

"El Papa cargó la Cruz de Jesús en el antiguo Coliseo, en el Via Crucis, mientras en el acto se denunciaba a los poderosos que hoy dan fuerza a Poncio Pilatos"
En este Sábado Santo, Cristina reflexiona sobre el papel del gobernador romano en Judea en la Pasión de Cristo
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¡¡¡Muy buenos días España!!! Es 4 de abril, Sábado Santo, ese tiempo raro, misterioso entre la crucifixión del viernes y la Resurrección. Ya no se mantiene el silencio social porque no hay por qué, que no todos creemos lo mismo, pero es un momento interesante de calma, de reflexión, de pregunta. Bienvenido a tu programa, esto es Fin de Semana de COPE….
Hoy las temperaturas aumentan prácticamente en toda España y se superan los 25 grados en el suroeste. Únicamente se prevén descensos en el estrecho, oeste de Alborán y litorales de Cataluña. Curiosamente se prevé un ascenso extraordinario de termómetros en el Cantábrico oriental. A las once viene nuestro Jorge Olcina a hacernos pronóstico para mañana, en plena operación retorno de diez millones de vehículos , y para la semana que entra, en la que va a haber algunas sorpresas.
Cuando recorres la Península de punta a apunta haces unos 1200 kilómetros, por ejemplo entre Cádiz y Barcelona. Si lo que quieres es recorrer Europa puedes hacerte desde Francia hasta Kazajistán 8000 kilómetros. Ahora imagina recorrer 160.000 kilómetros.
Pues a esta distancia están ahora los astronautas de la misión Artemis II que va hacia la Luna. ¿Te imaginas mirar por la ventanilla y ver la tierra abajo, flotando en medio del universo? Mira lo que ha dicho el comandante:
“Cuando Houston reorientó nuestra nave, justo cuando el sol se ponía detrás de la Tierra, pudimos ver todo el planeta de polo a polo. Se podían ver África, Europa y, si te fijaban bien, las auroras boreales. Ha sido el momento más espectacular. Nos dejó a los cuatro completamente paralizados”.
Tanta belleza, tanto misterio inexplicable, es curioso que ha movido también los corazones de esta gente. No se han quedado en lo que veían, es como si la estampa tuviese además una carga fuerte. El astronauta Víctor Glover habla así de ti y de mí: “Desde aquí arriba se os ve increíbles y hermosos. Parecéis una sola cosa. Homo sapiens somos todos, sin importar de dónde vengamos o cómo seamos. Un solo pueblo…Llamamos misiones lunares a las grandes hazañas humanas por una razón: porque nos unen y prueban lo que podemos lograr juntos”.
Me llama la atención esta unidad del ser humano. Esta capacidad para penetrar un fenómeno puramente físico. El del cohete en el espacio que se convierte en signo que señala a otra cosa más grande. Ningún otro ser en la Tierra tiene esta capacidad.
El sábado santo y el papel de Poncio Pilato
Para potenciar esta penetración nuestra, merece la pena estos días leer uno de los mejores libros que se han escrito, la Biblia. Por ejemplo esa conversación entre ese romano que había sido enviado a Palestina como gobernador y que aspiraba a hacer carrera en el Imperio. Era de la orden ecuestre, o sea que tenía que hacer bastantes méritos y los judíos eran un pueblo levantisco que continuamente le daba problemas que no se lo ponían fácil.
Cada revuelta, cada choque, era un problema que se filtraba al Emperador, que lo único que quería era orden. Los jefes, ya se sabe, lo único que quieren es que no les den problemas.
Cuando las principales celebraciones de Jerusalén están a punto de empezar y los soldados están repartidos por una ciudad que podían albergar en ese momento 150.000 personas, van los jefes del Sanedrín y le traen al Nazareno ese que andaba sobre todo por Galilea y al que la gente empezaba a seguir en masa, que siempre era riesgo de revueltas.
No era la primera vez que eso pasaba, ni la primera en que la cosa acabó con refriegas y crucifixiones. Poncio Pilato podía haber resuelto la cosa rápido y, como les había quitado a los judíos la posibilidad de ajusticiar y aplicar ellos la pena de muerte, hacer él mismo justicia, pero tenía un problema. Era aprensivo, incluso supersticioso y su mujer, Claudia Prócula, andaba calentándole la cabeza con que era un tipo justo y hasta interesante. Quizá extrañamente poderoso. Poncio, que no quiere follones, tiene lo que llamaríamos un marrón.
Intrigado, decide interrogar al prisionero. Lo primero que hace es resolver el problema político. Este Jesús decía de si mismo que era rey y eso planteaba un conflicto con el emperador. ¿Eres tú el rey de los judíos? Le pregunta. Jesús entonces lo desafía con una pregunta personal: “¿Lo dices por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?” Pilato responde que él no es judío y que han sido los sacerdotes del templo los que lo acusan.

Escena de la película 'La pasión' de Mel Gibson, 2004
“Mi reino no es de este mundo”, le dice entonces ese tipo atado con cuerdas y magullado por el camino desde el Monte de los Olivos, donde lo habían apresado. “Pero eres rey o no? Insiste el gobernador. “Tú eres el que dice que soy rey” añade Jesús “yo he nacido y he venido al mundo para dar testimonio dela verdad”. Y mirándolo añade “Todos el que es de verdad, escucha mi voz”. Al gobernador le da entonces un impulso un poco cínico, a nuestro estilo: “hah, ¿Y qué es la verdad?” Me imagino esta respuesta un poco lacónica. Pilatos flotaba entre mil mundos, todos los dioses romanos y griegos, incluso los egipcios estaban incorporados a los altares y ahora venía éste a decir que era él la Verdad”.
Pero…¿ y si? Poncio no sabe muy bien que hacer y tira de experiencia. Recurre entonces a todos los recuros de su cargo. Ofrece una alternativa, usar el privilegio de de soltar por Pascua a un preso y en lugar de Jesus condenar a un salteador de caminos llamado Barrabás. No da resultado, quieren que mate a Jesús. A continuación idea castigarlo mucho, pero mucho, para calmar a la multitud. Lo manda flagelar bárbaramente, se mofan de él y le ponen una corona de rey hecha de espinas y un manto púrpura, como a los poderosos del senado. Pero nada.
Tampoco da resultado. “Crucifícalo, crucifícalo” la turba está enardecida y Poncio Pilatos ha de decidir entre este hombre y el César. Entre este hombre que habla de la Verdad de la vida y Roma, que habla de la carrera hacia el poder. Los judíos insisten: “Es que además dice que es el Hijo de Dios”. El hijo de Dios, eso son palabras mayores, familiares para los romanos, cuyos dioses yacían alguna vez con mortales. Lo que nos faltaba. Aquí hay además un misterio inexplicable. ¿Por qué dice eso?
Y vuelve a interrogarlo. “De dónde eres tú? Ya Jesús no contesta. ¿A mí no me hablas? Mira que puedo soltarte o crucificarte. Tengo autoridad para ello”. Y Jesús responde por fin mirándolo “Ninguna autoridad tendrían sobre mí si no se te hubiese dado de arriba”.

Copia de la Sábana Santa- Oratorio de San Francesco Saverio del Caravita - Rome
Arredrado, confuso, Platos se quita de en medio. Se lava las manos del asunto y se lo entrega para crucificarlo.
Ayer, el papa de Roma cargó la cruz de Jesús en el antiguo Coliseo. Era el Via Crucis que recordaba estos hechos. En el texto que leyó habló de lo que está pasando. De los poderosos que hoy dan fuerza a Pilatos. También hoy, decía el texto, "algunos creen que han recibido una autoridad sin límites y piensan que pueden usarla y abusar de ella a su antojo. Toda autoridad deberá responder ante Dios por el propio modo de ejercitar el poder recibido. El poder de juzgar, el de comenzar una guerra o terminarla. El de educar a la violencia o a la paz. El de alimentar el deseo de venganza o el de reconciliación. El de usar la economía para oprimir pueblos o liberarlos de la miseria".



