Así era la Torre de la Cárcel de Jaca por dentro: un viaje a sus secretos mejor guardados
Un documento de 1602 revela los detalles de su inauguración como prisión, desde una sala de interrogatorios con fuego a un patio para 'presos honrados'

Juan Carlos Moreno, asociación Sancho Ramírez
Jaca - Publicado el
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La historia de la Torre del Reloj de Jaca, uno de los monumentos más icónicos de la ciudad, guarda secretos que ahora salen a la luz gracias a la labor de divulgación de Juan Carlos Moreno, de la asociación Sancho Ramírez. Un documento fechado en 1602 ha permitido reconstruir cómo era por dentro el edificio cuando se inauguró como cárcel real, revelando sus estancias, su funcionamiento y las duras condiciones que albergaba.
Las otras torres olvidadas de Jaca
Aunque la Torre del Reloj es la más conocida, Moreno recuerda que no era la única. En Jaca existieron otras torres de gran importancia, como la torre medieval del hospital viejo, que todavía se puede apreciar y está en restauración. También hubo una torre barragana exenta en la zona del Burnao, que fue demolida en el siglo XVI con la llegada de las monjas benedictinas a la ciudad.
El sistema defensivo de la ciudad contaba además con las torres de las murallas. Entre ellas destacaban la torre del Castellar, al final de la calle homónima, y una construcción "alucinante", según Moreno: una torre hexagonal conocida como el Torreón de la Moneda, una tipología muy difícil de encontrar en el mundo medieval. Otras se reutilizaron para distintas funciones, como una que sirvió de Polvorín en el siglo XVII.
Así era la cárcel por dentro en 1602
La institución compró la torre en 1599 para convertirla en prisión, pero su inauguración oficial no llegó hasta el 17 de abril de 1602. Para la ocasión, Pedro de Urríes, señor de la Baronía de Triste, realizó una visita oficial en la que se describieron las dependencias y las mejoras necesarias. Este documento, que para los historiadores es "oro en polvo", ofrece una radiografía precisa del interior del edificio.
El informe detalla que "en los dos pisos superiores había que enladrillar el suelo donde irían las presas de los deudores y otras cosas". Además, ordenaba la instalación de elementos de castigo como cepos, cadenas y grillos que debían ser trasladados desde la cárcel vieja, ubicada anteriormente en el ayuntamiento.
En estas plantas superiores también se habilitó una sala de interrogatorios con fuego, destinada al uso del carcelero. Moreno explica que en la época se utilizaban métodos de tortura como el conocido "trato de cuerda", que consistía en atar las manos del reo a la espalda, pasarlas por una polea y subirlo colgando un peso de los pies. "Les ponía muchas veces el trato de cuerda", señala sobre una práctica habitual en la justicia militar de la Ciudadela.
En contraste con la dureza de los pisos superiores, la planta baja ofrecía condiciones diferentes. Allí se encontraba "un patio de presos honrados", un espacio con mayores comodidades para aquellos que habían cometido delitos menores, con el fin de que estuvieran "con decencia".
A nivel arquitectónico, el documento de 1602 exigía reforzar la seguridad del edificio con la instalación de rejas fuertes y el cierre y asegurado de varias ventanas. Juan Carlos Moreno destaca que las dos ventanas rectangulares que se ven hoy en la fachada presentan "cicatrices", lo que sugiere que fueron tapiadas en aquel momento para cumplir las órdenes y reabiertas posteriormente.
Del riesgo de ruina a su protección final
La historia posterior del edificio también ha estado llena de altibajos. Un informe de 1785 alertaba de que la torre "amenazaba ruina" y podía causar graves desgracias, por lo que se ordenó una revisión por parte de albañiles y carpinteros. A pesar de los problemas estructurales, su uso como prisión se prolongó durante siglos.
La torre dejó de funcionar como cárcel en 1955. Moreno evoca momentos históricos como la liberación de los presos por la sublevación de Jaca con la proclamación de la República. Más tarde, en 1968, la torre fue aislada de los edificios colindantes y quedó exenta, tal y como se conoce hoy, eliminando dos grandes contrafuertes cuyas "cicatrices" aún son visibles en su estructura.
Finalmente, en el año 2006, la Torre del Reloj fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC), obteniendo así la máxima protección patrimonial junto a otros enclaves defensivos de Jaca como el fuerte de Rapitán o la Ciudadela.
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