El maltrato infantil deja una herida invisible que marca la salud mental en la edad adulta
Desde la violencia física o la negligencia hasta la sobreprotección, las experiencias traumáticas en la niñez tienen consecuencias que se manifiestan en la vida adulta

Toledo - Publicado el
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El maltrato infantil deja una huella que, en muchas ocasiones, acompaña a la persona durante toda su vida. Esta herida tiene consecuencias directas en la salud mental adulta, un campo que aborda la psicóloga sanitaria Beatriz Ortega, especializada en trauma y autora del libro “Padres que duelen”. Basado en su experiencia clínica con casos reales, su trabajo expone las diferentes formas de violencia y cómo estas se manifiestan años después.
Los rostros del maltrato
Más allá de la violencia física o sexual, existen otras formas de abuso como la violencia emocional o la negligencia. Esta última, según explica la psicóloga, puede llegar a ser "más dañina que el maltrato físico directo". La razón es que la falta de cuidados y atención genera en el niño un sentimiento de invisibilidad ante sus figuras de apego. Como afirma Ortega, "la negligencia es la invisibilidad del hijo".
No prestar atención a los hijos puede ser peor que la violencia física"
Psicóloga sanitaria
Aunque resulte difícil de comprender, la experta señala que "hay padres que no quieren a sus hijos". Explica que cuando personas con perfiles narcisistas o psicópatas tienen hijos, su condición no desaparece y son incapaces de sentir empatía. En otros casos, son padres que "han sido maltratados" y repiten los patrones que vivieron, perpetuando así el trauma generacional.

En su libro "Padres que duelen" viaja a las profundas cicatrices que deja el maltrato infantil
Las secuelas en la vida adulta
Prácticamente todo maltrato sufrido en la infancia se traduce en una herida invisible en la edad adulta. Esta se manifiesta a través de diversas psicopatologías, como el trastorno obsesivo compulsivo, la ansiedad generalizada o la dependencia emocional. "La herida se va adaptando a la etapa evolutiva de la persona", comenta la psicóloga para explicar cómo un comportamiento para controlar un entorno caótico en la niñez puede convertirse en un TOC instaurado en la madurez.
El objetivo de la terapia no es tanto "curar" o eliminar el recuerdo, que a menudo sigue doliendo, sino integrar la herida. El proceso terapéutico se enfoca en una "reparentalización", donde el adulto aprende a ser "ese adulto sano que no tuvo". De esta forma, la persona toma conciencia de su herida y puede desarrollar nuevas habilidades para que el trauma "ya no guíe tu vida".

Padres que duelen- Beatriz Ortega
La sobreprotección: un maltrato silencioso
Beatriz Ortega también identifica la sobreprotección como otro tipo de maltrato, uno de los más relevantes en la actualidad. Impedir que un niño se relacione con sus iguales o que se enfrente a retos por miedo le priva de una ventana de oportunidad para su crecimiento. "No dejamos que la persona se desarrolle", advierte, lo que provoca que no adquiera habilidades sociales y se convierta en un adulto inadaptado.
"La sobreprotección a los niños también es un tipo de maltrato infantil"
Psicóloga sanitaria
Para los padres, la psicóloga lanza un mensaje tranquilizador: "no hay padre perfecto". La clave, asegura, no está en la perfección, sino en la introspección y la autocrítica para identificar y modificar patrones dañinos. Su libro, “Padres que duelen”, busca precisamente facilitar esa conexión y empatía para que las personas puedan reconocer sus propias heridas y los profesionales encuentren técnicas de intervención eficaces.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



