"El narcisismo no tiene un color político, es más bien un traje ajustable, como una 'skin' del Fortnite que te pones; el líder narcisista convierte la política en extensión de su identidad"
La profesora Bianca Thoilliez analiza en COPE las claves de este fenómeno que transforma el poder en un culto a la personalidad y ofrece las herramientas para combatirlo

Madrid - Publicado el
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El narcisismo se está convirtiendo en una constante en la política actual. Cada vez más líderes, sin importar su ideología o país, abandonan el modesto plural para abrazar un ‘yo’ personalista, donde la biografía se confunde con el proyecto político. Para analizar este fenómeno, el programa Herrera en COPE ha contado en su sección ‘Laboratorio de ideas’ con la profesora de Teoría de la Educación en la Universidad Autónoma de Madrid Bianca Thoilliez, quien ha desgranado junto a Jorge Bustos las claves del creciente narcisismo en los líderes políticos.
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El narcisismo en la política, por Bianca Thoilliez | Laboratorio de Ideas
El programa soy yo
Thoilliez define el narcisismo político como una tendencia en la que, en lugar de confiar en instituciones o equipos, los líderes se presentan como un ‘yo’ salvador y autosuficiente. La promesa se psicologiza, como resume la experta: “[No te ofrezco un programa, te me ofrezco a mí mismo]”. Se trata, en esencia, de una versión moderna del absolutista “[L'état, c'est moi]” de Luis XIV, donde el mensaje es que nada funciona sin la figura del líder.
El mito que explica el presente
El término, popularizado por el psicoanálisis de Freud, proviene del mito de Narciso, que en la versión de Ovidio narra la historia de un joven de gran belleza. Sobre él pesa una profecía: vivirá mucho tiempo si no llega a conocerse a sí mismo. Narciso rechaza con desdén a todos sus pretendientes, incluida la ninfa Eco, lo que provoca la ira de la diosa Némesis.
Como castigo, la diosa lo condena a “amar sin poseer”. Al inclinarse sobre una fuente, Narciso ve su reflejo, se enamora perdidamente de él y, sin poder apartarse de la imagen, se consume en un anhelo insatisfecho hasta morir. En su lugar, nace la flor que lleva su nombre. Como explica Thoilliez, el psicoanálisis usa esta imagen para ilustrar cómo la energía del deseo, la libido, se repliega sobre uno mismo.

Donald Trump
Una ‘skin’ adaptable a cualquier ideología
Este perfil narcisista triunfa porque, según la experta, encaja con la forma cultural de nuestra época, obsesionada con la visibilidad y la autoafirmación. El líder narcisista ofrece una seguridad impostada que, aunque no se base en un mayor conocimiento, convence a una parte de la sociedad. Este fenómeno es transversal, afectando a líderes de ideologías y contextos tan dispares como Sánchez, Macron, Putin o Trump, que comparten un mismo “aire de familia”.
Y es que, como apunta la profesora, el narcisismo “[no tiene un color político, es más bien un traje ajustable]”, como una ‘skin’ del Fortnite. El líder convierte la política en una extensión de su propia identidad, donde la crítica es un ataque personal y la realidad se manipula si no confirma su relato. “Retocamos los datos o lo que haya que tocar un poquito y listo, para que la realidad no perturbe mis planes”, ironiza.
El narcisismo no tiene un color político, es más bien un traje ajustable"
Profesora de la Teoría de la Educación
Para protegerse de los líderes endiosados, Thoilliez propone empezar por lo estructural: reintroducir límites. Es necesario que la mentira vuelva a tener costes políticos, que el mal trabajo tenga consecuencias y que “el verbo dimitir” vuelva a conjugarse. Además, resulta fundamental contar con instituciones fuertes y procedimientos sólidos que no dependan del carisma personal de un líder.
Otra herramienta es el contacto con la realidad. La profesora reclama que los gobernantes salgan de su “burbuja de moquetas y coches oficiales”, escuchen a quienes discrepan y rindan cuentas por hechos y no por performances. Para los ciudadanos, la clave es evaluar a los políticos por sus acciones: “menos reels y más leyes bien hechas, menos vídeos en TikTok y más trabajo serio en los expedientes”.
Finalmente, Thoilliez defiende cultivar una actitud de servicio y gratitud en el poder, viéndolo como un privilegio temporal. Y, por último, defender el humor en todas sus formas. Al narcisista “le molestan las bromas, los memes, las parodias”, porque el humor pincha la grandiosidad y recuerda que nadie es tan importante como para no merecer un buen chiste a su costa.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



