Tu forma de escribir en WhatsApp te delata: así trabaja una lingüista forense para destapar delitos
El análisis de textos y audios se ha vuelto una prueba clave en investigaciones para identificar autores de amenazas, acoso o incluso para desvelar plagios

LINGUISTA FORENSE
Barcelona - Publicado el
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Un emoticono fuera de lugar, una frase más larga de lo habitual o la forma de estructurar una oración. Estos pequeños detalles, a menudo inconscientes, conforman una huella lingüística única que puede delatar a un acosador, demostrar una amenaza velada o identificar al autor de un anónimo. La lingüística forense se ha consolidado como una disciplina clave en el ámbito judicial y policial, capaz de convertir el lenguaje en una prueba pericial. “Un lingüista forense es aquella persona experta que analiza el lenguaje, sea hablado o escrito, para utilizarlo después en pruebas de investigaciones legales, policiales o privadas”, explica Sheila Queralt, una de las mayores expertas de nuestro país, en el programa “Herrera en COPE Cataluña”. El objetivo es determinar la probabilidad de que una persona sea la autora de un texto o un audio concreto.

La huella digital en WhatsApp y redes sociales
En la era digital, el campo de batalla de esta disciplina son los mensajes de WhatsApp, los correos electrónicos y las publicaciones en redes sociales. “Actualmente, los casos que más nos demandan suelen ser por acoso escolar o laboral y violencia de género, en los que la víctima está recibiendo anónimos”, detalla Queralt. El trabajo de los lingüistas no solo consiste en determinar la autoría, sino también en interpretar el significado real de las palabras. A menudo, las amenazas no son directas como un “te mataré”, sino que se presentan de forma “camuflada”. El análisis permite “interpretar qué se dice de verdad con esas palabras y leer entre líneas”.
La ciencia ha demostrado que no nos podemos imitar en todos los niveles ni por imitadores profesionales"
El análisis va mucho más allá del vocabulario. Se examinan patrones de comunicación que son casi imposibles de fingir. Queralt recuerda el caso de la Guardia Urbana, donde la familia de la víctima sospechó al ver los mensajes que supuestamente enviaba el fallecido. “La familia nos dijo: ‘es que no es la manera en la que escribe’. No se fijaron en el vocabulario, sino en el patrón comunicativo”, señala. Este instinto fue una alerta clave. Los expertos analizan aspectos como si la persona envía un único mensaje largo o varios cortos, el uso de las mayúsculas e incluso la elección y combinación de los emoticonos, que funcionan como una firma personal.
Ni imitadores ni IA: la huella imborrable
Una de las dudas más frecuentes es si un estilo de escritura puede ser falsificado. Sin embargo, Queralt es tajante al respecto: “La ciencia ha demostrado que no nos podemos imitar en todos los niveles ni por imitadores profesionales”. Según la experta, existen patrones inconscientes que son inimitables y que un análisis profesional puede detectar. El reto ahora es la Inteligencia Artificial, aunque a día de hoy, las voces clonadas siguen sonando “mecánicas” y son fácilmente detectables para un lingüista. El verdadero desafío futuro, apunta, serán las IAs que, en lugar de clonar, usen muestras de una voz humana y le apliquen filtros para generar un audio casi perfecto.
No piensan en que aquel mensaje que cambiarán, una coartada, puede ser analizado y les delata"
La metodología de un lingüista forense es puramente científica y se basa en la comparación. Para determinar si un mensaje anónimo ha sido escrito por un sospechoso, se necesita un cuerpo de textos indubitados, es decir, escritos por esa persona sin lugar a dudas. “Lo que hacemos es analizar diferentes niveles: el vocabulario, los tipos de frases, cómo ordena las palabras o dónde coloca el complemento circunstancial. Son rasgos muy inconscientes”, aclara Queralt. Este método es el que permite a los criminales tropezar. “Mucha gente, cuando quiere cometer un crimen, piensa en ponerse guantes para no dejar huellas dactilares, pero no piensan en que aquel mensaje que cambiarán, una coartada, puede ser analizado y les delata”.

la profesión es todavía una gran desconocida para el público general en España.
Plagios, contratos y oposiciones
El trabajo de un lingüista forense no se limita al derecho penal. Otra de sus grandes áreas de actuación es la detección de plagio. Elaboran dictámenes periciales sobre la autoría de letras de canciones, guiones de cine o teatro, e incluso en casos de marcas comerciales para determinar si un nombre puede generar confusión en el consumidor. “Hablamos de dependencia textual para determinar si dos textos han sido producidos de forma dependiente o independiente, y en qué grado”, explica. También es fundamental su papel en la desambiguación de cláusulas en contratos, pólizas de seguros o textos administrativos, un ámbito que Queralt califica como “potentísimo”. Su análisis puede esclarecer si la pregunta de una oposición es ambigua o no se corresponde con el temario.
Pese a su relevancia, la profesión es todavía una gran desconocida para el público general en España. Una paradoja, ya que, según Queralt, nuestro país es una potencia científica en este campo. “Desde el punto de vista científico, somos de los mejores a nivel de lengua castellana, tanto en Hispanoamérica como en España, y a nivel internacional estamos en el top 2 o 3 mundial”. Para llegar a serlo, el camino es largo: un grado en Filología y un máster de especialización. Una disciplina que, como aclara la experta, no debe confundirse con la grafología, que analiza la forma de la letra, mientras que la lingüística forense se centra exclusivamente en el lenguaje y su estructura.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



