Carlos Herrera analiza cómo se encuentra el tablero geopolítico tras la captura de Maduro
El comunicador recuerda que "Trump quiere Groenlandia, ya lo dijo en su día"

Escucha el análisis de Carlos Herrera a las 7H del miércoles 7 de enero
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Señoras, señores, me alegro, buenos días.
Bueno, esto ya pasó. Y ahora entra ese tiempo… ese tiempo ordinario. Algunos dicen que el tiempo ordinario de la Iglesia nos lleva hasta la Cuaresma, que ya llegará. En medio, ya saben ustedes, el terremoto de los carnavales en varios puntos de España y, después de eso, a la espera de la primavera, porque hoy el invierno se lo ha tomado en serio, con rigor.
¿No decían desde la AEMET que iba a ser un invierno seco y cálido? Pues bueno, se ha quedado la mañana como parecía un desfile de ropa de baño en medio de la calle. Por ejemplo, en la provincia de Guadalajara donde se esperan catorce grados bajo cero.
En algunas zonas de Aragón, como le venimos contando toda esta mañana, también son delicaditas: Albarracín, Calatayud… Se irán algunas nevadas.
Ayer, por ejemplo, oiga, mire, era un placer darse una vuelta por Segovia, la Segovia nevada. Y no solamente los campos de alrededor de Segovia, también el interior de la ciudad. Y la espalda del Rey Baltasar, que ya felizmente se la hemos visto.
¿Tenía usted ganas de que esto acabara? No, pero miren, cuando llegan esto —esto que se llama las Fiestas Entrañables— llega un día ya que estás de lo entrañable hasta la estridencia, prácticamente. Y quieres volver a recuperar esa tristeza de los días de enero, que algunos dicen que son los días más tristes del año, estos que continúan después del día siete.
Bueno, llega la rebaja, llegan más cosas. Y el mundo está revuelto, como saben ustedes. La atención sigue puesta en Venezuela, con muchas derivadas, pero también en las bravuconadas, en alguna que otra majadería que se le ocurre decir a Donald Trump, como si efectivamente tuviera barra libre. Él cree que la tiene. Él cree que la tiene. Y, en cierta manera, la tiene.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump
Bueno, a ver, ¿qué quieren que les diga? Ahora, después de mirar a Venezuela y de ver lo que en Venezuela ha estado ocurriendo, si quieren, ahora le echamos un vistazo. Lo último son los avisos de Washington sobre Groenlandia.
Groenlandia es una isla tan grande, habitada por poco más de cincuenta mil personas, que está más cerca de América que de Europa, más cerca de Canadá que de Estados Unidos, y que es, como saben ustedes, de soberanía danesa; por tanto, forma parte de la Unión Europea. Donald Trump quiere Groenlandia, ya lo dijo en su día. Y ahora ha comunicado, ha emitido un comunicado en el que insiste en que, por las buenas o por las malas, va a hacerse con ese territorio autónomo de Dinamarca.
Dinamarca es miembro de la OTAN y es miembro de la Unión Europea. O sea, ¿qué estaríamos diciendo aquí? ¿Si tomas medidas militares un país de la OTAN contra otro país de la OTAN? ¿Cómo se defiende la OTAN de uno de la misma OTAN?
Bueno, pues aquí pasa con Donald Trump lo que pasó con algunos otros presidentes norteamericanos. Lo cuenta Henry Kissinger en su libro Liderazgo, cuando habla de Richard Nixon. Richard Nixon, que fue, excepto en el desastre del Watergate, un presidente estimable. No olvidemos que fue el que acabó con la guerra de Vietnam, el que abrió Asia-Pacífico a Estados Unidos, etcétera.
Bueno, Richard Nixon acostumbraba a decir una cosa y sus colaboradores sabían que lo que tenían que hacer era… ¿Esperar a que lo dijera por segunda vez? ¿O a que insistiera por segunda vez?
Porque realmente, una vez, un avión había sido secuestrado con norteamericanos y había aterrizado en Damasco. Se lo dijo Kissinger a Nixon y Nixon le dijo: «Bombardea inmediatamente el aeropuerto de Damasco». Bueno, Kissinger no dio la orden. Era en ese momento asesor de Seguridad Nacional. ¿Por qué? Estas cosas se piensan.
Ayer, por ejemplo, oiga, mire, era un placer darse una vuelta por Segovia, la Segovia nevada. Y no solamente los campos de alrededor de Segovia, también el interior de la ciudad. Y la espalda del rey Baltasar, que ya felizmente se la hemos visto.
¿Tenía usted ganas de que esto acabara? No, pero miren, cuando llegan esto —esto que se llama las Fiestas Entrañables— llega un día ya que estás de lo entrañable hasta la estridencia, prácticamente. Y quieres volver a recuperar esa tristeza de los días de enero, que algunos dicen que son los días más tristes del año, estos que continúan después del día siete.
Bueno, llega la rebaja, llegan más cosas. Y el mundo está revuelto, como saben ustedes. La atención sigue puesta en Venezuela, con muchas derivadas, pero también en las bravuconadas, en alguna que otra majadería que se le ocurre decir a Donald Trump, como si efectivamente tuviera barra libre. Él cree que la tiene. Él cree que la tiene. Y, en cierta manera, la tiene.
Bueno, a ver, ¿qué quieren que les diga? Ahora, después de mirar a Venezuela y de ver lo que en Venezuela ha estado ocurriendo, si quieren, ahora le echamos un vistazo. Lo último son los avisos de Washington sobre Groenlandia.
Groenlandia es una isla tan grande, habitada por poco más de cincuenta mil personas, que está más cerca de América que de Europa, más cerca de Canadá que de Estados Unidos, y que es, como saben ustedes, de soberanía danesa; por tanto, forma parte de la Unión Europea. Donald Trump quiere Groenlandia, ya lo dijo en su día. Y ahora ha comunicado, ha emitido un comunicado en el que insiste en que, por las buenas o por las malas, va a hacerse con ese territorio autónomo de Dinamarca.
Dinamarca es miembro de la OTAN y es miembro de la Unión Europea. O sea, ¿qué estaríamos diciendo aquí? ¿Si tomas medidas militares un país de la OTAN contra otro país de la OTAN? ¿Cómo se defiende la OTAN de uno de la misma OTAN?
Bueno, pues aquí pasa con Donald Trump lo que pasó con algunos otros presidentes norteamericanos. Lo cuenta Henry Kissinger en su libro Liderazgo, cuando habla de Richard Nixon. Richard Nixon, que fue, excepto en el desastre del Watergate, un presidente estimable. No olvidemos que fue el que acabó con la guerra de Vietnam, el que abrió Asia-Pacífico a Estados Unidos, etcétera.

Bueno, Richard Nixon acostumbraba a decir una cosa y sus colaboradores sabían que lo que tenían que hacer era… ¿Esperar a que lo dijera por segunda vez? ¿O a que insistiera por segunda vez? Porque realmente, una vez, un avión había sido secuestrado con norteamericanos y había aterrizado en Damasco.
Se lo dijo Kissinger a Nixon y Nixon le dijo: «Bombardea inmediatamente el aeropuerto de Damasco». Bueno, Kissinger no dio la orden. Era en ese momento asesor de Seguridad Nacional. ¿Por qué? Estas cosas se piensan.
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