99 años de dulces y memoria: Casa de Lerma, el obrador que resiste al paso del tiempo en Cuenca
Casa de Lerma, el icónico obrador conquense, se acerca a su centenario en la misma ubicación y con la receta que ha pasado por cuatro generaciones

Entrevista con Antonio, gerente de Casa de Lerma
Cuenca - Publicado el
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Casa de Lerma, la pastelería más antigua de Cuenca, está de celebración. El negocio ha cumplido recientemente 99 años, rozando el siglo de historia en el mismo lugar que lo vio nacer y manteniendo intacta su esencia. Al frente se encuentra la cuarta generación de una familia de artesanos.
Antonio, el actual gerente, explica lo que significa este aniversario. "Es un orgullo", afirma, señalando la dificultad creciente para mantener los negocios familiares y las tradiciones. Por ello, decidieron celebrar los 99 años con un pequeño evento para agradecer la fidelidad de la clientela.
Trabajo y cabezonería, las claves del éxito
Interrogado sobre la clave para mantenerse durante casi un siglo, Antonio es claro: "trabajar, trabajar y ser cabezones". El negocio ha sobrevivido a "guerras, por todo tipo de de de historias, incluida la pandemia", relata con cierto humor.
Con 99 años de historia, las anécdotas se acumulan. Antonio comparte algunas leyendas que ha escuchado en la familia, como la de "un señor que se quedó muerto en el antiguo cine España después de estamparse más de 20 milhojas". También recuerda lo que su abuela le contaba sobre un hombre que practicaba para un concurso de comer milhojas en el propio establecimiento.

Casa de Lerma
Artesanía y tecnología para mantener el sabor
Uno de los mayores desafíos actuales es combinar la artesanía con las nuevas técnicas sin perder el sabor de siempre. Antonio explica que es difícil porque las materias primas como la manteca de cerdo ahora contienen antioxidantes "que nos dificultan un poquito conseguir ese sabor tradicional". La clave, asegura, es usar la mejor materia prima y aprovechar la tecnología moderna para facilitar procesos que antes eran manuales.
Gracias a las mesas frigoríficas, el proceso es "un poquito más fácil". Antonio recuerda haber visto de pequeño cómo se tenían que congelar litros de leche para poder enfriar las masas sobre bloques de hielo.
El vínculo con los clientes es otro de los pilares del negocio. Antonio cuenta con orgullo cómo clientas de 70 y 80 años "vienen a por su bollo suizo o a por su tostada de manteca, y la llevan desayunando desde que iban al colegio". La fidelidad se extiende incluso a personas que se marcharon de Cuenca hace décadas y regresan en fechas señaladas por los dulces de Casa de Lerma. "Ese tipo de cosas, la verdad es que a uno, pues, le le tocan un poquito la fibra", confiesa.
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



