"Si el conflicto se extiende en el tiempo, como ocurrió con Ucrania, el shock podría ser mayor que el de la histórica crisis del canal de Suez"

El director de 'Herrera en COPE' analiza las consecuencias de la guerra de Irán

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Señoras, señores, me alegro. Buenos días. Espero que estén ustedes bien. Hombre, es lunes y el espíritu recobra fuerzas, ganas. Un lunes feote, eso sí, de agua y de tiempo inestable, pero bueno, cosas de la primavera: todo es inestable. Fíjense ustedes. Vean los mercados cómo están de inestables. Entramos en esta semana con la sensación de que la guerra de Oriente Medio, o de Próximo Oriente, ha entrado en una nueva dimensión, esa dimensión que te dice que esto va para largo. Para largo. No es una guerra relámpago ni mucho menos.

Y además las consecuencias de la guerra no son solo la destrucción, la pérdida de vidas, lo que todos sabemos que resulta inapelable en una guerra. Es también la sensación de pánico económico que viene inmediatamente después. El barril de crudo se ha puesto en 110 dólares. Las bolsas, por ejemplo las asiáticas esta noche, se han dado un jardazo inmenso. Corea del Sur ha tenido que cerrar directamente la bolsa porque ya iba por el 7 % de pérdidas. Las economías asiáticas han quedado muy afectadas.

¿Por qué? Por el bloqueo de la producción petrolífera en la zona de Ormuz. Y no le digo yo al resto del mundo si pasa algo en el mar Rojo o en el canal de Suez. Claro, cuando el inversor, cuando las empresas, cuando quienes mueven el dinero tienen la sensación de que la guerra se va a prolongar más de lo previsto y que no hay cambios sustanciales en las estrategias de los actores implicados, el nerviosismo se dispara. Ya lo vimos con la guerra de Ucrania.

En Ucrania se vio cómo la correlación de costes económicos ha cambiado. Los ejércitos poderosos pierden ventajas si tienen que detener con misiles muy caros drones fabricados por mucho menos dinero. Un ataque con 100 drones te cuesta tres millones de dólares. Y con 100 drones se puede hacer bastante daño. En cambio, una defensa antiaérea con 100 misiles Patriot te cuesta 350 millones de dólares. La diferencia es evidente.

Irán está siendo muy castigado, pero el régimen resiste. No hay sublevación popular contra los ayatolás porque la represión es feroz. Y ahora los ayatolás han elegido a Mojtaba Jamenei, el hijo del líder asesinado, como sucesor del padre. Por lo tanto, el régimen opta por una línea dura. No hay ningún escenario abierto a la negociación y los ataques con misiles y drones contra países vecinos continúan.

Además, están golpeando infraestructuras muy delicadas. En Baréin han atacado una planta de agua potable. No hace falta explicar lo importante que es el agua potable en los países del Golfo, casi tanto como el petróleo. Estados Unidos tampoco da señales de aflojar. Israel tiene dos frentes abiertos, Irán y el Líbano, y actúa con contundencia.

Estados Unidos tampoco plantea un cambio de estrategia, aunque no descarta enviar tropas de élite sobre el terreno. ¿Para qué? Para hacerse con el uranio de los ayatolás y evitar que fabriquen una bomba nuclear, porque estos, en fin, seguro que no se cortarían. Los países árabes del Golfo están resistiendo los ataques iraníes y dejan hacer a Estados Unidos y a Israel, evitando entrar en una escalada mayor.

Aquí todo el mundo aguanta. La pregunta es por cuánto tiempo. ¿Cuánto va a durar el arsenal de misiles que tiene Irán? Pues dependerá de si los israelíes, junto con la inteligencia israelí y norteamericana, encuentran dónde los tienen escondidos. No será un solo sitio, serán muchos. Y dependerá también de cuánto tiempo tengan capacidad de producir drones.

Y otra gran pregunta: ¿cuánto van a aguantar los mercados esta crisis energética? Porque dicen los analistas que estamos ante la mayor disrupción del mercado del petróleo de la historia. Muchas infraestructuras petrolíferas en Irán y en los países del Golfo han sido dañadas. Eso afecta a la producción, a la capacidad de refino y al almacenamiento.

Si ahora llegara un alto el fuego, la crisis podría quedarse en algo puntual. Pero si el conflicto se extiende en el tiempo, como ocurrió con Ucrania, el shock podría ser mayor que el de la histórica crisis del canal de Suez a mediados del siglo pasado. Y aquí en España ya se nota. La gasolina de 95 está en torno a 1,7 y el diésel cerca de 1,8.

Más caro el diésel porque Europa tiene problemas de suministro desde que dejó de comprar diésel a Rusia. Mañana la Junta de Portavoces del Congreso fijará la comparecencia de Sánchez. Yo le llamo Némesis Sánchez, porque dicen que es la némesis de Trump. Bueno, pues Némesis Sánchez informará de este conflicto y será interesante saber si estamos o no estamos en guerra.

Oficialmente no. Pero hemos enviado a la zona de conflicto nuestra mejor fragata, la Cristóbal Colón. Y la Ley de Defensa Nacional obliga al Gobierno a solicitar el permiso del Congreso. Sánchez no lo va a hacer porque o se lo vota el PP o no lo saca adelante. Por eso mantiene que no hace falta pedir autorización.

Dice que la misión en Chipre sería la misma que venía realizando en el Báltico. Claro. Debe de ser exactamente lo mismo defender a Europa en el Báltico frente a Rusia que hacerlo en el Mediterráneo frente a los misiles iraníes. En fin. Seguramente vamos a tener que hacer muchos análisis serios de este asunto de Oriente Próximo para ver cómo puede acabar todo esto.

Y mientras tanto, aquí en España resaca de la celebración del 8M con más pena que gloria. Algo ha pasado para que la gente se haya desencantado de esa manera. La mayoría de la gente cree en la igualdad entre hombres y mujeres. Pero muchos ya no quieren manifestarse detrás de pancartas de quienes aprobaron leyes que acabaron rebajando condenas a agresores o de quienes han tolerado comportamientos indecentes en su propio entorno político.

No se vio en las marchas ni a Begoña Gómez, que antes no se perdía ni una. Ahora sabemos que mientras defendía el feminismo vivía de los pingües negocios de su padre en saunas de prostitución masculina y femenina. Así están las cosas. El feminismo está de capa caída.

Como explica hoy El País, muchas de las protestas de ayer se centraron más en la guerra o en los ultras. El lema más coreado fue “No a la guerra”. Pero ni con esas se consiguió una movilización masiva. Ni con esas.

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