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La Esquina del Misterio, con Javier Sierra: “Se está avanzando en entender el lenguaje de los animales”

El investigador y divulgador científico regresa a Fin de Semana con Cristina para profundizar en aquellos interrogantes que nos asombran y arrojar un poco más de luz sobre ellos

Tiempo de lectura: 3Actualizado 11:02

‘La Esquina del Misterio’ es ese espacio en Fin de Semana con Cristina en el que nos acercamos a las grandes mentes científicas para que nos ayuden a entender los misterios que seguimos teniendo a día de hoy, que son muchos, y arrojar luz sobre ellos.

En esta ocasión el divulgador Javier Sierra nos habla de la comunicación con los animales, porque si lográramos hablar con ellos, “sería tan meritorio como comunicarnos con alienígenas”. ¿Es o será posible?

Sierra coge como percha al autor de ciencia ficción Ted Chiang, ganador de varios premio Nebula: “Es muy reconocido, una especie de Isaac Asimov contemporáneo, y decía que ‘comunicarnos con una inteligencia animal sería como contactar con extraterrestres, tiene las mismas dificultades, los mismos retos, y sin embargo no nos lo hemos planteado', somos una especie inteligente que podría crear algún algoritmo o mecanismo para poder hablar con otros reinos animales a nuestro alrededor”.

Esto le recuerda a Cristina a Koshik, un elefante que “habla coreano”, algo que explica Sierra: “Nació en cautividad y tiene 30 años, desde los 14 es capaz de pronunciar ciertos monosílabos o repetir algunas órdenes de sus cuidadores como ‘túmbate’ o ‘siéntate’, saluda cuando pasan niños; imagínate la conmoción al verlo. Lo que pasa es que no lo hace siempre sino cuando quiere y los expertos que le han analizado no están del todo seguros de que sepa lo que está diciendo: asocia algunas palabras al momento de llegada de un grupo y ahí les saluda, pero en otras ocasiones suelta esos poco vocablos sin ton ni son cuando le es cómodo”.

Sierra explica que es un tema que se ha estudiado en los últimos años: “Hay una doctora en la Universidad de Viena, Angela Stoeger-Horwath, que ha investigado este caso y otros parecidos y lo que más le llama la atención es cómo hace los sonidos porque los consigue introduciendo su trompa en el tracto vocal, redondea el labio superior y es como si silbara, es realmente impresionante”.

“Lo que ocurre”, aclara Javier, “es que no se ha podido establecer una comunicación con él, aunque él pronuncia palabras humanas no hemos podido ‘conversar’ o ‘intercambiar ideas’, pero hay algunos intentos muy curiosos. Por ejemplo, en 2015, la Universidad de Dalhouise, en Halifax, Canada, hizo público un estudio después de 18 años estudiando los sonidos de los cachalotes. No son los mismos en todos los grupos de cachalotes, es como si hablaran dialectos, idiomas distintos. Emiten una especie de ‘clics’ con la garganta, cada familia de cachalotes desarrolla un tipo y hace que se comuniquen más entre ellos y, cuando se juntan con otro grupo, hay un tiempo de desconcierto hasta que adecúan esos sonidos y pueden seguir comunicándose”.

“Lo que ha llevado a los etólogos que los investigan es a concluir que los cachalotes tienen cultura y que lleva, gracias a ese mecanismo idiomático, a transmitir enseñanzas a los pequeños de la tribu para que sepan manejarse”, explica Sierra, que añade que “aseguran que usan estos sonidos como nosotros la vida: cuando se sumergen a grandes profundidades no hay luz, los ojos no ven, y todo lo hacen con esos sonidos que usan para identificar comida, para reconocer un peligro, avisar a otro miembro del grupo si tiene que alejarse o no… está todo estandarizado en unos programas de ordenador que están intentando traducir esos sonidos y lo que les hace falta es, si en algún momento se produce, crear un lenguaje sintético con el que poder replicarles”.

El divulgador añade que hubo un neurocientífico norteamericano que se obsesionó mucho con este tema en el S. XX: “John Lilly, médico, investigador de la conciencia, fue uno de los que trabajó con la droga del LSD, pero su verdadero interés eran los delfines y creía que poseían un idioma tan complejo y rico como el nuestro, y que si lográbamos descifrarlo, podríamos llegar a hablar con ellos de filosofía, es decir, podríamos transmitirles ideas complejas. Estaba tan convencido de esto que fue uno de los impulsores del proyecto SETI, la búsqueda de inteligencia extraterrestre, y fue muy amigo de Carl Sagan. Con él, organizó un grupo de científicos para buscar vida alienígena y el problema de cómo comunicarnos con ellos si encontrábamos una señal de otro planeta, y llamaron a ese grupo ‘La orden del delfín’ porque, en realidad, pensaban que la manera que tendríamos natural de entrenarnos para comunicarnos para hablar con una civilización extraterrestre sería, primero, comunicarnos con los delfines, y no es tontería”.

Sierra profundiza en esos intentos: “Los ha habido y la verdad es que son divertidos porque son… un poco primitivos. Hace unos años, en 2003, una empresa japonesa patentó un programa de ordenador llamado ‘Bowlingual’, algo así como el lenguaje bow. Traducía al japonés los ladridos de los perros. Daba igual si el perro era un chihuahua de Madrid o un dóberman alemán o un perro japonés, que ese programa interpretaba sus ladridos en clave emocional y te los traducía. Eso sí, era un programa muy simple, hablamos de 2003, pero lo curioso es que, a partir de aquello, surgieron otros programas parecidos que no han tenido mayor éxito comercial pero están ahí, como unos que traducen los llantos de los bebés, que también es una gran preocupación de las madres. Hay algoritmos que se acercan a esa interpretación”.

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