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Luis del Val: “Putin, el torturador en jefe, practica la tortura más cavernícola”

Habla el profesor de los métodos que emplea el presidente ruso con los cuatro presuntos terroristas del atentado de Moscú para que confiesen sus actos

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Luis del Val

Colaborador

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 09:52

Luis del Val pone el foco de la imagen del día de "Herrera en COPE"en Vladimir Putin y los métodos que emplea para que los cuatro presuntos terroristas del atentado de Moscú, en el que han fallecido 137 personas, confiesen sus crímenes y quienes les han ordenado la matanza:

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En la portada de ABC aparece el rostro de unos de los acusados de la matanza de Moscú, y, como el resto de sus colegas de masacre, presenta huellas evidentes en el rostro, que no son debidas a pasar un par de horas en una peluquería de señoras.

La tortura es la herramienta de las dictaduras, y a las dictaduras les es muy útil, porque el torturado, tras unas cuantas sesiones, es capaz de decir que fue él quién clavó en la cruz a Cristo. Eso quiere decir que, si el dictador Putin se empeña, los torturados pueden firmar una declaración en la que digan que Alá es Grande, pero que obedecen órdenes de Zelenski.

Cuanto más brutal es la dictadura, más brutal es la tortura, más impúdica. No es que les tenga simpatías a estos asesinos sobre multitudes inocentes, pero la tortura nos degrada, y nos pone al nivel de los asesinos. Debido a este extravagante oficio del periodismo he hablado con tres o cuatro torturados. Lo más fino es tener al torturado desnudo, y los interrogadores vestidos. Da lo mismo que sea hombre o mujer. La sensación de haber sido degradado, convierte al torturado en un guiñapo. Luego, lo de la luz y el ruido, día y noche. A las cuarenta y ocho horas de no haber podido ni dar una cabezada, cualquier persona ha dejado de serlo. Y eso, sin recurrir a los golpes, al dolor, a las corrientes eléctricas en los genitales, a las apneas en barreños llenos de agua y excrementos, y otras exquisiteces, que he escuchado de labios de víctimas de las torturas.

Había un eufemismo que los periodistas conocíamos muy bien durante la dictadura franquista, y era un párrafo que decía:“tras un hábil interrogatorio, el detenido confesó que…” y a continuación lo que el torturado le habían obligado a firmar. Lo de los golpes es muy grosero. A mí me parece que una tortura refinada sería encerrar al torturado con un par de separatistas, dándole la vara sobre el nacionalismo.

Usted y yo, después de dos días, nos declarábamos culpables de haber negociado la detención de Jesús en el huerto de Getsemaní. O un día escuchando a un rapero de éxito, que te obliga a pedir clemencia. Putin, el torturador en jefe, con cuyos servicios secretos pactaron los secesionistas, sigue sin tener maneras, y practica la tortura más cavernícola. A la vista de todos está.


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