Fernando (38) vive solo en un pueblo de Soria: "Me da rabia que no haya nadie, después de que nuestros abuelos lo han levantado, ahora es un resort vacacional de verano"
El único vecino de Benamira, un pequeño pueblo de Soria, relata en COPE cómo es su día a día en la España vaciada y el contraste entre el silencio invernal y la vida del verano

Expósito conoce con Paloma Serrano la historia bonita detrás del único habitante de un pueblo de Soria
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Hay silencios que no se sienten hasta que llega el invierno, con calles sin pisadas y chimeneas que no escupen humo. Esta es la realidad de Benamira, un pequeño pueblo de la provincia de Soria que forma parte del municipio de Medinaceli, donde, cuando cae la tarde, solo queda un vecino: Fernando. Su historia, la de un hombre que no se ha ido porque no pudiera, sino porque ha decidido quedarse a vivir solo en su pueblo, ha sido la protagonista en el programa 'La Linterna' de COPE, donde el equipo de Expósito ha conocido con Paloma Serrano los detalles de esta vida solitaria.
Soledad y rutina en la España vaciada
Aunque durante el verano el lugar revive, cuando llega el frío, el municipio queda en silencio. Una calma que se ha hecho especialmente evidente esta Navidad, que Fernando ha pasado de forma “muy tranquila”. Tras celebrar la Nochebuena con su padre, ha disfrutado de la compañía de algunas de las “cuatro o cinco” familias que acudieron a pasar esos días, con quienes tomó un aperitivo y brindó con champán en Nochevieja, juntándose “como 15 o 20 personas” para tomar las uvas en la plaza de la iglesia.
Para Fernando, que trabaja como guardia forestal, la rutina es importante para sobrellevar los días cortos y las noches largas. Su jornada transcurre entre sacar a los perros, ir a trabajar, salir a correr, hacer alguna obra, cortar leña y, por la noche, aprovechar para leer o “ver las estrellas, que por la noche, la verdad es que se ven de lujo aquí”. El proceso de quedarse solo fue lento, hasta que un día fue consciente de que la única luz que se filtraba por una ventana en todo el pueblo era la de su casa.

Benamira, Soria
Sin embargo, más que miedo o nostalgia por el pasado, lo que siente es “un poquito de rabia y tristeza”. Fernando lamenta profundamente el destino de su pueblo y de tantos otros: “Me da rabia que no haya nadie, después de que nuestros abuelos lo han levantado, y que ahora se ha quedado en meramente un resort casi vacacional de verano”. A pesar de todo, reconoce que al menos sobrevive de esa manera, ya que hay otros pueblos que ni siquiera tienen esa suerte.
Me da es un poquito de rabia y tristeza el hecho de saber que no hay nadie en el pueblo, que después de todo esto que nuestros abuelos lo han levantado en nuestras antepasadas anteriores, y que ahora se ha quedado en meramente un resort casi vacacional de verano, pues es lo que me da un poco más de rabia, y menos mal que sobrevive como resorts vacacional que hay otros pueblos en yeso"
El anhelo del bullicio estival
Recuerda que, cuando era pequeño, sus abuelos estaban entre los últimos habitantes que cerraban el pueblo durante el invierno, cuando “no había nadie”. Lo que más echa de menos es “la algarabía” y “el bullicio de verano”, una época en la que Benamira se transforma por completo. “Aquí se juntan 200 personas en en el mes de agosto”, explica, evocando los momentos de comunidad y vida compartida.
Ese contraste le hace valorar especialmente los pequeños placeres de la compañía. Añora “el poder estar en las escuelas tranquilamente tomando algo con alguien, o a las cartas o echar un frontón, correr con gente”. En definitiva, concluye, “eso es un poco lo que se más echa de menos, claro, el contacto social, digamos”.

Benamira
Los niños, la alegría que revive el pueblo
Si hay algo que cambia por completo el pueblo, para alegría de Fernando, es “el griterío de los críos, sobre todo”. La llegada de los niños en verano le transporta a su propia infancia, cuando él mismo disfrutaba de esa libertad. “Esto se llena de críos, como cuando yo era pequeño, que venía yo aquí a hacer un poco el salvaje, pues es donde más libertad he tenido y tendré”, rememora con cariño.
Esto se llena de de críos, como cuando yo era pequeño, que venía yo aquí, me gano a, pues, a hacer un poco el salvaje, pues, es donde más libertad he tenido y tendré, y los críos de ahora, pues, es lo mismo"
La historia de Fernando es un reflejo de la España olvidada, pero también un canto de esperanza. Su deseo es que los pueblos “no se apaguen, aunque sea en invierno”. Un anhelo compartido por otras personas que, como Sonia y Miguel, decidieron vivir en un pueblo de Navarra, o Juan Carlos y Zaira, que cambiaron Benidorm por una aldea gallega, buscando una nueva vida lejos del asfalto.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



