borrasca therese
El triste lamento de una vecina de un pueblo de Tenerife al ver su casa inundada: "Caían cataratas de agua por las escaleras"
Los vecinos de El Pris estallan contra el Ayuntamiento de Tacoronte e insisten: "Habíamos avisado de que iba a ocurrir una desgracia"

Dulce y Manuel vecinos de El Pris
Tenerife - Publicado el
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La borrasca Therese ha golpeado con especial virulencia el norte de Tenerife, dejando un reguero de desprendimientos, cortes de suministro eléctrico y otras incidencias, eso sí, sin que haya que lamentar daños personales. En el municipio de Tacoronte, uno de los más afectados, la situación ha alcanzado un punto crítico en el barrio costero de El Pris, donde 25 personas han tenido que ser evacuadas de tres edificios por la acumulación de agua. Sin embargo, más allá de las cifras oficiales y los daños materiales, emerge el testimonio desgarrador de quienes lo han perdido casi todo en una inundación que, aseguran, era una tragedia anunciada. El lamento de Dulce y Manuel, dos de los residentes, refleja no solo la angustia del momento, sino la rabia contenida por unas advertencias que cayeron en saco roto.
Dulce, residente en una casa terrera situada justo debajo de uno de los edificios evacuados, ha vivido las peores horas de su vida. El agua y el lodo no llamaron a su puerta: la derribaron. "Cuando yo la abrí, era una catarata, todo en mi casa, todo, está todo destrozado, todo, todo", relata con la voz quebrada. La riada de barro anegó por completo las tres viviendas de su propiedad, sin darles tiempo a reaccionar a ella y a su marido, ambos enfermos. "Nos inundó las tres viviendas que tenemos, una, dos y tres, todo abajo, todo, todo lodo", explica. La fuerza del agua fue tal que convirtió su hogar en una trampa de fango y desesperación. "Una riada de barro, todas las paredes, toda la casa inundada de barro, hasta el fondo de la viña, todo con cataratas por todas las escaleras", describe sobre la dantesca escena que tuvo que presenciar.
En medio del caos, la solidaridad vecinal fue el único salvavidas al que pudieron aferrarse. "Gracias a mis vecinos, que vinieron y me ayudaron, porque estábamos yo y mi marido solos", agradece emocionada. Fueron ellos quienes la socorrieron en primera instancia, mucho antes de que llegaran los servicios de emergencia. Pese a la recomendación de evacuar, Dulce se ha negado a abandonar lo poco que le queda. "Yo dije que no, que yo de mi casa no me muevo, que yo estaba aquí", afirma con una mezcla de impotencia y determinación. Por el momento, Dulce permanece en su vivienda devastada, esperando una respuesta del consistorio mientras los bomberos lograban abrir un hueco para empezar a achicar el agua estancada que amenazaba con causar aún más daños.
Crónica de una desgracia anunciada
La rabia de Dulce no nace solo de la pérdida material, sino de la certeza de que esta catástrofe pudo haberse evitado. Durante años, ha sido la voz que ha clamado en el desierto, advirtiendo al Ayuntamiento de Tacoronte del peligro inminente. "Esto yo lo había dicho al ayuntamiento de Tacoronte, que íbamos a tener una desgracia, porque nos cambiaron los desagües de las aguas a un lado y otro", denuncia. Su conocimiento del terreno, tras toda una vida en la zona, le permitía ver lo que los técnicos, aparentemente, ignoraban: el agua ya no discurría por su cauce natural. "Nunca ha pasado esto por el barranco, es que aquí no es donde tiene que correr el agua. El agua corrió por las viviendas, no por donde tiene que bajar, por su barranco, porque han hecho un desastre arriba", sentencia.
Nos econtramos una riada de barro, toda la casa inundada de barro, todo con cataratas por todas las escaleras"
Vecina del El Pris
Sus visitas al Ayuntamiento fueron constantes y sus ruegos, explícitos. "He estado cuatro veces en el Ayuntamiento, he hablado con los técnicos, hablé con una chica que es teniente de alcalde, he hablado con todo el mundo", narra. Incluso se reunió con el arquitecto y el aparejador municipal, de quienes solo recibió promesas vacías. "Me dijeron: 'no se preocupe, que mañana o pasado, vamos', y no, aquí no ha venido nadie hasta que sucedió todo esto", lamenta. Este sentimiento de abandono se ha agudizado en las últimas horas, al no recibir la visita de ningún responsable político. "Ni la alcaldesa se ha venido a mi casa", critica con dureza, salvando únicamente la atención de una teniente de alcalde y, sobre todo, de sus vecinos, a quienes considera sus verdaderos salvadores.
El testimonio de Dulce no es un caso aislado. Su vecino, Manuel, que reside al principio de la misma calle, corrobora la tesis de la catástrofe previsible. Aunque su vivienda se salvó por estar en una cota más alta, fue testigo directo de la furia del temporal y del desastre que se cernía sobre sus vecinos. "Estaba viendo la tele y de repente oí, coño, está lloviendo, está lloviendo pero fuerte,y cada vez más", recuerda. Al asomarse a la ventana, la imagen fue sobrecogedora. La lluvia caía con una violencia inusitada: "Lo que estaba cayendo, vamos, eran uvas, uvas llenas de agua, por así decirlo. Una con una con una violencia tremenda". En cuestión de minutos, la calle se convirtió en un río.

Casa anegada en El Pris
Una calle sin salida
Manuel, al igual que Dulce, ya había reparado en el riesgo estructural que suponía la configuración de la zona. Su diagnóstico es tan simple como certero: "Se veía venir porque es una calle cortada, es una calle que no tiene salida". Él mismo, en sus paseos habituales, se había preguntado qué ocurriría ante una lluvia torrencial. La lógica es aplastante: sin una vía de evacuación para el agua, la calle actúa como una piscina que se llena sin control. "Si no haces un bajante bastante gordo para una situación como esta, lógicamente el agua se va acumulando y va subiendo como rellenado una piscina, así que ese es el problema".
El día después: lodo, rabia y una petición
Con las primeras luces del día, El Pris muestra una estampa desoladora. Mientras un dispositivo de hasta un centenar de operarios municipales trabaja en la limpieza de las vías, la casa de Dulce sigue "llena de barro" y los 25 vecinos evacuados aguardan la evaluación de los técnicos para saber si pueden regresar a sus hogares. Pero más allá del lodo y los destrozos, lo que impera es el miedo. "La gente está muy asustada, muy asustada", confirma Manuel. Es el temor a que la historia se repita, a que la próxima borrasca traiga consigo una nueva tragedia, quizá con consecuencias personales que esta vez, por suerte, no ha habido que lamentar.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.




