"Hemos normalizado la mediocridad, no se depuran responsabilidades. Vivimos con miedo por Adamuz y por los retrasos, cancelaciones..."

Curro Suárez y Alberto Herrera se montan en el AVE Madrid-Sevilla tras la tragedia y son testigos de la incertidumbre y la resignación en el primer día de servicio

Varios pasajeros se suben a tren AVE con destino Sevilla en la estación de Atocha en Madrid a primera hora de la mañana
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Curro Suárez y Alberto Herrera emprenden un viaje Madrid-Sevilla tras la tragedia de Adamuz en 'Herrera en COPE'

Paola Albaladejo

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4 min lectura12:11 min escucha

Un silencio sobrecogedor. Esa es la atmósfera que se respira en uno de los primeros trenes que conectan Madrid y Sevilla tras el restablecimiento de la línea, justo un mes después del accidente de Adamuz. A bordo, Alberto Herrera y Curro Suárez, de 'Herrera en COPE', han sido testigos de cómo la inquietud y la resignación se han convertido en las protagonistas del viaje, reflejando el sentir de miles de usuarios.

En el vagón 5, las caras de preocupación en la estación de Atocha se transforman en un mutismo casi total durante el trayecto. Camino de la cafetería, el ambiente parece algo más relajado, con familias merendando y conversaciones aisladas. Allí se encuentra Paco, un viajero habitual que, gesticulando con indignación, comparte su frustración con un amigo.

La odisea de los viajeros habituales

Paco, que realiza el trayecto Sevilla-Madrid dos veces por semana por trabajo, relata el calvario vivido durante el último mes. "Te puedes imaginar el dinero que a mí me ha costado tener que organizarme de otra manera distinta sin poder contar con este trayecto, la pérdida de reuniones, el cierre de algunas ventas, ralentización de todos los procesos", lamenta.

Su enfado se dirige a la gestión de la crisis y la falta de explicaciones convincentes. "Y al final, lo que tenemos que escuchar diciendo que esto ha sido por el cambio climático o por cualquier otra razón que se les ocurra... y no se depuran responsabilidades", critica. Esta situación ha generado un sentimiento de inseguridad constante: "Y al final, los que hacemos uso de este tren vivimos con miedo, ya no solo por esta desgracia que ha pasado, sino con miedo de que, los retrasos que hay, las cancelaciones, de que no te puedes organizar".

Para sobrellevarlo, los afectados han recurrido a la autoorganización. "Hemos estado organizando, pues, por grupos de WhatsApp con amigos, con otros compañeros de negocio, con conocidos desconocidos, intentando cuadrar viajes", explica Paco. Considera desolador que un servicio que durante 15 años fue "infalible" haya caído en tal precariedad. "Parece que nos hemos acostumbrado y hemos normalizado la mediocridad de este país", concluye con amargura.

Incertidumbre, miedo y resignación generalizada

El caso de Paco es el de muchos de los 10 millones de usuarios anuales que utilizan la alta velocidad entre Madrid y Andalucía. En la estación de Atocha, las palabras más repetidas son incertidumbre, pena y tiempo. La certeza de llegar puntual ha desaparecido, y la sensación de seguridad se ha visto gravemente mermada.

Lugar del accidente ferroviario en Adamuz

Lugar del accidente ferroviario en Adamuz

Las voces de otros pasajeros confirman esta sensación. "Es lo que hay, no hay otra cosa. Es así es el país", afirma un hombre con resignación. Otra viajera muestra su indignación: "Yo pago el dinero que me piden por el billete, y es para que cumplan con el horario". El miedo también es palpable, como confiesa una mujer: "Estoy muerta de miedo, he venido muerta de miedo y me voy muerta de miedo, y se me tardará en pasar. Pero bueno, vamos a confiar".

Avisos ignorados y el choque de versiones

El propio viaje de los periodistas es una prueba de la nueva realidad: el tren ha salido con una hora de retraso, ha realizado hasta diez paradas imprevistas y en ciertos tramos, las vibraciones dificultan mantener un vaso de agua en la mesa. La pregunta sobre si la tragedia se podría haber evitado con más inversión en mantenimiento y seguridad es inevitable.

Mientras el Gobierno asegura que se está realizando una "inversión récord", los sindicatos ferroviarios ofrecen una versión muy distinta. Según ha relatado Curro Suárez, el Sindicato Español de Maquinistas (SEMAV) ya advirtió formalmente a Adif en agosto de 2025, cinco meses antes del accidente, sobre el "deterioro de las vías", alertando de averías frecuentes y solicitando bajar la velocidad.

Tras el siniestro, el Sindicato Ferroviario fue más allá e interpuso denuncias ante la Fiscalía y la Inspección de Trabajo, alegando que los accidentes no son hechos aislados, sino el resultado de "años de dejación, de falta de inversión". Desde el Ejecutivo, se defiende la gestión, se apela a la complejidad de la red y se atribuyen los problemas al cambio climático. "Una red ferroviaria no es una tetera, no se arregla en 2 días", ha declarado un responsable, mientras otro afirmaba que el Gobierno "ha respondido poniendo a las víctimas en el centro".

Al pasar por Adamuz, es imposible no mirar por la ventana. Allí sigue el vagón del Alvia siniestrado a la derecha de la vía. Un pasajero se santigua y cierra los ojos. Al llegar a Córdoba, con dos horas de retraso, la conclusión del reportaje es clara: el silencio, las caras sobrecogidas y la incertidumbre son ahora los inesperados compañeros de viaje en el AVE.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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