La fuga de dos presos que acelera la compra de la Torre del Reloj de Jaca
El Consejo de Jaca acuerda en 1599 la compra del emblemático edificio para usarlo como prisión tras la huida de dos reos de la cárcel del consistorio

Juan Carlos Moreno, asociación Sancho Ramírez
Jaca - Publicado el
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El Consejo de Jaca llevaba tiempo lidiando con los problemas generados por los presos que albergaba en el ayuntamiento. La situación alcanzó un punto crítico en la noche del 29 de abril de 1599, cuando dos reclusos se fugaron “rompiendo cadenas y grillos y un pedazo de madera”, según recogen las actas municipales de la época. Este suceso fue la gota que colmó el vaso para los jurados de la ciudad.
La reacción no se hizo esperar. Apenas un día después, el 30 de abril de 1599, el consejo se reunió para deliberar sobre lo ocurrido y tomó una decisión trascendental: facultar a varios oficiales para que negociaran la compra de la Torre del Merino. El objetivo era convertirla en una nueva y más segura prisión para la ciudad.
Una compra por 11.000 sueldos
Las negociaciones avanzaron con rapidez y el 1 de junio de 1599 se formalizó la adquisición del edificio en un acto solemne. La ciudad compró la torre a Miguel Ximénez de Aragües, merino, por un total de 11.000 sueldos jaqueses. El acuerdo fue firmado por representantes del consejo, entre los que se encontraban el lugarteniente de justicia, Juan Domec, y el prior de jurados, Diego Vidós.
El misterio de su precio
La historia del valor del inmueble está llena de contrastes. La torre, cuya construcción se estima alrededor de 1445 por orden de Jorge Lasieso, tuvo un coste original de 24.000 sueldos jaqueses. Sin embargo, en 1516, el edificio fue vendido por Juan Lóriz y su esposa a un antepasado del vendedor final, también llamado Miguel Ximénez Aragües, por la sorprendente cifra de 2.000 sueldos.
Esta drástica devaluación ha generado diversas hipótesis, como la posibilidad de que se realizara un pago en “dinero B” o que la torre se encontrara en un estado de conservación muy deficiente en aquel momento. Lo cierto es que, décadas más tarde, el ayuntamiento la adquirió por un precio considerablemente mayor, aunque muy inferior a su coste de construcción original.
Oposición y nuevos planes
A pesar de que la compra resolvía un problema acuciante, la decisión no contó con un respaldo unánime. En la sesión del concejo del 30 de junio de 1599, varios miembros se opusieron a la adquisición, calificándola de un gasto innecesario. No obstante, la mayoría respaldó la operación y se iniciaron los trabajos para adecuar la torre a su nueva función.
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