La arquitectura hostil se extiende en Barcelona: la ciudad suma más de 1.200 barreras contra las personas sin hogar

La Fundación Arrels alerta del aumento de estos elementos que criminalizan la pobreza y pide políticas sociales y de vivienda para crear una ciudad más inclusiva

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Entrevista a Bob Walker, responsable del equipo de calle de la Fundación Arrels

Yolanda Bernal

Barcelona - Publicado el

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La ciudad de Barcelona se enfrenta a un problema creciente y silencioso: la proliferación de la arquitectura hostil. Pinchos, bolardos, barrotes en bancos y maceteros estratégicamente colocados no son elementos decorativos, sino barreras diseñadas para impedir que las personas sin hogar puedan descansar o pernoctar en el espacio público. 

La Fundación Arrels lleva años denunciando esta realidad y, gracias a un mapa colaborativo, ha documentado la alarmante cifra de 1.288 puntos de arquitectura hostil en la capital catalana, un número que no ha dejado de aumentar.

Bob Walker, responsable del equipo de calle de la fundación, explica que esta cifra evidencia una tendencia preocupante. "No hemos notado una mejora, al contrario", lamenta. La iniciativa del mapa interactivo, que permite a cualquier ciudadano fotografiar y geolocalizar estos elementos, nació como una herramienta de sensibilización y denuncia. El objetivo es visibilizar cómo el diseño urbano puede convertirse en un arma de exclusión para los más vulnerables, en lugar de fomentar la convivencia.

Un mensaje de exclusión y rechazo

Más allá de la incomodidad física, el impacto más profundo de esta arquitectura es el psicológico. Según Bob Walker, estos elementos envían un mensaje contundente y deshumanizador. "Es un mensaje muy claro de que aquí no os queremos", afirma. 

Esta hostilidad institucionalizada agrava el estrés y el sufrimiento de quienes ya se encuentran en una situación límite, criminalizando la pobreza y reforzando un estigma que dificulta todavía más su recuperación e inclusión social.

Es un mensaje muy claro de que aquí no os queremos"

Lejos de solucionar el problema del sinhogarismo, estas medidas simplemente lo desplazan. Cuando se instala un nuevo obstáculo, la persona que dormía allí se ve forzada a buscar otro lugar, a menudo más inseguro y apartado.

"Nos dificultan mucho el día a día", explica Walker. Esta dispersión provoca que los equipos de calle, tanto de Arrels como de los servicios municipales, pierdan el contacto con estas personas, interrumpiendo el seguimiento y el acompañamiento que son vitales para ofrecerles una salida a su situación.

El problema real: la falta de vivienda

Desde la Fundación Arrels insisten en que la arquitectura hostil es solo un síntoma de un problema mucho más profundo: la falta de vivienda asequible y de políticas sociales efectivas. En Barcelona, casi 2.000 personas duermen al ras cada noche, y los recursos habitacionales son "totalmente insuficientes" para dar respuesta a esta emergencia. "El problema es que cada vez hay más personas durmiendo en la calle y es muy complicado", subraya Walker. La entidad recuerda que nadie elige vivir en la calle.

03/12/2025 Una persona sin hogar duerme en la calle, a 3 de diciembre de 2025, en Barcelona (España). Arrels Fundació lleva a cabo la campaña de recuento de personas que duermen en la calle en Barcelona mediante el apoyo de voluntarios que pasean por la ciudad desde las 22:00h hasta las 02:00h desde los barrios más alejados del centro hasta los más cercanos.POLITICA Lorena Sopêna - Europa Press

Casi 2.000 personas duermen en la calle en Barcelona

Por ello, la propuesta de la fundación a las administraciones va más allá de retirar los pinchos de una plaza. Reclaman un cambio de paradigma para construir "ciudades más inclusivas y amables para todos", no solo para las personas sin hogar, sino para toda la ciudadanía. Esto implica una apuesta decidida por las políticas sociales de prevención, para evitar que más personas acaben en la calle, y por garantizar el acceso a una vivienda digna y sostenible como un derecho fundamental.

Que las ciudades sean más amables para todos"

La empatía como herramienta de cambio

Ante este panorama, la implicación ciudadana se revela como una pieza clave. Walker defiende que el mapa de arquitectura hostil no solo sirve para contar elementos, sino también como una poderosa herramienta de sensibilización. Permite que los vecinos y vecinas tomen conciencia de una realidad a menudo invisible y entiendan la dureza de la vida en la calle. Este conocimiento es el primer paso para generar un cambio de mirada y fomentar la empatía.

El responsable del equipo de calle de Arrels lanza una invitación final a la ciudadanía: perder el miedo a interactuar. Gestos tan sencillos como saludar o preguntar "¿cómo estás?" pueden marcar una gran diferencia en el día a día de una persona que se siente ignorada por el resto de la sociedad. Como recuerdan desde la fundación, es fundamental "no ver a las personas en situación de calle como un problema, sino como lo que son". Porque, como concluye Walker, "una persona es una persona".

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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