

"Los agricultores y ganaderos necesitan que los políticos los tengan en cuenta, pero también que los consumidores lo hagamos"
Es el análisis de Carlos Herrera del jueves 12 de febrero
- 4 min lectura | 9:18 min escucha
Señoras, señoras, buenos días.
Me alegro de saludarles en esta mañana en la que ya les anuncio que hay viento, mucho viento, sobre todo en la mitad de la península. Se registran olas importantes, por ejemplo, en el litoral cantábrico, el vasco y el coruñés, con alturas de más de nueve metros. Hay una borrasca activa y el tiempo inestable va a continuar, previsiblemente, hasta el fin de semana.
Hoy es un día en el que, además de pedir prudencia por el viento, queremos mandar mucho ánimo a varios colectivos, especialmente a los hombres y mujeres del campo español, que ayer llenaron las calles de Madrid.
Hablamos de un sector que tiene razón en la inmensa mayoría de sus reivindicaciones. No puede ser que sigan vendiendo a precios muy similares a los de hace años, que la subida del precio final no repercuta en ellos, que las ayudas europeas sean cada vez más restrictivas y que el acuerdo con Mercosur, positivo en otros ámbitos como la venta de coches, suponga dejar en la picota a nuestros agricultores, ganaderos y pescadores.
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Los apoyos morales no dan de comer. El sector primario necesita que los políticos lo tengan en cuenta, pero también que los consumidores lo hagamos. Y que, en la medida de las posibilidades de cada bolsillo, a la hora de comprar apostemos por el producto nacional.
Otro colectivo al que hoy hay que recordar es el de las víctimas de Adamuz y sus familias. La sensación que deja el pleno de ayer en el Congreso es que fue cualquier cosa menos un alivio para su desconsuelo. La comparecencia de Pedro Sánchez terminó como muchos sospechábamos: en un espectáculo insólito y degradante, un nuevo ejercicio de escapismo basado en la conocida táctica de Steve Bannon de inundar el campo de ruido.

Vista aérea de los trenes accidentados cerca de Adamuz
Aquello fue un auténtico ómnibus del cuñadismo. En el Congreso se habló de Bad Bunny, de Iker Jiménez, de Vito Quiles, de los meconios, del galgo de Paiporta y de tuits copiados por Rufián. Este es el nivel de la política española cuando debe enfrentarse a una tragedia tras otra, después de la DANA.
Ayer, en Portugal, dimitió la ministra de Interior por su mala gestión de los temporales. Miramos a Portugal con una mezcla de envidia y admiración, porque allí existe algo llamado responsabilidad política.
Aquí, en cambio, no hay ni conocimientos ni moral. Por eso se habla de Bad Bunny para no explicar por qué han fallecido 46 españoles en un accidente de tren en una vía cuyas deficiencias habían sido advertidas reiteradamente.
MÁS CLAVES DE LA COMPARECENCIA DE SÁNCHEZ EN EL CONGRESO
Sánchez llegó al Congreso a la defensiva, tratando de sacudirse responsabilidades, mintiendo y señalando a supuestos enemigos: la oposición, la prensa y los llamados pseudomedios. Tiene el descaro de acusar a los demás de mentir y de intentar dividir a la sociedad, mientras él evita hablar de lo esencial.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
El presidente tuvo el cuajo de quejarse de la oposición, pero sobre el accidente no dijo nada sustancial. Todo se reduce a fatalidades, protocolos insuficientes y culpas ajenas.
Hoy resulta reveladora la columna de José Peláez en ABC. La comparecencia de Sánchez tuvo que hacerse por iPad desde Valladolid porque el tren que debía llevarle a Madrid fue suspendido. Esa es la realidad que viven miles de españoles mientras el presidente se dedica a atacar a programas de televisión.
El pleno de ayer también mostró el estado de los ánimos políticos tras las últimas elecciones. En la izquierda se vio una obsequiosidad llamativa hacia el Gobierno, con Rufián actuando como el diputado más entusiasta del PSOE, incluso más que Patxi López.
La misma izquierda que ha acusado de asesinato en cualquier circunstancia, ante 46 víctimas mortales aplaude al ministro responsable del desastre. Aquí se juega al intercambio de siglas y sillas, pero cada vez queda una menos para tapar su indigencia electoral.
Han sido palmeros de Sánchez, acríticos y poco exigentes. El ejemplo más claro ha sido Rufián. Hoy Darío Prieto lo escribe en El Mundo con acierto: en otro país estaría siendo atendido por los servicios sociales. Aquí se presenta como estadista, disfrazado de español, actuando como bufón de la corte mientras intenta vender un proyecto absurdo: el de un independentista catalán tratando de liderar la izquierda española para salvar España.
No te pierdas el resto del análisis de Carlos Herrera en el audio adjunto.




