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“Una pamplina nos ayuda a quitarle hierro a todo, algo necesario en estos tiempos”

Luis Lara, cómico e imitador español, además de cantaor flamenco, pasa por Fin de Semana con Cristina para demostrar que inteligencia va acompañada de humor

Tiempo de lectura: 4Actualizado 11:29

Cuando Los Rodríguez sacaron ‘El tiempo lo dirá’, en la primavera de 1995, Luis Lara, protagonista esta semana de ‘Amigos del programa’, estaba estrenando mayoría de edad. Un año después, el cuarteto liderado por Andrés Calamaro y Ariel Rot se despedía de sus fans con una gira y un disco recopilatorio, mientras que nuestro invitado empezaba en la radio una carrera que le ha llevado a ser uno de los humoristas más desternillantes del país.

Con el paso de los años esta canción se convertiría en la canción preferida de Luis, aunque muchos le reconocerán más fácilmente si le ponemos los galones de su rango: Comandante Lara, quien ha estado en Fin de Semana con Cristina para felicitarse de que sonase la canción: “No sé por qué me gusta tanto pero la adoro, quizás por la letra, pero siempre me ha gustado. Y mira que hay canciones más conocidas de ellos. Un día la puse en bucle y me aprendí la letra, me encanta la batería, la guitarra, Calamaro cantándola… todo”.

Y resulta que nuestro comandante, desde niño, sentía pasión por el fútbol, entonces hace Periodismo para ser un periodista deportivo. Sin embargo, a las primeras de cambio descubre que lo que le gusta son las imitaciones y hacer reír a la gente. Y ese es el camino que elige, pero sin renunciar a nada, ni al flamenco, ni al fútbol, ni al periodismo, ni al humor, ni a la música negra. Al final lo mezcla todo y asegura que lo suyo es el ‘polifacetismo’, en una variante también muy personal: el ‘pamplineo’: “No me gusta decir que hago monólogos, yo cuento pamplinas, de ahí viene ese término. Eso hago, sin más, una chorrada, cosas surrealistas pero que nos hacen reír y nos dibujan una sonrisa en la cara. Yo no soy monologuista, yo cuento pamplinas en el escenario y en la radio, me gusta contarlas”.

“Creo que es necesario tener un espacio para pararnos porque la realidad, muchas veces, nos lleva por caminos de tristeza, pena y comernos el coco, preocuparnos… y total, una pamplina nos ayuda a quitarle hierro a todo, desnaturalizar lo malo y contar una metáfora, reírnos con lo que nos pasa siempre y cuando no haya cosas de las que no hay que reírse”, explica Luis.

Él no conoció a su abuelo paterno ya que falleció el mismo día que Luis nació, pero sí llego a conocer al abuelo materno, ‘El Moro’, que era mutilado de guerra, de hecho una vez se olvidó de que le faltaba una pierna y se arrancó a bailar por bulerías: “Tenía cuatro años cuando murió, pero me han contado que en el bar que regentaba mi familia y que ahora lo regenta mi hermano Manuel y todavía funciona aunque es distinto al original. Allí había muchas fiestas flamencas en la sala, donde han ido las máximas figuras, y un día había una fiesta y estaba allí tan a gustito con sus copitas. Total, que tras muchas copas y estuvo tan bien que, a pesar de faltarle una pierna, se levantó y se puso a bailar pero se cayó a los dos segundos, algo muy cómico. Lo cuentas y parece un chiste, pero se olvidó de que le faltaba una pierna”.

Hoy canta las saetas como si no hubiera un mañana, pero lo cierto es que su primera vez no le gustó ni a él mismo: “Es absolutamente verdad, y de hecho me encerré en mi casa y no salí en tres días. Fue precisamente mi padrino Juan Morao que me había escuchado un poco y me dijo que lo hacía bien. Me empujó la primera vez que le canté al Jesús del Prendimiento un Miércoles Santo y fue para darme en la boca. Gallo tras gallo, la boca seca… en fuera de juego. Terminé la saeta, me monté en un taxi y me encerré en casa, miraba por la ventana asustado para ver si había gente y si no había pues ir a comprar pan”. “Por fortuna ese mismo año me resarcí, el día después volví a cantar y me salió genial, me quité la espina”, añade.

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Y no olvidemos la locura por el fútbol: desde el muñeco de Juanito que su padre le consiguió en la tómbola hasta la rendida admiración que sentía por una voz, la de Gaspar Rosety. Y se le pegó porque tuvo ocasión de narrar un partido: “Estudié Periodismo pero yo no quería ser periodista, quería ser Gaspar. Recuerdo cada fin de semana poniendo COPE o Antena 3 Radio para escucharle a él. Quitaba la voz de la televisión para escucharle, me ponía los vellos de punta”.

Si hay otra cosa que se le da genial al comandante Lara es contar chistes pero, ¿de dónde nace uno? Lo tiene claro: “En cualquier situación cotidiana en la vida. En la cola de un supermercado, en la calle mientras andas, en una conversación por teléfono… creo que provocando no es eficaz”.

Llega el momento de hablar de la familia porque… ¿qué le pasa con su ‘cuñao’ Ramiro? Los adjetivos son impactantes: “Hablando directo y mal: es gilipoll*s, es un inútil, más inútil que la t de tsunami, como la o de Lourdes, pues más inútil que eso, que la g de gnomo. Ramiro es gilipoll*s, muere apuñalado en un tiroteo, va a Venecia y lo atropella un coche, trabajaba en una tienda de ‘Todo a 1€’ y lo echaron porque no se aprendía los precios. Por muy puntual que llegue siempre se le nota el retraso, no hay por dónde cogerle. Me dijo ‘¿crees que soy gilipoll*s?’, yo le dije ‘afirmativo’, y me respondió ‘afirmativo no, dime sí o no’; no se entera de nada, el pobre va por la vida… Ramiro es el que te descoloca la vida”, finaliza.

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