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Tamara Falcó habla de su conversión al cristianismo, en 'Diálogos'

Tamara Falcó nos cuenta la importacia que tuvo el convertirse al cristianismo en 'Diálogos'

Pilar Abad Queipo
@pilarabad

Redactora

Tiempo de lectura: 5Actualizado 20 mar 2021

Hace unos años Tamara Falcó decidió convertirse al cristianismo y siempre que puede habla de su fe, de Dios y la importancia que ha tenido en su vida este cambio. También se lo cuenta a Paco Arango en esta conversación que mantienen en ‘Diálogos’.

Dice Tamara que en su familia no son practicantes y recuerda un caso que le sucedió con su padre. “Mi padre estaba muy preocupado, en un momento dado, por la cosecha en el campo, decía que no había llovido. Nosotros tenemos una capilla en el campo y le dije papi yo voy a rezar el rosario y tú ponle flores a la Virgen todos los días. Cuando estoy en la carretera me llama mi hermana y me dice ¡no te lo vas a creer! ¡Está lloviendo! , hay una nube justamente encima de la cosecha”.

“Cuando volví al campo –continúa Tamara- no había flores en la capilla, estaban pochas porque eran las que yo había dejado y le dije: “¿papi? ¿Cómo ha pasado esto? Y me dijo: “no ha llovido lo suficiente”.

Una anécdota que le sirve a Tamara para señalar que “hay cosas que tú lo intentas explicar, que Dios está presente en tu vida, que Dios te quiere, que si hay un día maravilloso, un sol, o se te cruza un pajarito o tal… Hay muchísimas cosas que puedes ver pero tienes que poder verlas”.

Soy conversa y sé perfectamente lo que es estar al otro lado y no ver, es un horro

Y en este sentido, Arango admite que “estoy rodeado de gente agnóstica y atea y a veces es muy frustrante”. A lo que asiente Falcó sincerándose “yo soy conversa y sé perfectamente lo que es estar en el otro lado y no ver, no ver los pequeños detalles, no ver las iglesias… sé lo que es eso, es un horror, no volvería a eso nunca”.

Otra de las coincidencias entre Tamara y Paco es el día de su confirmación, los dos la hicieron a los 30 años, aunque en ciudades y circunstancias distintas.

Arango la hizo en el colegio de la hermana de su novia y nos explica que “la gente suele confirmarse antes de casarse y a mí de repente, en mitad de la confirmación, me dije a ver si todo esto parece como que yo estoy pretendiendo mandar una señal –por lo de casarse- y no era nada de esto”.

Sin embargo, para Tamara fue totalmente distinto como nos cuenta. “Cuando empecé a convertirme fui a mi primer retiro y es cuando decido que me voy a confirmar. Entonces voy a hablar con el sacerdote al lado de casa, a la Sagrada Familia, para decirle que quiero confirmarme pero me dice que allí dan la catequesis para niños de 8 años, y que no era tan sencillo”.

No obstante, Tamara no se da por vencida y de camino a su casa se encuentra con un cartel gigante que pone ’Confirmación para adultos’, “me metí allí para hacer la Confirmación y me cambió la vida”. Fue ahí donde Tamara conoció a los del Camino y donde descubrió la verdadera fe.

Sigue contando Tamara que “allí conocí a una señora que desde el primer día me decía que ella se quiso morir y apuntando al crucifijo me dijo “me cambió la vida”. Y me cuenta su historia: había llegado a Madrid desde el pueblo donde no pudo estudiar porque su familia no se lo podía permitir y aquí empieza a trabajar como costurera pero no era feliz… Ella era catequista y un día entró en una iglesia donde vio a su futuro marido que tocaba la guitarra y a través de él descubre su verdadera fe y lo que es realmente el amor de Dios. Le cambió la vida”.

Una experiencia que le enseñó mucho a Tamara porque “yo venía de un mundo en el que todo tenía que ser perfecto, nadie estaba en contacto con sus emociones, todo era felicidad entre comillas”.

Aunque la ‘aventura’ de su confirmación no termina ahí. Nos cuenta Falcó entre risas que “ese año decidió el obispo que todos los de confirmación nos íbamos a confirmar en la explanada de la Almudena” y recuerda que “mi bautizo, mi Primera Comunión habían sido muy reducido. Y cuando digo en casa que me voy a confirmar en la explanada de la Almudena -no me acuerdo cuántos éramos, unas 300 personas - me dijo mi madre “¿no puedes hacer nada normal? ¿no puedes hacer nada como el resto”.

ASÍ SON PACO ARANGO Y TAMARA FALCÓ

Paco entró en un hospital hace 20 años y todavía no ha recibido el alta. Lo tenía todo pero un día le miro a los ojos a un sacerdote amigo y tras realizar labores de voluntariado en el Hospital del Niño Jesús, le dijo: “Quiero mancharme las manos de verdad”. Desde hace casi dos décadas Paco centra su vida en lo que de verdad le importa. Filántropo, director de cine, productor y guionista, este mexicano de nacimiento es el alma y corazón de la Fundación Aladina, entregada a los niños con cáncer y a sus familias. Cada año atiende en España a alrededor de 4.000 pequeños. Para él, lo que está en juego no es ni la vida ni la muerte, es el amor.

En el recibidor virtual de su cuenta de Twitter, Paco ha instalado el hashtag #Siemprefuertes acompañado de una sonrisa. Si hay dos palabras que resumen su vida esas son: optimismo y solidaridad. Optimismo porque lo peor que te pude pasar dice es caer en la decepción. Solidaridad porque recuerda cómo su padre, el séptimo hombre más rico de México según la revista Forbes, les inculcó que la suerte que habían tenido en la vida hay que devolverla.

De su padre tiene el empuje para los negocios. De su madre heredó el espíritu soñador. El mismo que le introdujo en el mundo de la música desde su época de estudiante en Boston. Porque Paco quiso ser cantante sí y sacó 5 discos. Quiso ser director de cine y consiguió que una de sus películas tuviera 5 nominaciones a los Goya.

En el día a día Paco no se despista y si lo hace, sus dos perros, Batman y Dina le recuerdan sus dos pasiones: el cine y la Fundación Aladina.

A Tamara también le encantan los niños. Decir que ella es hija de Isabel Preysler y el marqués de Griñón, Carlos Falcó, podría ser muy simplista. Hablar de Tamara es hacerlo también de una joven muy formada. Se licenció en Comunicación en Estados Unidos. Después, estudió moda Milán y en la Escuela de Negocios ISEM en Madrid.

Tamara tuvo su primer contacto con la moda trabajando en Inditex pero enseguida cambió la ropa por el vino y en 2005 se implicó en el negocio de su padre. De los caldos se pasó a la organización de eventos en El Rincón, el palacio que regentaba su progenitor. Un padre de ojos oscuros, como ella siempre recuerda.

Cuando en 2018 debutó como diseñadora, su humildad le llevó a pedir paciencia porque dijo que estaba aprendiendo. Su amor por la moda le ha seguida durante toda su vida pero ha sido intrínseco al amor por la belleza porque asegura, la belleza es un reflejo de Dios.

Ni Paco ni Tamara ocultan su Fe. En el caso de ella, su conversión comenzó tras leer la Biblia en el verano de 2011 y desde entonces, demuestra que se puede compaginar el glamour que le rodea con ganar la 4ª edición de MasterChef Celebrity, con rezar el rosario y con acudir a misa todos los días.

Reconoce que su madre es la persona más importante de su vida. Siempre lleva consigo la medalla que le regaló por su Primera Comunión. Sostiene que ser soñadora sin trabajar no funciona. Que el hombre se enamora por los ojos y la mujer por los oídos. Quizá por eso es firme defensora de que una risa vaya acompañada de cierta sonoridad. De la misma espontaneidad que la llevó por ejemplo a regalar al padre Ángel una hucha gigante llena de monedas de 2 euros que ella coleccionaba.

Hoy Tamara y Paco detienen su mundo unos minutos para hablar sin guion del mundo. De lo que nos rodea.

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