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Schlichting: "Aunque Iglesias se crea Stalin, él le prometió a su gente mucha democracia interna"

La directora de Fin de Semana analiza la actualidad política

Cristina López Schlichting

Cristina López Schlichting

'Fin de Semana' COPE

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 11:04

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El Gobierno quitará las concertinas de los puntos más conflictivos de las vallas de Ceuta y Melilla. Las concertinas, como sabes, son unas cuchillas que sajan la carne e incluso arrancan pedazos a los que se encaraman a cientos a las vallas de la Frontera de Ceuta y Melilla. Nadie las quiere, y ojo, las puso el Partido Socialista.

Claro que debajo de las concertinas está la Guardia Civil, esperando la avalancha humana, que a menudo les deja cortes y heridas de las armas blancas que portan los inmigrantes. Para compensar, el ministro del Interior, el juez Marlaska, ha prometido una importante inyección de dinero a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

Bien está este necesario respaldo a la Guardia Civil y a la Policía, pero, querido ministro, se echa en falta un debate serio sobre inmigración. ¿Cómo es posible que ustedes acogiesen el Aquarius con alborozo y enviasen una cohorte de honor cuando tocó puerto y se felicitasen por todo lo alto de su llegada y, meses después, cuando, por cierto esos inmigrantes están al cuidado de Cáritas, hayan hecho todo lo contrario con el pobre carguero que cogió a gente a punto de ahogarse en la costa de Siria y luego dejaron que vagase salvajemente por el Mediterráneo, negándole puerto.

Esto, querido ministro, no hay quien lo entienda. Se conoce que entre Falcon y Falcon, entre residencia navideña y residencia navideña, a Sánchez no le queda tiempo para lo importante. Mientras se está dando mundialmente una ola de desplazados semejante a la de las guerras mundiales y la opinión pública, confusa con estos vaivenes, polemiza, se aturde, se angustia, y cae en manos de demagogos que anuncian el fin de Occidente y nos hacen creer que los problemas de España se van a solucionar si echamos a los negros y a los moros. Que hay que ver, qué simpleza.

La risa del día la echamos gracias a Podemos, que protagoniza la tira cómica y es que, oigan, no se sabe si Errejón es o no de Podemos, que manda narices no saber si es del propio partido el que era tu candidato a las autonómicas. Esto es para chistes de mi gitano.

Como se ha ido con Manuela Carmena a su proyecto independentista, Más Madrid, Pablo Iglesias lo ha echado del partido, pero claro, es que la cosa no va así. Aunque Iglesias se crea Stalin, él le prometió a su gente mucha democracia interna, y la cosa tiene su procedimiento reglado.

Iñigo Errejón, por otra parte, no solo sigue diciendo que él es de Podemos, esto es de Groucho Marx, es que alguna confluencia cómo las mareas lo prefieren a Pablo Iglesias. Este, como está de baja de paternidad y sólo sale para sustituir a su mujer cuando considera que se ha quedado cortita y que necesita la mano de un varón, que manda narices, también quiere que la sustituta de Errejón sea ella, Irene Montero, pero claro, a la vez esto del matrimonio Ceausescu es que es impresentable. Que lo resuelvan ellos, que yo no les arriendo la ganancia.

Los que tienen convención importante y refundadora son los del PP. Los pobres se las prometían felices. Han recuperado el discurso de los valores y el patriotismo y, cuando sintonizaban con el electorado, les sale un partido más rotundo, Vox, que ahora les da quebraderos de cabeza. En ese sentido cabe interpretar las palabras ayer de Mariano Rajoy contra las posiciones doctrinarias.

En este congreso, ha conseguido el heroico Pablo Casado un casi imposible: que Rajoy hablase ayer y hoy lo haga José María Aznar. Como se sabe, están profundamente enfrentados porque Aznar no cerraba la boquita en tiempos del presidente Rajoy. Como ahora Casado ha vindicado la herencia de Aznar, el trago más amargo este fin de semana ha sido para Rajoy, que ha acudido a la convención por no hacer sangre en el partido. Ya se sabe que es un hombre leal. Al menos ambos no se cruzarán, que hubiese sido un trago.

La política en España, queridos oyentes, está inaudita. Mientras en el PSOE los barones se revuelven contra su jefe, porque pacta con los independentistas y los deja los pies de los caballos en las autonómicas de mayo próximo (ojo, que mañana hablaremos con el socialista Fernández Vara, que acaba de votar en Extremadura a favor del 155 en Cataluña), los barones del PP tampoco lo tienen fácil. No se trata solo de recuperar las importantes plazas que les quitó la ultraizquierda en Aragón, Valencia, Madrid o Barcelona. Es que ahora se enfrentan además a Vox.

Almeida, el candidato del PP al Ayuntamiento de Madrid, lucha ya con la espada de luz y así se lo he explicado, cómo habéis oído, a Ángel Correas. Dice que Vox no habla de los problemas de la ciudad. Recordemos que, para Madrid, por este partido, suena Rocío Monasterio, a la que entrevistamos el fin de semana pasado.

Hay autonomías que lo tienen aún más negro. En Valencia, con muchísima población, y, por lo tanto, muchísimos votos en liza, tradicional bastión del Partido Popular, el partido se hundió literalmente en el fango de la corrupción. Hay decenas de dirigentes en la cárcel, y el banquillo, a propósito de esta vergüenza, ha asentado firmemente a Ximo Puig en sus reales, con una suma de Podemos, Compromís y PSOE, que está sembrando el separatismo en la región de una forma descarada.

Se da la circunstancia de que Ximo Puig y Pedro Sánchez, paradójicamente, se detestan, y esto, es quizá lo que evita que Puig caiga en la voluntad popular debido al barro del Gobierno socialista.

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