita, injusta e inesperada, no hay lección ni moraleja posible"
El filósofo analiza en 'La Linterna' la tragedia del tren de Adamuz, el foro de Davos y las polémicas que rodean la libertad de expresión en la cultura

El accidente de tren en Adamuz | Filosofía de Bolsillo
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El reciente y terrible accidente de tren en Adamuz (Córdoba) ha marcado la actualidad de la semana. Sobre esta tragedia ha reflexionado el filósofo Diego Garrocho en 'Filosofía de Bolsillo', su sección en el programa 'La Linterna' de COPE, que presenta Ángel Expósito. El siniestro se ha saldado con un balance de 45 personas fallecidas y numerosos heridos, una desgracia de la que todavía se sabe muy poco, aunque desde algunos sindicatos ya se habían reportado ciertas deficiencias.
Garrocho ha querido recordar que las víctimas "no son un sumatorio de números ni son tampoco ciudadanos anónimos", sino "personas como cualquiera de nosotros que hicieron algo tan ordinario como coger un tren". Ha mencionado nombres como el de la familia de Punta Umbría, Pepe, Cristina, su hijo Pepe y su sobrino Félix, el periodista Óscar, la fotógrafa María o el policía Samuel, para subrayar el lado humano de la tragedia.
Sin lección ante la tragedia de Adamuz
El filósofo ha señalado que, si bien "los antiguos pensaban que hay algo que aprender del dolor y la tragedia", en este caso no hay "lección ni moraleja posible" debido a lo fortuito, injusto e inesperado del suceso. Ha recordado las palabras de Fidel, quien perdió a su madre en el accidente, sobre "vivir en esa conciencia lúcida de que cualquier día puede ser el último".

Imagen del bogie localizado a 300 metros del accidente de Adamuz
En este contexto de dolor, Garrocho ha criticado a quienes afirman que "de las desgracias no salimos más fuertes", como se decía durante la pandemia, y ha lamentado la actitud de algunos políticos "tentándose las posibilidades de sacar tajada". Sin embargo, ha destacado por encima de todo la solidaridad del pueblo de Adamuz, que despertó "una conciencia súbita de ayuda y generosidad", mencionando a héroes anónimos como Gonzalo o Julio, junto al personal sanitario, bomberos y emergencias.
El valor de la fuerza en Davos
Cambiando de tema, el análisis se ha centrado en el Foro de Davos, la 56ª edición de la cumbre que ha reunido en Suiza a 3.000 de los "grandes mandamases del planeta". Han desfilado por allí personalidades como Emmanuel Macron o Donald Trump, quien, según Garrocho, "persiste en ofrecer un perfil de iluminado amenazante", aunque en esta ocasión haya asegurado que no usará la fuerza para hacerse con Groenlandia.
Entre las intervenciones, el filósofo ha querido destacar la del primer ministro canadiense, Mark Carney, a quien ha calificado de "líder robusto". Carney ha afirmado que el mundo se encuentra "en un contexto de ruptura del orden mundial" donde los poderosos aspiran a un dominio sin límites, y que para las potencias medias "apaciguar a los poderosos o intentar llevarnos bien con quienes nos amenazan no es una solución".

El primer ministro de Canadá, Mark Carney, habla durante una sesión plenaria en el Salón del Congreso en la 56ª reunión anual del Foro Económico Mundial (FEM) en Davos.
La propuesta de Carney se basa en un "realismo basado en valores" que implica "aceptar el nuevo orden tal cual es" y no fantasear. Para ello, ha propuesto duplicar el gasto en defensa hasta 2030 y crear alianzas efectivas, recordando que "no basta con confiar en la fuerza de los valores, sino que hay que apelar también al valor de la fuerza".
La fuerza sin principios equivale a la barbarie"
Garrocho ha puesto esta tesis en paralelo con la que ha expresado el rey Felipe VI en el Parlamento Europeo, quien ha recordado que "la fuerza sin principios equivale a la barbarie". Para el filósofo, en el actual "tiempo de erosión política, escuchar a Felipe Sexto es como escuchar a un adulto entre niños".
Cultura y libertad de expresión a examen
La sección también ha abordado el ataque a las oficinas de la plataforma audiovisual Filmin en Barcelona. Una pintada las ha acusado de "colaboracionistas de la represión española" por alojar el documental Ícaro, que narra las algaradas del procés desde el punto de vista policial. Garrocho ha señalado la ironía de que esto ocurra mientras se tramita la amnistía.

Pintadas en la sede de Filmin en Barcelona
La reacción del responsable de Filmin, Jaume Ripoll, ha sido calificada de "decepcionante" por el filósofo. Aunque Ripoll ha hecho un alegato por la libertad de expresión, también ha aclarado que la plataforma "no suscribe el enfoque del documental" e incluso ha llegado a decir que era "malo, fallido" y que no lo habría programado. Para Garrocho, esta actitud es "demasiado comprensiva con quienes una y otra vez insisten en silenciar a aquellos que piensan de manera diferente".
Finalmente, se han comentado las polémicas declaraciones del músico Nacho Vegas. A pesar de ser, en opinión de Garrocho, "un compositor excelente", ha afirmado en una entrevista en El País que para combatir el fascismo "hay que combatirlo de todas las maneras posibles, incluyendo la violencia, por supuesto".
Hay que combatirlo de todas las maneras posibles, incluyendo la violencia, por supuesto"
Garrocho ha calificado estas palabras como una "irresponsabilidad flagrante" y un "delirio" que demuestra que "nadie está a salvo de la neurosis ideológica". No obstante, el filósofo ha concluido que, al contrario que otros, él seguirá escuchando a Nacho Vegas: "Por muchas bobadas que diga, yo lo voy a seguir escuchando porque a mí me gusta".
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