"Es difícil explicar por qué ha ocurrido en una recta, en un tramo en el que la velocidad parece estar limitada entre 200-250 km/h, que había sido recientemente renovada"

El director de 'Herrera en COPE' analiza algunas de las claves de la tragedia de Adamuz

- 4 min lectura | 8:46 min escucha

Señoras, señores, me alegro. Buenos días. 

Es lunes 19 de enero del 2026. Son las 8 de la mañana, son las 7 en Canarias. Desde las 6 les venimos informando, recopilando todos los datos de la noticia que ustedes conocieron posiblemente ayer en torno a las 19:45 minutos de la tarde. Si estaban ustedes escuchando en ese momento el deporte en la COPE, vieron cómo se empezó a informar de lo que hoy es, efectivamente, con todas las palabras, una gran tragedia

19:45 horas; a esa hora, si todo hubiera ocurrido como es debido, los pasajeros de un tren Iryo que cubría el trayecto Málaga-Madrid y los pasajeros de un Alvia, Madrid-Huelva, tendrían que haber experimentado lo que todos conocemos cuando se cruzan dos trenes de alta velocidad: un zumbido, una sensación especial, como si un fantasma hubiera corrido a nuestro lado.

Pero en ese momento quiso la fatalidad que, a la altura de Adamuz, el Iryo, que ya había dejado atrás la estación de Córdoba y que venía de Málaga para proseguir su viaje a Madrid, descarrilara. Ignoramos por qué razón y lógicamente se está investigando, pero no es tan fácil saber qué pasó después de un accidente de estas características. 

Es difícil de explicar por qué ha ocurrido en una recta, en un tramo en el que la velocidad parece estar limitada entre 200-250 km/h, que había sido recientemente renovada y que hasta ahora quizá se especula con que algunos maquinistas hubieran informado en algún momento de que en algún punto posterior a un cambio de vías se oía un pequeño golpecito o había una sensación que saben notar los profesionales de los trenes, pero poco más.

El caso es que descarriló y quizá eso hubiera acabado en contusiones, en algún fallecido, de no haber venido un tren por la vía contraria como un látigo. Los vagones finales del Iryo, con un total de 317 pasajeros, al salirse de la vía actuaron como látigo para golpear al Alvia que venía en sentido contrario con 180 personas a bordo. 

Y con tan mala suerte que los dos primeros vagones de ese Alvia, que llevaba 56 personas, además de recibir el impacto, cayeron a un talud de 4 metros de altura. Un auténtico desastre. Como decimos, deja un balance provisional de 39 muertos, que es lo que sabemos ahora mismo, y un número de heridos también por determinar. Toda cifra que demos ahora de heridos y de fallecidos es provisional y dentro de algunas horas o minutos puede verse alterada.

Es un auténtico desastre. A lo largo de estas horas hemos venido contactando con algunas de las personas que se han visto involucradas, bien directa, bien indirectamente, en este fatal accidente, como Carmelo de Punta Umbría, cuyo hijo había ido a Madrid a ver el partido en el Bernabéu y venía de vuelta en el primer vagón del Alvia, que se ha ido al terraplén después de chocar con el Iryo descarrilado. El conductor del Alvia, en el que viajaba el hijo de Carmelo, ha muerto en el acto, y las primeras llamadas de Carmelo han sido angustiosas porque no daba con su hijo y lo poco que ha podido averiguar a través del amigo que viajaba con él ha sido tremendo.

Te pone los pelos de punta escuchar ese testimonio y te pones en el lugar de ese hombre. Lo escuchamos en la emisión del Partidazo de COPE. Luego, los testimonios de afectados que han vivido en carne propia el susto y el trauma de ese impacto, como Ester, que viajaba en dirección a Huelva.

Háganse la idea de lo que es viajar en un tren que sufre un impacto como ese. Y ya no te digo si vas en uno de los vagones que vuelcan. En los trenes la gente no va con el cinturón en el asiento. Las maletas, las más ligeras, están sobre las cabezas de los pasajeros y lo primero que hacen es salir disparadas en cualquier dirección.

El golpe que sufre el cuerpo entre asientos, los pasajeros despedidos, objetos volando… todo eso puede ser atroz. Acuérdense del accidente de la curva de Angrois. La mayoría de los fallecidos en aquel accidente lo fueron porque fueron golpeados brutalmente por las maletas que estaban en los altillos. La golpiza es atroz.

Y lo peor es que los minutos posteriores son cruciales para mantener la calma, porque hasta que llega el aviso de lo que ha pasado, los heridos y los muertos, en estado de shock, solo se tienen a ellos mismos y se miran unos a otros. Ahí los menos magullados han tratado de mantener la serenidad y seguir las instrucciones del personal de los trenes.

Durante toda la noche los servicios de emergencia han estado trabajando para atender a los heridos, y también los vecinos de Adamuz se han volcado con los afectados. Hasta la zona se han desplazado el ministro competente, el presidente de la Junta, Juanma Moreno, el consejero de Presidencia, Antonio Sanz, y Renfe ha anunciado que la circulación de trenes entre Madrid y las principales capitales de Andalucía queda suspendida al menos durante dos días.

Visto en ABC

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