"Cayetana, la duquesa de todos", el documental que destapa su lado más íntimo y los secretos de una mujer irrepetible

El documental producido por Abside Media ya está en Netflix y repasa la vida de la aristócrata a través de material inédito y el  testimonio de sus hijos, sus amigos y los artistas que la conocieron 

La Duquesa de Alba
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Ya se puede ver en Netflix el documental: "Cayetana, la duquesa de todos"

Beatriz Pérez Otín

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3 min lectura12:28 min escucha

El documental Cayetana, la duquesa de todos - el primero producido por  Abside media y ya disponible en Netflix - se ha convertido en un éxito al ofrecer una mirada íntima y sin precedentes a la vida de Cayetana Fitz-James Stuart. Tal y como se ha analizado en el programa 'Fin de Semana' de la COPE con Cristina López Schlichting, la producción explora la figura de una mujer de altísimo linaje que supo combinar con naturalidad la autoridad y la cercanía.

La periodista Beatriz Pérez Otín ha desgranado en su reportaje cómo la cinta construye un mosaico de la duquesa a través de voces cercanas y un archivo familiar excepcional. El documental cuenta con la participación de cuatro de sus seis hijos, sus exnueras Genoveva Casanova y María Eugenia Fernández de Castro, amigos como Carmen Tello y artistas como Los Morancos, además de fotografías y metraje inédito que incluye imágenes de la década de los años 30.

Una vida marcada por el deber y la tragedia

Nacida en el Palacio de Liria de Madrid en 1926, Cayetana ostentó más títulos nobiliarios que nadie en el mundo, un hecho que la incluyó en el libro Guinness de los récords. Concretamente, llegó a poseer 47 títulos, como ella misma matizó en una entrevista en COPE en 1987.

Su infancia quedó marcada por la pérdida de su madre, María del Rosario de Silva, quien murió de tuberculosis cuando ella tenía solo ocho años. Este hecho la afectó profundamente, ya que su madre le lanzaba las zapatillas para evitar el contagio, un gesto que la niña no comprendía. Creció como hija única bajo la tutela de su padre, Jacobo Fitz-James Stuart, a quien adoraba y que la protegió durante la Guerra Civil Española enviándola al extranjero.

Detestaba la falsedad y detestaba la debilidad"

Los tres amores de la duquesa

Aunque se definía como una mujer enamoradiza, entendió que su elección de pareja era una cuestión de estabilidad para la Casa de Alba. Su primer marido, Luis Martínez de Irujo, fue una figura clave en la modernización del patrimonio familiar. Con él tuvo a sus seis hijos e impulsó la creación de la Fundación Casa de Alba para proteger un legado que incluye obras de Goya y Velázquez.

Su segundo matrimonio fue con el exjesuita e intelectual Jesús Aguirre. Fue una relación compleja, especialmente en los últimos años, cuando la convivencia se deterioró y él prefirió vivir en Madrid. Sin embargo, según Carmen Lomana, Cayetana "estaba enamoradísima" y le atraía que él "le daba cañita" y no la consentía tanto.

Encontrar el amor y tener pareja, eso para ella era esencial"

El tercer y último marido, Alfonso Díez, supuso una sorpresa mediática por la diferencia de edad. La relación generó una enorme polémica, hasta el punto de que los hijos de la duquesa, Cayetano y Carlos, le pidieron explicaciones sobre sus intenciones. Díez renunció a cualquier herencia y, según sus allegados, la hizo "muy feliz" en sus últimos años, en los que Cayetana se sometió a una peligrosa operación de cabeza para recuperar la movilidad y poder seguir disfrutando de la vida junto a él.

Un espíritu libre e irrepetible

Si algo definió a Cayetana fue su carácter único. Profundamente ligada a Sevilla y al universo gitano, rompió moldes bailando sevillanas en público o mostrando su gran sentido del humor. Se reía abiertamente de las imitaciones que hacían de ella Los Morancos, reconociéndose en la caricatura.

Vivió con una libertad poco común para su tiempo y posición, consciente de su legado pero fiel a sí misma. "Mi forma de pasar por la vida y mi aspecto y mis ideas, no creo que sean muy de acorde con todos mis antepasados", afirmaba la propia duquesa, quien añadía: "Aunque yo tengo mucho orgullo de ser un alba y esa parte lo llevo con toda naturalidad".

Un detalle final resume su esencia: aunque nació en Madrid, se consideraba sevillana de corazón. Por ello, eligió descansar eternamente en la iglesia del Cristo de los Gitanos en Sevilla, y no en el panteón familiar de Loeches. Una última decisión que la define como la mujer libre, cercana e imprevisible que siempre fue.

Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

Visto en ABC

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