Álvaro, el fósforo de hoy: “Mi suegra es encantadora, hace encantos... Vamos, que es una bruja”

El encontronazo entre Doña Letizia y Doña Sofía brinda a nuestros oyentes a hablar sobre su relación con su suegra 

 

COPE.ES

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 12:12

“¿Cómo es la relación con sus suegras? ¿Les hacen la vida imposible?”. Con esta pregunta comenzaba hoy Carlos Herrera La hora de los fósforos en “Herrera en COPE”, pidiéndole a los oyentes que contaran en antena las anécdotas más divertidas que habían tenido con la madre de sus parejas.

José Luis contaba cómo un día, mientras estaba de compras en el Corte Inglés con su mujer, su suegra se perdió. Tan mala suerte tuvo que al final pudieron encontrarla. “Mi mujer entró en pánico, pero yo iba por los pasillos gritando: 'Se ha perdido mi suegra. El que la encuentre para él'”. Tan mala relación tenía con ella que terminó viajando a vivir al norte, a 1.000 kilómetros de ella, dejándola con su mujer en Andalucía.

Yolanda, de Gijón, tampoco tuvo buena suerte con la madre de su marido. Recuerda como su suegra le compraba plantas mimosas y las ponía en el salón, a pesar de que ella era alérgica. También se acordaba de cómo, cuando viajaban al pueblo a visitarla, a ella le tocaba dormir en la cama de la abuela, “y a mi marido en una cama plegable en otra habitación”. Y todo esto porque la suegra había visto que su nuera y su hijo no tenían pensado tener hijos aún...

José María cuenta otra anécdota sobre su esposa danesa. Cuando fueron a visitar a su madre en la costa, esta hizo pescao frito y boquerones para comer. La mujer danesa, que quería aderezar el pescado con una salsa tártara que había traído desde su tierra, recibió un cachete de la madre cuando estiró la mano hacia el plato. El hombre se río, le guiñó el ojo y le dijo que a partir de ese momento había sido aceptada en la familia.

La suegra de María Antonia no se cortó un pelo con su nuera. “¿Verdad que nos detestamos tú y yo?”, llegó a decirle. Recuerda un día que fue a visitarla con su marido, cuando aún eran novios, y su suegra había insistido en pintarle un retrato desnuda de cintura para arriba. La mujer, muerte de vergüenza, siguió yendo a la casa de su suegra durante dos años, y cuando esta le reveló el cuadro descubrió la sorpresa. La había pintado con un traje de terciopelo hasta el cuello.

Merche, por el contrario, no se esperaba que su suegra fuera a ser tan hostil con ella. La primera vez que fue con su novio al pueblo, la mujer le pidió unas toallas porque su marido se estaba duchando, a lo que la suegra respondió: “El día que se case le preguntarás a tu marido dónde tiene los testículos”. La última de las oyentes, Mariví, resume muy bien su relación con las suegras en una frase: “la suegra, con la boca cerrada y el bolsillo abierto”.

Pero no todo va a ser malo. Algunos de los oyentes destacan el lado positivo de tener relación con su suegra: sus habilidades gastronómicas. A fin de cuentas, Marisa reconoce que si logró conquistar a su marido fue porque su suegra le enseñó a cocinar deliciosos guisos caseros.

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