El poder sanador de los animales: así funcionan las terapias con caballos, perros y gatos
Desde personas con autismo o TDAH hasta víctimas de violencia sexual, las terapias con animales ofrecen beneficios físicos y emocionales únicos

Entrevista a Pedro Ferrer, colaborador de la escuela de veterinaria Davante
Barcelona - Publicado el
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Las terapias asistidas con animales se han consolidado como una herramienta eficaz para mejorar la calidad de vida de muchas personas. Lejos de ser una simple compañía, la interacción con caballos, perros e incluso gatos se ha convertido en un pilar para la rehabilitación y capacitación de individuos con diversas necesidades. Así lo explica Pedro Ferrer, colaborador de la escuela de veterinaria Davante, quien dirige programas de terapia que aprovechan el vínculo único entre humanos y animales para potenciar el bienestar físico, cognitivo y emocional. Estos programas no solo se centran en los más conocidos, como perros y caballos, sino que también han comenzado a explorar el potencial de los felinos con la creación de una gatera terapéutica piloto.
¿Para quién son estas terapias?
Aunque a menudo se asocian con perfiles específicos, Pedro Ferrer insiste en que sus beneficios son universales. “Esto es para todo el mundo”, afirma, evitando el uso de etiquetas. El objetivo es claro: “capacitarse o rehabilitarse”. Ya sea una persona que ha perdido una capacidad debido a un accidente o enfermedad, o alguien que simplemente busca adquirir nuevas habilidades, la compañía de un animal puede ser un catalizador. “Hacerlo acompañados de un animal es maravilloso”, comenta Ferrer. Sin embargo, reconoce que la mayoría de los usuarios actuales son personas neurodivergentes, principalmente con trastorno del espectro autista (TEA) y TDAH, condiciones que predominan en sus programas.
Caballos, perros y gatos: un trío terapéutico
Cada animal aporta matices distintos a la terapia. La inclusión de los gatos es quizás la más sorprendente, dado su carácter independiente. Ferrer explica que con ellos se genera una “interacción mucho más constructivista, menos guiada”, donde la relación es más espontánea y, a veces, “mucho más divertida”. En el caso de los perros, la conexión es más directa. “La amistad de un perro es relativamente gratis”, señala Ferrer, aludiendo a que su naturaleza social facilita el vínculo sin requerir un gran esfuerzo por parte del usuario. El perro se acerca, saluda y juega, creando un entorno de confianza de forma casi inmediata.
La amistad de un perro es relativamente gratis"

Terapia con perros
El caballo, en cambio, presenta un desafío mayor debido a su naturaleza de presa. Ganarse su confianza es un proceso más complejo que exige al individuo un alto grado de autorregulación. “Funciona muy bien como máquina de neurofeedback para que tú aprendas a autorregularte”, detalla Ferrer. El usuario debe controlar su lenguaje corporal, su energía y sus señales para que el caballo se sienta seguro. A pesar de estar entrenados, su instinto de autoconservación los mantiene siempre alerta. Como dice un refrán en el mundo de la equitación que Ferrer recuerda: “Mi caballo solo se asusta de 2 cosas, de las que se mueven y de las que no”. Esta sensibilidad convierte la interacción en un poderoso ejercicio de autoconciencia.
Beneficios físicos y emocionales
A nivel psicosocial, cognitivo y emocional, los objetivos y beneficios alcanzados con perros y caballos son similares. Sin embargo, en el plano motor, el caballo no tiene rival. La terapia asistida por caballos es una de las más eficientes que existen, según Ferrer. Montar a caballo no solo es una actividad, sino una potente herramienta de rehabilitación. La biomecánica del animal, transmitida al jinete, ofrece beneficios “brutales” para la conciencia corporal, el equilibrio y la disociación de cinturas, movimientos clave para la marcha humana.
Se convierte en el mejor simulador de marcha que existe"
La duración de las terapias varía según las necesidades. Para personas con “condiciones de vida” como el autismo o la parálisis cerebral, el tratamiento es de larga duración. “Tenemos usuarios que llevan 20 años con nosotros”, revela Ferrer, lo que demuestra el impacto sostenido de estos programas. En otros casos, se diseñan intervenciones específicas y acotadas en el tiempo. Un ejemplo es el nuevo programa para víctimas de violencia sexual, que consta de un bloque cerrado de 10 sesiones y funciona como un complemento a la terapia principal que ya reciben, demostrando la versatilidad y el profundo alcance de la sanación a través de los animales.
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



