"Un hombre decente dimite porque tapó lo que sabía o bien porque lo ignoraba y seguía avalando con esa ignorancia a un agresor sexual"

Jorge Bustos analiza todas las informaciones alrededor de la denuncia de una subordinada al ya ex DAO de la Policía

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Y es verdad que nuestra esperanza se enfrenta cada día a noticias que la ponen a prueba. Por ejemplo, se cumple un mes del accidente de Adamuz en el que murieron 46 personas que hoy se sienten un poquito más abandonadas porque el foco mediático ahora ya se ha desplazado a otros lugares. Y en este tiempo, en este mes, nadie ha asumido todavía ninguna responsabilidad por la peor tragedia de la alta velocidad en España. Eso sí, Óscar Puente cortó un par de cabezas por el caos de Rodalíes, del Servicio de Cercanías Catalán, porque se lo exigieron los que mandan en este gobierno, que son los independentistas y el PSC. Pero del descarrilamiento del Iryo debido al estado de la vía nadie se ha hecho responsable.

Te recuerdo que en el país vecino ha dimitido a la ministra del Interior por la docena de muertos que causó en Portugal la borrasca Leonardo. Aquí Óscar Puente ha decidido que ya está bien de vivir a la defensiva, de hacer el papel de ministro compungido y empático que ha interpretado durante unas semanas, así que se ha quitado la careta y ha vuelto a ser el de siempre. El 'ministroll' convencido de que la mejor defensa siempre es un buen ataque, un ataque lo más zafio posible. Además, eso no me lo dices en la calle, este es el nivel. Pero lo peor es que estaba defendiendo a Fernando Grande-Marlaska, seguramente el ministro con más escándalos en su ejecutoria y con más razones para dimitir desde 1978.

El cese ilegal de Pérez de los Cobos, los acercamientos y escarcelaciones de presos etarras, el informe falso para borrar las agresiones a los dirigentes de Ciudadanos en el orgullo gay, la discriminación de los policías frente a los Mossos en el proceso de vacunación durante el Covid, la retirada de competencias de la Guardia Civil a Navarra, la masacre de la valla de Melilla y las crisis migratorias en Canarias y Ceuta, el lío con los contratos de armas con Israel, el asesinato de dos guardias civiles en Barbate después de haber desmontado la unidad especializada en la lucha contra el narco, las sucesivas reprobaciones parlamentarias —tres creo que lleva ya—, y podría seguir.

Marlaska es un cadáver político desde hace siglos, pero esa es precisamente su utilidad para Pedro, porque como decían en Juego de Tronos, lo que está muerto ya no puede morir. Absorbe todos los impactos y para todos los golpes, y además conoce todos los secretos del jefe; y es juez, no lo olvidemos. El último de los escándalos que le afectan y que exigiría su dimisión por enésima vez tiene que ver con José Ángel González, el DAO de la Policía Nacional, conocido como J. Y siendo benévolos con Marlaska, que ya es mucho ser, el ministro se habría enterado el último de que su mano derecha en la Policía Nacional había violado presuntamente a una subordinada hace 10 meses en su piso oficial. 10 meses desde que se produjeron los hechos, un mes desde que se presentó la querella, pero Marlaska no sabía nada.

Y eso que en la policía, como cuenta hoy El Mundo, era un clamor que, cito textualmente, “a J le costaba subirse la bragueta”. Esto es lo que opina al respecto de esa ignorancia del ministro tampoco convincente, Laura García, que es la portavoz del sindicato policial mayoritario Jupol: “Nosotros no nos hemos caído de espaldas cuando dijeron que era el DAO, porque siempre se ha sospechado o especulado de comportamientos, digamos, impropios. Entonces, bueno, pues no nos caemos de espaldas. Si te soy completamente sincera, actitudes indecorosas”.

Así que en la policía se sabía cómo era el DAO, ese jefe impecable, según Marlaska, al que el ministro prorrogó en su cargo cuando le tocaba jubilarse porque era una figura, cito, indiscutida e indiscutible. Y nos tenemos que creer que en el cuerpo se sabía y en la cúpula no. Nos lo creemos, aunque el comisario que trabajaba con el DAO, también apartado ya, presionara a la víctima para que no denunciara intentando comprar su silencio con un buen destino. Marlaska dijo ayer en el Congreso que solo dimitirá si es la propia víctima la que le critica por haberse sentido desprotegida. O sea, algo así como si necesita mi dimisión que la pida, parafraseando al galgo de Porta, que por cierto ayer había vuelto a huir del Parlamento, esta vez a la India.

Pero, ¿qué es esto de volcar la carga de la crítica sobre una víctima? O sea, ¿más presión sobre una mujer que está de baja y que no sale de casa porque está muerta de miedo? ¿Más presión aún? ¿Cómo no se va a sentir desprotegida si su propio abogado contó a quién COPE ayer que fueron a los tribunales porque no se fiaban de asuntos internos y que la víctima no paraba de sufrir presiones?

Ministro, un hombre decente dimite cuando siente que debe hacerlo, o bien porque tapó lo que sabía o bien porque lo ignoraba y seguía avalando con esa ignorancia a un agresor sexual. En democracia, dimitir no es una claudicación. Vamos a recordar esto. Ante hechos graves, es la única forma de restaurar la confianza de la gente en las instituciones. Si está creciendo tanto la rabia antisistema en nuestro país, es por esto, porque no dimite nadie nunca, porque el sanchismo ha abolido la vergüenza torera. Nadie asume su responsabilidad. Y por tanto, la gente piensa que la democracia solo sirve para que los que mandan se atornillen al sillón, pase lo que pase. Y esto es triste siempre, pero es que estamos hablando de la cúpula de la Policía Nacional.

¿Nos damos cuenta de lo que significa que la institución encargada de velar, entre otras cosas, por la seguridad de las mujeres maltratadas, haya estado dirigida por un presunto agresor sexual, elegido y elogiado por el ministro del Interior? No basta con una dimisión, deben ser dos.

Las propuestas de Rufián

Por cierto, ya termino. Ayer estuve escuchando un ratito la charla del Frente Popular de Judea, que forman de momento dos políticos de extrema izquierda, Gabriel Rufián y Emilio Delgado. Ojo con confundirlo con el Frente Judaico Popular, que ese es el que quiere formar Antonio Maíllo de Izquierda Unida con lo que queda del yolandismo y los comunes de Ada Colau, que no sé si sigue en política o se quedó en la flotilla.

Bueno, es verdad que del dúo Delgado-Rufián, el famoso es Rufián, pero el listo es el otro, Emilio Delgado, que es diputado de Más Madrid, y dijo algo muy inteligente. Dijo que insultar a los chavales de clase obrera de los barrios porque se están yendo a Vox es absurdo. Y que si la izquierda quiere recuperarlos tiene que acercarse a ellos y compartir su lenguaje y sus preocupaciones, empezando por la inseguridad real en sus barrios.

Es un buen diagnóstico, pero resulta que los mamporreros del sanchismo digital se pasan el día llamándolos fachapobres en las redes, que es el nuevo insulto de moda en la izquierda caviar de Pedro y Yolanda. Luego se quejan de que pierden todas las elecciones. A lo mejor es que a la gente no le gusta que le insulten y que le den lecciones de superioridad moral en vez de viviendas, curros dignos y futuro.

Eso sí, Rufián ayer reconoció que lo del burka es una salvajada, dijo. Ya solo falta que obre en consecuencia si quiere que le voten, porque el día anterior había votado en contra de prohibir el burka, será que hay salvajes malos como Vox y salvajes buenos como él.

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