La procesionaria se adelanta este 2026: "Ha habido perros que han muerto porque se les han inflamado las vías respiratorias"
El experto Julen Rekondo analiza el impacto de la oruga procesionaria en la salud y los bosques, y la polémica sobre el rol de los castores en los ríos navarros

Julen Rekondo, Premio Nacional de Medio Ambiente
Pamplona - Publicado el
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La oruga procesionaria del pino, el insecto defoliador más importante de los pinares, ya ha hecho acto de presencia. El cambio climático está adelantando su ciclo y sus característicos bolsones blancos ya se avistan en las copas de los árboles, una señal de alerta analizada por Julen Rekondo, premio Nacional de Medio Ambiente.
Rekondo advierte de que las orugas, al bajar de los árboles en sus largas hileras, suponen un riesgo para la salud. Sus pelos urticantes flotan en el aire y pueden provocar irritación en oídos, nariz y garganta a las personas, siendo una molestia que "puede ser agravada, por así decirlo, en niños y niñas". El mayor peligro, sin embargo, es para los perros, que por curiosidad pueden sufrir graves consecuencias, incluso la muerte, tal como señala el experto.
Ha habido perros que han muerto porque se han inflamado las vías respiratorias"
Premio Nacional de Medio Ambiente

Perro
El impacto en los bosques también es notable. Según el experto, la plaga se alimenta de las hojas de los pinos, lo que "impide un poco su crecimiento, su debilidad", aunque no llega a matar a los árboles. Las procesionarias buscan bajo tierra un lugar para enterrarse y empezar su metamorfosis.
Métodos de control de la plaga, una de ellas prohibida en 2012
Para combatir la procesionaria, se han empleado diversos métodos. Julen Rekondo explica que entre los medios físicos se encuentra la retirada y quema de los bolsones, una tarea "muy costosa". También se han usado inyecciones en el tronco de los pinos, mientras que la fumigación con medios aéreos fue prohibida por la Unión Europea en 2012 por ser "absolutamente indiscriminada".
El método más interesante, según Rekondo, es la lucha biológica a través de sus depredadores naturales, como pájaros, hormigas rojas, avispas o murciélagos. Se instalan cajas nido para atraerlos, aunque existe un desajuste: aves como el cuco y la abubilla aún no han regresado de su migración en África para controlar la plaga, que se ha adelantado, lo que evidencia el "desorden del tiempo en el que estamos".
El castor, un 'ingeniero' a debate
Otro animal que centra la atención en Navarra es el castor, especialmente en el parque fluvial del Arga y sus afluentes tras su expansión desde la cuenca del Ebro. Rekondo señala que son "inofensivos para los seres humanos", pero su actividad genera un intenso debate. El experto los describe como "una especie de ingenieros del río" capaces de modificar su entorno.
Construyen represas que retienen el agua y ayudan a asegurar el suministro en períodos de sequía"
Premio Nacional de Medio Ambiente

El castor europeo está causando estragos en las riberas del Ebro.
Los defensores del castor destacan sus beneficios para la biodiversidad. Rekondo expone que sus construcciones "transforman los ríos y pueden crear nuevas áreas de humedales", mejorando el hábitat para peces y anfibios. Esta capacidad de retener agua también podría ser clave durante las sequías.
El castor es un mamífero perteneciente al orden de los roedores. Es decir, aquellas especies que disponen de dientes incisivos con filo y que los emplean para roer maderas, comer y defenderse.
A partir de ahí, las administraciones adoptaron algunas medidas. En un principio vinieron a decir que se trataba de una especie alóctona, no autóctona, que podía perjudicar las explotaciones madereras cercanas a los ríos, muy habituales en esos tramos de la cuenca del Ebro, y además competir con algunas especies amenazadas, como la nutria y el visón.
Aunque el castor europeo ('Castor fiber') figuraba ya entonces como especie prioritaria en las directivas ambientales de la Unión Europea, las autoridades comunitarias concedieron una sorprendente moratoria alegando que los animales en cuestión “no se encontraban dentro de su ámbito natural”, lo que permitió la caza de 216 ejemplares entre los años 2008 y 2016.
A punto estuvieron de extinguirse por segunda vez. En la zona de suelta de Navarra y La Rioja se habían extinguido hacia el siglo XVII, aunque hay constancia de su presencia en la cuenca del Duero hasta principios del siglo XIX.
Por otro lado, la polémica surge por los daños que causan, ya que con sus potentes dientes talan árboles de ribera, como chopos y árboles frutales. Esto no solo afecta a los bosques de ribera, importantes para frenar inundaciones, sino que también puede generar "problemas un poco de seguridad" por la caída de árboles.
Una especie protegida y sin plan de gestión
Hubo un tiempo en que el castor fue considerado una especie alóctona, pero los estudios confirmaron que es una especie autóctona nativa. Actualmente, está protegido por la Directiva Hábitat europea y la legislación española, por lo que "no se puede cazar". A pesar de su estatus de protección, Rekondo apunta que no existe un "plan de recuperación del propio castor".
Ante los daños, se están aplicando medidas de protección en la Comarca de Pamplona. Se utiliza un aceite de linaza mezclado con harina que les genera rechazo y se instalan mallas protectoras en árboles frutales. Rekondo concluye con una recomendación clara para la ciudadanía: no alimentar a los castores, ya que "siempre se buscarán un poco la vida" con los recursos que les ofrece el propio río.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.




