La hermosa historia del seminario Santo Cura de Ars de Bujumbura de Burundi

En el seminario se preparan para el sacerdocio 222 seminaristas de todos los rincones de Burundi, uno de los países africanos más pobres

La hermosa historia del seminario Santo Cura de Ars de Bujumbura de Burundi

 

Redacción Religión

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 14:00

En el seminario Santo Cura de Ars de Bujumbura, en África, se preparan para el sacerdocio 222 seminaristas de todos los rincones de Burundi, un país más pequeño que Galicia pero con casi 10 millones de habitantes. Estos seminaristas son el futuro de la Iglesia en esta castigada nación que ha sufrido varias guerras civiles y que padece una pobreza extrema.

El seminario abrió sus puertas en las afueras de la ciudad en 1963 fruto de la pasión misionera de los Padres Blancos, que en 1968 entregaron la propiedad a la Conferencia Episcopal de Burundi. Durante estos 56 años el seminario siempre ha tenido el apoyo decidido de las Obras Misionales Pontificias. Hasta finales de los setenta, la ayuda consistía en 30.000 dólares anuales, hoy ha subido hasta los 61.700 dólares. La ayuda se ha duplicado pero es que los seminaristas se han multiplicado por cuatro.

La suma total enviada en este medio siglo alcanza los dos millones de dólares, pero es una inversión que ciertamente ha merecido la pena. En 1963 había medio centenar de sacerdotes diocesanos en Burundi, hoy son 837 y todos han pasado por este seminario dedicado al patrono de los sacerdotes, el Santo Cura de Ars.

Debido al número tan alto de vocaciones, que puede producir envidia en otras latitudes, los obispos de Burundi decidieron crear otro seminario que desahogara este de Bujumbura, y lo establecieron en Gitega, una ciudad 50 kilómetros al este, bajo el nombre de Seminario Juan Pablo II. Aquí se forman 166 seminaristas que en dos o tres años ya serán sacerdotes. La semilla que pusieron los Padres Blancos con su entrega a la misión ha dado su fruto en la respuesta libre y generosa de tantos jóvenes a la llamada de Dios al sacerdocio, gracias también a la conciencia de tantos fieles que encauzan su amor a la misión a través de las Obras Misionales Pontificias.

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