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Las peripecias de algunos seminarios en países pobres, para que no se pierdan las vocaciones

LA falta de recursos dificulta atender las vocaciones sacerdotales

Las peripecias de algunos seminarios en países pobres, para que no se pierdan las vocaciones

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 10:20

Por ejemplo, la archidiócesis de Pointe-Noire, en el Congo-Brazzaville, presidida desde 2013 por el obispo salesiano español Miguel Ángel Olaverri, tiene que hacer encaje de bolillos para mantener a sus seminaristas, que no son pocos en una diócesis viva y con gran empuje misionero. En el seminario menor estudian 52 chavales que después del bachillerato pueden acceder a los estudios superiores de Filosofía y Teología. En cuanto a los seminaristas mayores son 32, pero todos están en el único seminario del país, en Brazzaville, a 650 km de Punta Negra. Mantener a sus seminaristas es todo un desafío para una diócesis pobre, más aún en la dura situación de crisis económica que atraviesa el Congo desde hace cuatro años. Este año la situación es de bloqueo porque no se ha podido pagar lo necesario, y la Conferencia Episcopal ha decidido establecer un “numerus clausus”, es decir, un número fijo por diócesis, lo cual significa que muchas vocaciones se quedarán por el camino.

Las familias difícilmente pueden ayudar en estas circunstancias, sin embargo, los propios seminaristas trabajan para el sostenimiento de su seminario. En el Seminario Mayor de Brazzaville, que en estos momentos tiene casi 200 alumnos llegados de las 9 diócesis del Congo, se montó una panadería con ayuda de las Obras Misionales Pontificias. En el Seminario Menor de Punta Negra tienen cría de animales: cerdos y gallinas ponedoras, y las monjas del monasterio de la Visitación prestan una ayuda importante para el desarrollo de la granja.

La situación hace que el obispo Olaverri haya pedido especialmente ayuda aprovechando la Jornada por las Vocaciones nativas, que se celebra este domingo en España. La primera ayuda directa es la oración, porque de ella proviene no solo un consuelo, sino una fuerza muy grande para seguir adelante.

El dinero también es necesario, y nos pide ayudar con alegría para que no se pierdan las vocaciones que surgen en las jóvenes iglesias de África, como la del Congo, con la conciencia de que todo lo que damos se multiplica en generosidad de Dios. Y con la certeza de que una Iglesia viva es un factor de bien para el futuro de cada uno de estos países.

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