Nadal-Alcaraz, la sucesión en el tenis mundial ya es realidad, ¿y también como mejor deportista español?
El murciano lograba su primer Abierto de Australia en presencia del mallorquín, al que tanto admiró, y ante un rival que le sirve como "inspiración", Djokovic

Rafa Nadal felicita a Carlos Alcaraz tras conquistar el Abierto de Australia
Mallorca - Publicado el - Actualizado
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Se le notaba fuera de sitio, alguien tratando hacerse a un nuevo lugar. Rafa Nadal no se considera aún un ex jugador, una leyenda del tenis, aunque lo sea, se considera alguien que ha dejado la raqueta hace poco y que asume su nueva realidad. No estamos acostumbrados todavía a verle en la grada siguiendo un gran torneo. De hecho, de no haber sido por un compromiso publicitario quizá no hubiéramos visto la escena de ayer en Melbourne.
Fue algo mágico, la victoria de Carlos Alcaraz en Australia completando el Grand Slam y convirtiéndose en el más joven en hacerlo, alcanzando además nada menos que su séptimo grande con 22 años. Lo hacía el español venciendo al mejor de todos los tiempos por grandes, a un tenista de otra generación y podríamos convenir que de otra pasta.
Porque Novak Djkovic tiene 38 años, porque está mandando un mensaje al mundo, que no es la biología, sería demasiado fácil. El mensaje de que si cuidas tu cuerpo, mente y alma, ellos te cuidarán. El mensaje de que la edad no está tanto en la cronología como en la mente. El serbio se estaba midiendo a un chico de 22 años en plenitud, alguien que tenía un año cuando Djokovic jugaba su primer Abierto de Australia, en 2005. Se supone que el serbio no debía estar ahí, jugando esa final ante Alcaraz. Pero lo estuvo y obligó a Alcaraz a desplegar su mejor tenis.
La fortaleza del tenis de Alcaraz, su vigor, su capacidad creativa para seguir añadiendo golpes y mejorarlos, hace pensar que lo suyo va a ser una resistencia contra sí mismo. Es decir, con todo lo que puede conseguir, será su propia hambre y lo que tarde en saciarse lo que decida hasta dónde llega el tenista de El Palmar. Hoy no tiene techo.
Fue algo mágico porque Alcaraz lograba su primer Abierto de Australia no sólo frente a Djokovic sino en presencia de su antecesor como referencia del tenis española, el mejor deportista de siempre, Rafa Nadal. Decía Djokovic que así no se podía, un dos contra uno porque aquello estaba llenos de leyendas españolas. Nole estuvo estelar, con humor decía ver a Alcaraz tan joven como él y le citaba para los siguientes diez años.
Si había que escenificar ese relevo del tenis mundial, qué mejor imagen la de ver a Alcaraz sentirse honrado por la inspiración que le ha significado vencer a Djokovic, y ante el referente durante tantos años, Nadal.
Carlos Alcaraz tiene lejos los registros de estos dos gigantes, lo que consiga irán en función de lo que le permita su cuerpo y su longevidad deportiva, que no es fácil. Sin embargo, se acostumbra a decir que los jóvenes de hoy son diferentes, que no sienten la misma pasión por lo que hacen, pues en el caso de Alcaraz mejor no anticipar nada.
Nadal, extraño en la grada.-
Ha asumido su etapa posterior a las pistas con normalidad, como algo natural que durante mucho tiempo sospechó que podía llegar en cualquier momento por las cosas que le pasaban a su cuerpo, pero que al final conseguía retrasar.
Nadal exprimió al máximo su carrera, incluso cuando sufría por jugar a tenis y su familia también al verle luchando contra su propia realidad. Es una forma de ser, de entender el juego y su pasión por el juego. Podríamos decir lo mismo de otro mallorquín, Rudy Fernández, quien jugó hasta que pudo, llegando a marcar el récord de seis Juegos Olímpicos.
El mallorquín parecía un poco incómodo al principio, en la grada, acompañado por su gente de siempre pero esta vez en lugar de estar abajo él con ellos, con su padre Sebastián, Carlos Costa o Benito Pérez Barbadillo.
Una situación nueva, la vida que avanza. También sabiendo que las cámaras estarían pendientes de él, Nadal estaba contenido y dejó que fluyera lo natural, aplaudir los grandes puntos fuera quien fuera el ganador. Por un lado su compañero y compatriota, Alcaraz, por otro por su rival de siempre Djokovic, intentando añadir aún más grandeza al buscar su 25º grande, quería ser justo con los dos.
Al final, el triunfo del español, natural, en una mañana de domingo fantástica y el relevo generacional escenificado a 16.700 kilómetros de Mallorca, en Melbourne, la misma la "Terra Australis" que ya habían sido los españoles los primeros europeos en avistar y documentar en el siglo XVI, Pedro Fernández de Quirós y Luis Váez de Torres.
En aquella tierra lejana vuelve a reinar un español, orgullo de sus compatriotas en estos momentos difíciles en los que tanto irresponsable desguaza el Estado, en estos momentos en los que se falta al respeto a la esencia de nuestro país, a quiénes somos como país, queda el deporte para devolver orgullo a tantos españoles decepcionados y desencantados.



