"El procrastinador puede estar muy ocupado respondiendo correos electrónicos irrelevantes o recolocando especias por orden alfabético con una eficacia admirable, pero aplicada al sitio y momento equivocados"

La profesora Bianca Thoilliez analiza en 'Herrera en COPE' las claves de este comportamiento, desde sus raíces griegas hasta sus consecuencias en la política actual

Una mujer ordenando las especias

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Una mujer ordenando las especias

Redacción digital

Madrid - Publicado el

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El término procrastinar se ha popularizado en la última década para describir un hábito tan antiguo como la humanidad: dejar las cosas para mañana. Con la llegada de un nuevo año y sus propósitos, esta tendencia se hace más evidente. Para analizar este comportamiento, la profesora de Teoría de la Educación en la Universidad Autónoma de Madrid, Bianca Thoilliez, ha visitado el programa 'Herrera en COPE' para compartir en su ‘Laboratorio de ideas’ junto a Jorge Bustos las claves de por qué posponemos nuestras tareas.

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Qué es procrastinar y por qué no es pereza

En contra de la creencia popular, procrastinar no es sinónimo de ser vago. Según explicó Thoilliez, "el procrastinador no está tirado mirando al techo, o no siempre". De hecho, puede ser una persona muy ocupada, pero en tareas irrelevantes como limpiar ventanas o responder correos sin importancia, aplicando una gran eficacia "al sitio y momento equivocados".

El origen del problema no es una mala organización del tiempo, sino una dificultad emocional. "Procrastinamos porque algunas tareas nos aburren, nos dan miedo, nos angustian, nos dan pereza, nos hacen dudar de nosotros mismos, y aplazarlas, pues produce ese alivio breve, pero inmediato", afirma la experta. El problema es que este alivio es temporal y, al final, genera un castigo doble: la tarea sigue sin hacerse y la persona se siente culpable por ello.

Una mujer tirada en el sofá con el móvil

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Una mujer tirada en el sofá con el móvil

Este comportamiento fue definido por los antiguos griegos con el término acracia, que consiste en "hacer lo contrario de lo que sabes que te conviene". Esta contradicción interna provoca que, tras el alivio momentáneo de posponer una tarea, aparezca un sentimiento de culpa, un doble castigo que afecta negativamente al bienestar emocional y nos deja sin fuerzas para afrontar los retos.

Un mal con raíces filosóficas

La profesora también ha recurrido a la filósofa Hannah Arendt, quien argumentaba que el verdadero desafío no es la disciplina, sino la capacidad de comenzar. Para Arendt, empezar algo nuevo es "casi un milagro" en un sentido filosófico, un acto que interrumpe la monotonía y la repetición, permitiendo a los seres humanos iniciar algo nuevo, "aunque sea pequeño y aunque sea torpemente".

Incluso en la literatura clásica española encontramos referencias. En El Cantar del Mío Cid, el rey, ante la llegada del Cid, pospone los asuntos importantes. La palabra procrastinar viene del latín 'cras', que significa mañana, un mañana que calma el presente, pero que puede convertirse en una trampa si todo lo importante se queda estancado en él.

El Cid Campeador

El Cid Campeador

La procrastinación en la política: un peligro para todos

Este hábito no solo afecta a la vida personal, sino también a la esfera pública. Thoilliez advierte que en la gestión de los servicios públicos también se procrastina, ya que "las decisiones aburridas se aplazan". Mantener, revisar o reforzar infraestructuras existentes no ofrece el mismo rédito electoral que inaugurar algo nuevo, lo que lleva a los gobernantes a priorizar proyectos visibles que generan titulares inmediatos.

Esta tendencia a dejar lo importante para 'cras' (mañana) es, según la experta, "peligrosísima". Thoilliez advierte que "la gestión de lo común no puede vivir instalada en el crash, en el dejar para un mañana futurible". Procrastinar en la gestión pública tiene consecuencias reales y graves, como listas de espera, accidentes y deterioros varios que se acumulan de forma "lenta, pero inexorablemente" en todos los niveles de la administración.

Como conclusión, la experta sugiere que el mejor propósito para este año no es cumplir más métricas, sino algo más modesto: "empezar algo pequeño" de forma regular y sin la presión de medirlo. Entender que "decidir bien y hacer lo que hay que hacer en lo personal y en lo público casi nunca es lo más excitante" es el primer paso para vencer la procrastinación.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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