"Es el propio Juan Carlos quien no quiere venir a España: quiere vivir fuera y cada uno vive donde le apetece"

El director de 'Herrera en COPE' analiza la actualidad que marca la jornada de este viernes 27 de febrero

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Señoras, señores, me alegro. Buenos días. 

¿Qué tal? Son las 8 de la mañana, son las 7 en Canarias. Es viernes 27 de febrero del 26 y es un día muy parecido al de ayer en lo que al tiempo se refiere. Ultimísima hora, porque ya está en marcha oficialmente la campaña electoral de Castilla y León, que es la tercera estación de penitencia para el sanchismo. Pero esta vez no va como un boxeador sonado. Acuden incluso relativamente relajados porque creen que en Castilla y León no podrán gobernar, pero no van a sufrir un batacazo como los demás. A Sánchez le interesan solamente las generales.

En Extremadura siguen bloqueadas las conversaciones y Vox, como saben, está en modo ofendidito porque sí y por cualquier motivo. La semana que viene comienza el debate de investidura de Guardiola, de unas elecciones que se celebraron antes de Navidad y seguimos sin acuerdo. Abascal se ofende porque el PP le haga llegar un marco de negociación general. Él, fíjense, que impone todas las políticas a sus dirigentes, también se queja de que Feijóo intente coordinar a los suyos. Luego se ofende porque Aznar les critique. O sea, como si Vox fuera de un tacto exquisito con los populares.

Y la última de ayer es suspender las negociaciones en Extremadura porque se habían filtrado. El asunto empieza a estar muy claro. María Guardiola va a perder la próxima semana el primer debate de investidura, pero más allá de la oportunidad o no de los pactos, es evidente que Vox está haciendo todo lo posible para no venirse a un acuerdo con el PP. Busca excusas para no pactar. Y también andan tratando de meter en vereda a los díscolos Ortega Smith y problemas en Murcia porque quieren quitar a José Ángel Antelo y parece que está también García Cañizares, la de Toledo, en la cuerda floja. Lo que no se acaba de explicar es por qué razón estos tres dirigentes son considerados díscolos, pero bueno.

Derrota del Gobierno ayer. La alegría dura poco en casa del desahogado. A Sánchez se le han acabado pronto las pilas de la máquina del tiempo. Absoluta inanidad. A la vuelta de Navidad quisieron contarnos el cuento de que se iba a reconstituir la mayoría de investidura, que iban a presentar presupuestos, que iban a aprobar una financiación autonómica. Bueno, la realidad es la que vimos ayer. El Gobierno no consigue sacar nada. Sacó lo de las… porque no tiene votos para ello y además no gobierna. No está en los despachos: viaja en Falcon, toca las narices, hace declaraciones, sale en TikTok… pero no gobierna.

Estas derrotas parlamentarias son algo más que material para tertulias y para debate político. España está sin gobierno y eso tiene consecuencias en la vida de la gente, de usted. Ayer quedaron sin efecto la prórroga de los desahucios, pero también el bono social eléctrico, los incentivos fiscales para la rehabilitación de viviendas, la compra de coches eléctricos, 7.000 millones de financiación para los ayuntamientos. O sea, no solo tenemos un problema de corrupción, tenemos un problema de parálisis, de puro ensimismamiento.

En Europa no pintamos nada. En España se acumulan las tareas pendientes: los problemas por la falta de inversión en infraestructuras, el colapso de la red eléctrica, el agujero de la Seguridad Social, la falta de vivienda, la calidad del empleo. Pero la principal ocupación de Sánchez es salir en TikTok, grabar vídeos de TikTok. En eso está la cosa. También hay, sobre la corrupción, algunos asuntos interesantes hoy que conocer. Empieza a resultar costumbre ya esto del borrado de los teléfonos, que es la práctica más habitual de los dirigentes socialistas en problemas.

El gran campeón ya fue, como saben ustedes, García Ortiz. Pero ayer se sumó al club la exresponsable de Adif, Isabel Pardo de Vera, que borró sus conversaciones con Koldo, pero la UCO las ha podido rescatar de otros teléfonos y vienen a confirmar su conocimiento y las gestiones que hizo a favor de la empresa de la trama de las mascarillas. Y luego, por otra parte, el juez Ismael Moreno, de la Audiencia Nacional, el que investiga la presunta financiación irregular del PSOE, ha citado a Víctor de Aldama para que informe del contenido del famoso sobre que dice que tiene Víctor de Aldama, que le entregó Delcy Rodríguez y en el que, según dijo, se guardan pruebas de la financiación irregular del PSOE y de la Internacional Socialista con dinero del petróleo venezolano.

Cuidado, porque ese sobre, si no es un bluf —que todo es posible—, es una situación particularmente delicada para el Gobierno de Sánchez. Pero esto, como todo, es particularmente delicado hasta que no se demuestre lo contrario. Cuando abran el sobre y vean lo que hay dentro, si nos lo cuentan, porque Víctor de Aldama no lo ha querido contar; si el juez se lo comunica a las partes; si las partes lo comunican a los medios, etcétera, etcétera, etcétera, pues nos podremos enterar.

Y ayer Alberto Núñez Feijóo, al rebufo de los documentos del 23F, abrió un debate nacional sobre la situación del rey Juan Carlos, la conveniencia de que vuelva a España. Ahora todos le quieren obligar a volver a España. No le ha preguntado nadie si quiere volver. Oiga, ¿usted quiere volver a España? Porque lo más seguro es que diga que no, que lo que quiere es venir de visita a España y, si viene de visita, quedarse en su casa. Y eso es algo que no puede hacer.

Es hora de reconciliar a los españoles, decía Feijóo, en la persona que paró el golpe del 23F. No solo paró el golpe, fue el principal motor de la Transición. Y más allá de errores reconocidos y pagados, actuó con impecable neutralidad. Ayer decían en el Parlamento los de Sumar que sacar los papeles del 23F es blanquear al rey. Hombre, blanquear a Juan Carlos… yo no sé qué es peor: si blanquear a Juan Carlos o blanquear a asesinos, como os gusta hacer a los de Bildu y a los de Sumar también, por cierto. Los que blanquean asesinos que acusen de blanqueamiento a una figura como la de Juan Carlos, pues llama a la sorpresa, o cuando menos a la paradoja.

Juan Carlos debería poder vivir normalmente en España si quiere, porque cada uno puede vivir donde quiera. Tiene todos los derechos reconocidos y puede entrar y salir de su país como ciudadano español cuando le plazca. Y puede residir fiscalmente o físicamente donde le plazca. La Transición, como la victoria sobre ETA, son gestas de la España contemporánea. Sí, deberíamos estar orgullosos de honrar a sus protagonistas.

Pero lo que no se le puede estar diciendo al protagonista todos los días es que usted se va a morir. Bueno, ya sabe que se va a morir. Pero no hace falta recordárselo todos los días: usted tiene 88 años, se va a morir. Oiga, tiene que morirse aquí. Decir: mire, primero yo me moriré donde me dé la gana o donde me coja el destino. Pero indudablemente, qué mejor que sea en su casa. En su casa. Pero no lo estemos matando.

La respuesta a esta idea del líder de la oposición ha sido señalar que es el propio Juan Carlos quien no quiere venir a España. Y es cierto: el propio rey Juan Carlos quiere vivir fuera y cada uno vive donde le apetece. Ahora, sí puede venir a España cada vez que le apetezca. De hecho, va a venir, me parece que este mes que viene, a las famosas regatas, esta cosa que le gusta tanto, meterse en un barco. Bueno, con el frío que hace, un barco y lo que salpica el agua… pero oye, a cada uno le gusta lo que le gusta.

Pero fíjense cómo ha pasado el debate: hasta hace cuatro días, el rey Juan Carlos, intolerable su figura, los errores… Hoy, santificado por cuatro papeles, por cierto irrelevantes, del 23F. Y ahora el debate es decirle: usted tiene que venir aquí. Cuando dice el Gobierno “eso depende exclusivamente de la Zarzuela”, miente. Como siempre que dice Bolaños, abre la boca, aunque sea para respirar, miente.

Es el Gobierno el que no lo deja estar en su casa y además le pasa la presión al rey Felipe VI, a ver si así encabronan un poco a padre e hijo. No. Vamos a esperar que se normalice y que baje un poquito la espuma de los días.

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Con Carlos Herrera

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