El artesano del siglo XXI
Raúl del Chano, de vestir escaparates en Nueva York a tejer cestas en un pueblo de 29 vecinos en Teruel
Del Chano pasó de los aeropuertos y escaparates de Massimo Dutti en las grandes capitales a la calma de Los Villanueva, una pedanía de Olba (Teruel) con 29 habitantes. Allí ha encontrado una nueva vida y un nuevo oficio: la cestería convertida en arte contemporáneo, con Instagram como su gran escaparate.

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Madrid - Publicado el - Actualizado
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Raúl Hoyo Salvador, conocido como Raúl del Chano, pasó años viviendo deprisa: aeropuertos, inauguraciones, campañas y escaparates en algunas de las ciudades más importantes del mundo. Sin embargo, mientras su carrera en Massimo Dutti crecía, dentro de él lo hacía otra certeza: quería volver al pueblo. Hoy, instalado en Los Villanueva, una pedanía de Olba (Teruel) con solo 29 habitantes, se despierta mirando el amanecer y a sus caballos.
“Desde pequeño, siempre soñé con vivir en el pueblo y, con los años, ese sueño solo fue creciendo en mi corazón”, confiesa Raúl. Su regreso no fue un impulso repentino, sino el fruto de un proceso largo y meditado, motivado —como él mismo explica— por “la necesidad de recuperar tiempo, naturaleza y vida personal”. Así que, mientras su carrera en Inditex alcanzaba la cima, su mente no dejaba de volver al pueblo de sus tatarabuelos, aquel lugar donde, de niño, pasaba largas temporadas con sus abuelos.

Teruel
Del ajetreo de la moda al amanecer con caballos
El contraste con su vida anterior es total. El ritmo frenético de las inauguraciones y las campañas publicitarias ha quedado atrás, sustituido por una rutina nueva, serena y mucho más íntima. Ahora, sus mañanas no tienen nada que ver con las de antes: “Cada mañana lo más bonito que tengo es que me despierto viendo el amanecer de frente y, a mi derecha, a mis caballos. Entonces, tengo un despertar, la verdad, idílico”, explica.
Me despierto viendo el amanecer de frente y a mi derecha a mis caballos"
Un artesano del siglo XXI
En este entorno, Raúl ha encontrado también su nueva vocación: la cestería. Lo que empezó como un aprendizaje de la cestería tradicional para hacer canastas y cestos, ha evolucionado hacia un proyecto más artístico. "Le he dado como una vuelta a la cestería y estoy en proyectos pues un poquito más artísticos", comenta. Ahora crea tapices, lámparas y otras piezas que combinan el mimbre con piedra y hierro, demostrando que su ojo comercial y publicitario sigue intacto.
Para dar salida a su arte, la tecnología es su gran aliada. "Me muevo muchísimo por Internet. De hecho, casi todas mis ventas, el 90 por 100, viene de Instagram y el otro 10 por 100 es un poco el boca a boca", detalla. Este nuevo modelo de vida no implica un aislamiento total. Raúl mantiene una vida mixta "relativa", ya que necesita viajar puntualmente a ciudades como Madrid o Barcelona para visitar clientes, aunque siempre con prisa por volver. "Me voy lunes y martes, podría alargar la visita pero me vuelvo el martes corriendo para volver al pueblo porque es donde realmente me gusta estar", asegura.
Luces y sombras de la vida rural
A pesar de la aparente soledad de vivir en un lugar tan pequeño, la realidad tiene matices. Uno de los mayores desafíos, admite, puede ser precisamente la soledad. "A veces sí que te sientes muy, muy, muy solo, y entonces, puedes llegar un poco a nublarte", reconoce. Sin embargo, ha aprendido a gestionarla y a encontrar el equilibrio.
La soledad es algo que es bonito vivir con ella, pero también tienes que aprender a saber salir de ella"
Para Raúl, los momentos de introspección se combaten con la cercanía de los vecinos, las visitas a las ciudades o el cuidado de sus dos caballos, que le aportan compañía y responsabilidad. Otro aspecto negativo inesperado ha sido la dependencia total del coche. "He sido un poco anticoche", confiesa, pero en el medio rural "se depende para todo", lo que le obliga a organizar muy bien sus desplazamientos para optimizar cada viaje.
Sin embargo, los beneficios superan con creces a los inconvenientes. Lo que más valora de su nueva vida es "el silencio, el murmullo del río, los rayos de sol limpios". También destaca la importancia de la comunidad: "Cuando pasa algo, no tienes duda de que cualquiera de los vecinos te va a ayudar". Esta red de apoyo y la sensación de pertenencia son, para él, una parte fundamental de la riqueza de vivir en el pueblo.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.




